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Los Hijos del Viento

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Capitulo I

"Halmstad"

El viento, música libre y solitaria, viajero poderoso y suave, que conoce el suelo de la tierra sangrante y el puro cielo en todas sus etapas, acaricia al hombre en guerra y lame su cruel hierro como besando a la muerte oscura.

El viento que nace en el mar muriendo en la aldea de Halmstad, gran sitio habitado por guerreros, donde las frías aguas son su alimento y su condena, llanuras verdes que terminan en las orillas del estrecho de Kattegat, en el sur de Suecia.

Tiempos en que el hierro de la espada conquistaba, en que la muerte era habitual y cotidiana; tiempos donde se vivía la filosofía de lo salvaje, de la cruda vida, con la filosofía del sobrevivir.

El mar, admirado y odiado, fuente de vida en la pesca, fuente de muerte en los ataques helados y mortales de los certeros guerreros daneses, hambrientos de conquistar las costas suecas, las preciadas orillas del estrecho de Kattegat conocidas como las costas de los guerreros de Halmstad, allá en el sufrido siglo IX, por el año 885, época sombría y cruel, donde la villa sufría pestes terribles, los holocaustos que provocaban los ataques daneses, la miseria que da la guerra.

 

El niño contemplaba la hermosura del mar, mientras sus fuertes brazos se movían, dándole a su gran espada de hierro brillante movimientos de perfecto estilo y velocidad, como imitando al viento del océano, simulando una lucha contra la fuerte brisa, cubierto con piel de oveja, dos tobilleras de acero y en sus brazos dos pulseras de acero rústico, su cabellera pelirroja estaba sujetada por una bincha de piel. Parecía un pequeño animal, salvaje y mortal, dando ágiles zarpazos con su valiente espada.

Yo trataba de imitarle, era más pequeño que él. Recuerdo como pesaba aquel metal y que cansado estaba; todos los niños debíamos entrenar para el torneo, una competencia de nivel, donde se enfrentaban todos los aprendices a partir de diez años hasta los trece. Todos combatían hasta que uno caía; eran luchas con armas, espada, hacha, martillo y escudo; las luchas finalizaban cuando uno era lastimado o atontado por los golpes.

De pequeño nuestros mayores nos inculcaban que debíamos ser guerreros y dar la vida por la aldea.

Las contiendas se hacían todos los meses y combatíamos obligatoriamente, allí no se podía elegir, si alguien se negaba le amputaban ambas manos; por esto aunque el terror nos invadiera, combatíamos sí o sí.

Teníamos maestros muy sabios en técnicas de combate y con una filosofía de vida tristemente adaptada a la hostilidad; si sufríamos ataques, los maestros no batallaban, se escondían, no por cobardes, es que ellos tenían la sapiencia para enseñar a las generaciones que venían; se asemejaban a nuestros padres, pues casi ningún niño lo tenía. Yo a mi padre lo vi tres veces, cuando tenía cinco años me dijeron que había muerto en un ataque danés.

Las mujeres estaban apartadas de los niños aprendices. Cuando nacía un varón, se lo dejaba con la madre hasta los cuatro años, luego era apartado hacia la zona denominada "Las carpas jóvenes", en este lugar estábamos nosotros, los niños alumnos. Casi no recuerdo a mi madre, solo tengo vagas imágenes de ella.

Conocí la soledad desde pequeño, parecía un alma gris con su corazón de cristal que lloraba cada noche ríos de dolor y desamparo.

Que duro era todo, creo que no valía un saco de trigo. Recuerdo aquel día que cumplí mis diez años, un maestro me lo informó con su voz potente y autoritaria, como siempre.

_ Hoy cumples tus diez años _ exclamó el enorme tutor, vestido con una capa de cuero marrón; sentí que la muerte me hablaba.

_Ahora puedes combatir en los torneos _ agregó el maestro Ixar; mi corazón latía bruscamente como si fuera a estallar de dolor y miedo.

Al otro día comenzó mi entrenamiento en la costa con Erok, "la maravilla". Era impresionante ver a ese niño sacudir su labrada y brillante espada de fuerte acero; la velocidad y la perfección de sus guerreras técnicas me hacían respetarlo. Erok estaba por cumplir sus dieciséis años y convertirse en guerrero. Era el ganador de las contiendas desde hacía dos años, era el tesoro más preciado del poblado hasta los mismos combatientes y maestros lo admiraban. Todos se agolpaban para verlo luchar en las justas; estas duraban tres días, desde la mañana hasta la oscura noche a la luz de las antorchas, en un tétrico escenario de habilidad y riña. Y pensar que yo en dos semanas tenía que pelear con Erok y los doscientos niños del paraje. Era todos contra todos, dos en un cuadrilátero mostrando su capacidad marcial con el hacha, el martillo y la espada, mi arma predilecta. El que más luchas ganaba era el triunfador y era respetado por todos en la aldea, y el respeto era algo muy difícil de conseguir en ese lugar.

Desde que tengo uso de razón tengo una espada entre mis manos, ¡pero cómo me costaba copiar los extraordinarios movimientos de Erok!, luego de tanto tiempo entrenando me pesaba tanto la espada que mis brazos dolían insoportablemente, pero creo que era el miedo a que corten mi cara, algún dedo de mis manos o que un golpe me dejara inconsciente, estaba aterrado.

Erok tenía gran personalidad, hablaba mucho conmigo y eso para mí en esos tiempos era un honor; Me enseñaba como se debía combatir cosa que jamás hacía. Recuerdo que nos quedábamos a la luz de un fogón mirando el hierro de nuestras espadas.

_"Tu alma es la que domestica tu espada, porque tu espada es una fiera voraz, sedienta de muerte salvaje, se domina siendo más fuerte que esta fiera, siendo sincero con tu corazón, con tu espada. Mira el hierro de tu espada, en si brillo se refleja tu alma y te cuenta como debes domar a ese salvaje de metal; es como mirar dentro de ti y preguntarle a tu alma que debes hacer; el hierro de la espada tiene esa cualidad, defiende tu vida y guía tu alma a cambio de que entregues tu vida para poder dominar a esa fiera que es tu espada, porque tu acero es víctima de esa fiera salvaje y sedienta de muerte, y tu debes ayudar a tu arma a domesticarla, ella te muestra el camino para hacerlo, cuando lo logremos verás que ella se convirtió en un total espejo del alma y el corazón". Faltaba poco para el acontecimiento y estas palabras me dieron un poco de valor para combatir aquel día, me hicieron sentir un guerrero muy inmaduro, pero un guerrero al fin.

El día anterior al torneo el frío era impresionante, recuerdo el viento helado congelar mis manos y mis pies cubiertos por lana de oveja.

Siempre sentía un apretón en mi estómago, no eran nervios era el hambre, siempre recuerdo la hambruna en mi infancia. Solo comíamos tres veces por semana, quizás cuatro, siempre pescado y un poco de pan, las mujeres y los soldados lo hacían todos los días, salvo en épocas de ataques daneses; cuando esto ocurría, pobre de nosotros solo nos alimentábamos de maíz y trigo, creo que había temor de pescar en las aguas pues era el sitio más peligroso, quizás por eso nos daban tan poco alimento; pero en realidad nunca comprendí porque. A veces mi apetito era tan grande que comía el pasto como los caballos. Un día estábamos con dos aprendices compañeros y me propusieron

escapar de la villa para ir a pescar, yo temerosamente, me negué. A la mañana siguiente fueron, los dos niños fueron ejecutados por los maestros a punta de arco y flecha, salir de la villa era lo peor pues se arriesgaba a todos los habitantes de ella. La vida valía mucho en conjunto pero poco individualmente. Mi angustia por lo acontecido duró largos días, ocultando mi llanto con gran esfuerzo, pues un varón no podía llorar en la aldea de Halmstad.

Era de noche en el lugar, el sonido continuo del mar llegaba a mis oídos, era imposible dormir. Estaba recostado en in lecho de paja dentro de la carpa, escuchando el horrible latido de mi corazón que danzaba agitado dentro de mi pecho. Pensé en escaparme en esa gris noche, pero por supuesto fue un tonto pensamiento. El viento golpeaba contra los cueros de la carpa, provocando un sonido angustiante y solitario, que se mezclaba con la tos de los aprendices que dormían en el mismo lugar. Vi aparecer lento y luminoso el sol que marcaba la hora de despertar al evento que tanto me angustiaba.

Ixar aplaudió y gritó autoritario con su voz reseca:

-Arriba todos que comienza el torneo!

Nos condujeron hacia las carpas rojas a tomar nuestras armas, sentía realmente mi cuerpo helado y sin fuerzas. Los que debutaban en la justa permanecían mudos, los más experimentados reflejaban cierta tranquilidad y resignación. Creo que pocos gustaban del combate, doscientas luchas cada seis meses no eran nada agradable. Cuando llegamos al lugar del evento, casi muero de terror. Quería llorar pero me contenía con todas las fuerzas de mi alma. Pobre el que lo hacía o mostraba miedo, era expuesto ante todos como un cobarde y eso para nosotros era un cruel castigo, lo peor, ser cobarde.

No podía creer, allí estaban los guerreros de Halmstad; siempre los había visto de lejos, quedé impresionado al verlos. Más de mil soldados rodeaban el cuadrilátero de combate. Los treinta maestros eran los jueces y otorgaban el triunfo de acuerdo a su parecer.

Nos entregaron un número a cada uno y cuando, se escuchara el mismo significaría que el momento había llegado. Nos pusieron en fila con nuestras armas, sentados en el suelo; yo estaba pálido y helado, solo trataba de escuchar el sonido del viento, mi único amigo.

Observé nuevamente a los guerreros de Halmstad, estos vestían ropajes de cuero de buey cubriendo su pecho y espalda; lo más espectacular eran sus escudos y brazaletes de hierro labrado. Algunos de ellos llevaban en su cuerpo las marcas de la guerra, en sus manos, en sus brazos, en sus rostros. Reían con gestos duros y violentos, mientras bebían cerveza y vino en grandes vasijas de barro.

Antes de comenzar los combates invocaron a Wotam, nuestro dios supremo y luego a Thor, el dios del trueno, la guerra y el viento.

Yo tenía el número dos, y el número uno y dos fueron los primeros que salieron de la garganta del maestro Borax, el hombre de mayor jerarquía en la aldea; fue el guerrero más famoso de la región y el anciano todavía se mantenía fuerte.

_ Uno y dos, al cuadrilátero!

Mi corazón galopaba cobarde, queriendo escapar de ese lugar. Me incorporé casi sin fuerzas, con la ayuda de mi hermosa espada, tomé mi escudo que era casi de mi mismo tamaño y me dirigí hacia el centro de la arena. Respiré hondo tratando de buscar fuerzas en el aire, en el viento, en mi alma, mientras recordaba mi entrenamiento de tantos años con la espada y los entrenamientos con Erok.

_"Si un golpe produce la muerte están fuera del torneo y sin comida"_ expresó Borax levantando ambas manos, mirando hacia el centro de la arena.

Qué cruel era todo, sentí que mi vida no valía nada, vi a la soledad apoderarse de mi alma; apreté mis dientes fuerte y rabioso, mi miedo se estaba transformando en odio.

Firmon era el nombre de mi rival, un joven de quince años mucho más grande que yo, muy hábil con su arma, el hacha.

El joven, velozmente golpeó contra mi hombro izquierdo, produciéndome una profunda herida. Realmente, el miedo se hundió en mi piel. Me tambaleaba confuso, agitado y perdido, solo atiné a poner el escudo delante de mi rostro; luego el endemoniado Firmon hizo un giro veloz y violento que raspó mi cabeza. Mi vista se había tornado oscura y de milagro no caí al suelo; en ese momento pensé en el viento y un fuego se encendió en mi, el mismo que siempre me condenó. Casi a ciegas ataqué, dos o tres técnicas, no recuerdo bien, solo sé que luego de esto, el joven se hallaba totalmente inconsciente. No podía creer que mi espada había hecho eso.

Todos los guerreros comenzaron a gritar entusiasmados mi nombre y la felicidad me inundó y por primera vez en mi vida me sentí importante; ese fuego que estaba en mi no me abandonó en todo el torneo ganando de esta manera gran cantidad de luchas. Sobresalió en mi la velocidad, y los guerreros de la aldea me bautizaron, "Kanat, el rápido".

Todos los triunfadores nos sentíamos alegres y nos comportábamos como guerreros, pero en verdad éramos como pequeños condenados a ser hombres en un corto lapso de tiempo.

Días después se celebró una gran ceremonia. Los aprendices que cumplían la edad para convertirse en guerreros eran agasajados por los maestros y soldados de Halmstad.

Era un lugar de pastos verdes y árboles tupidos. Recuerdo el sonido que traía el viento proveniente del mar cuando se estrellaba contra las ramas; ese sonido me elevaba, me evadía, me hacía encontrar conmigo mismo. Disfrutaba mucho cada momento en que no entrenaba, estaba realmente harto de la guerra y la muerte.

La ceremonia se realizó como siempre. Dentro de los aprendices estaba Erok, quien se convirtió en guerrero esa tarde. "Que locura", pienso ahora," a esa edad y expuestos a la guerra"; cuando recuerdo estos instantes de mi vida me embarga una profunda angustia, que aún hoy no me abandona.

Esa misma noche y como habitualmente lo hacíamos antes de dormir, limpiábamos y manteníamos en orden nuestras armas; eso era algo que teníamos incrustado en nuestra piel; nos decían que ellas eran como una prolongación de nuestro cuerpo, como nuestro corazón; las protectoras de nuestras vidas; era una enseñanza altamente obsesiva para ser guerreros; los maestros de la aldea decían "Un soldado de Halmstad vale por dos de los mejores guerreros del mundo". Luego el tiempo dijo que esta frase era cierta.

De las armas a mi me gustaba mas su brillo y su forma que su utilidad; hablo de mi espada. Siempre pensaba en escapar de la villa y dedicarme a recorrer paisajes o ser un simple campesino; sufría mucho esa vida, esas crueldades, esa soledad; todos sufríamos, pero siempre creí que yo padecía más. Hambre, guerra y rigor, era horrendo.

Esa misma noche mientras lustraba mi escudo de hierro opaco, divise grandes resplandores, acompañados por gritos, todos los aprendices comenzamos a inquietarnos; al rato sonó la gran campana de bronce, que expresaba que "los rojos" (daneses) estaban atacando el paraje.

El maestro Ixar nos dirigió hacia las fosas; nuestro escondite. Recuerdo que mientras corríamos camino a la guarida, observe las capas inundadas en fuego, víctima de una tormenta de flechas ardiendo en sus puntas. De pronto en esa carrera vertiginosa; dos daneses cubiertos de pigmentos rojos en sus rostros bloquearon nuestro paso; Ixar intentó detenerlos con su espada; pero fue en vano; uno de los rojos rebanó su cabeza por completo; el otro de ellos se abalanzó contra los pequeños alumnos; los niños caían mutilados, con sus cuerpos sangrantes totalmente muertos. Los malditos mataban sin piedad; no importaba que fueran niños; eran asesinos, crueles asesinos.

Yo comencé a escapar aterrado; ignorando la lluvia de dardos que podía haber acabado con migo; recuerdo que en mi pecho había un fuego que me ahogaba; estaba desesperado. Cuando me alejé de los agresores me eche en el suelo, detrás de un pequeño tronco con mis manos en la cabeza, temblando y gimiendo de miedo, mientras miraba de reojo la batalla; que espantosos eran los gritos; los hombres se mataban se destrozaban, las espadas crujian entre sí mientras que los muertos cubrían las sufridas costas de Halmstad.

Me levanté y me dirigí hacia una carpa cercana; los alaridos de la muerte quebraban mi mente con su pánico; recuerdo que tenía mi espada en mi cintura y no atine ni a tocarla a causa del terror que me paralizaba. Cuando entre a la carpa vi a un hombre escondido; estaba de espalda y en cuclillas; se escuchaba que estaba lloriqueando; cuando observé quien era no podía creerlo; era Erok; el gran luchador; se veía atemorizado por demás; me acerque y lo abracé tratando de consolarlo, pero fue en vano; él estaba rígido, en estado de pánico. Le pedí que se calmara pero fue inútil; Erok estaba en una crisis. Me quedé largo tiempo dando vueltas por la sucia carpa hasta que la noche comenzó a morir y el sol empezó a cubrir la desdichada villa; los gritos habían desaparecido; todavía se olía el aroma de carpas y maderas carbonizadas.

Borax y dos soldados de Halmstad entraron a la carpa; el maestro exclamó con gran enojo. - ¡Traigan a ese cobarde ahora mismo!. Sacaron a Erok violentamente; con empujones e insultos. - ¡Muevete cobarde basura!. Vociferaban los guerreros con odio, bastante lastimados por la batalla. Recuerdo que salí detrás de ellos y miré a mí alrededor; la aldea estaba destrozada, como siempre después de un ataque; pero Halmstad había triunfado; nuestra bandera flameaba en posición de victoria sobre la carpa mayor. Que extraño era todo, el mas destacado luchador joven, escondido en medio de un ataque como una gallina.

A los pocos instantes el mentor Bórax, dio comienzo al exilio de Erok; el único guerrero que mostró cobardía en el ataque danés.

Todos los reclutas estaban en fila horizontal mirando a Erok; uno de ellos golpeaba un gran tambor mientras la triste tarde iba cayendo sobre el paisaje puro y natural de la costa. Bórax toma cruelmente a Erok del cuello y lo pasó por la fila de guerreros; estos lo escupieron humillándolo mientras el culpable joven lloraba angustiosamente.

Todos los aprendices mirábamos el cruel momento; era el exilio, terrible, peor que la misma muerte. En Halmstad no permitían un error; un guerrero era un ser superior; no importaba que fuera joven o viejo y la vida debía dar por la aldea. Erok era un condenado a muerte; las regiones de la temible Suecia estaban plagadas de tribus realmente crueles y en el norte lo peor los Vikingos. Era tremendo y más para un joven guerrero; creo que nadie le daba una semana en los campos Suecos.

Que brutalidad veía los rostros duros de esos hombres y parecía que ninguno tenía sentimientos; parecían arboles de piedra humillando a una pobre rama quebrada. Sentí tanta pena y dolor; mi vista se cegó de cordura y mis nervios filosos me hicieron cometer la peor acción de mi vida. -¡Yo iré con él!. Grité con mi voz quebradiza por la tensión del momento. Uno de los maestros me dio una palmada tan grande en mi rostro que quebró la misma haciéndola sangrar en abundancia. ¡Vuelve a tu fila estúpido!. Vociferó sin darme la mínima importancia; nadie me observó, como sí hubiera sido invisible. Sentí tanta cólera en ese momento que me dirigí hacia ese asqueroso y pedante maestro; mi sangre hervía; desenfundé mi espada y como si hubiera perdido la razón, corte una de sus orejas por completo; limpia y espantosamente arranque su oído. El tutor callo al suelo gritando; no podía creer lo que había hecho; me quedé absorto mirando al hombre con mi espada en la mano; temblando como queriendo pedir disculpas; al instante uno de los guerreros levantó su arma para acabar con migo, sin pensar, frío, como si fuera a matar a una estúpida gallina; pero de repente Erok me tomo en sus brazos y grito demente. - ¡ Déjennos ir, nosotros ya estamos condenados ¡. Bórax miró mis ojos y vio mi temor y milagrosamente me dejó ir con Erok; como sí hubiera sentido algo por mí.

- ¡ Fuera de Aquí, basuras ¡. Fue lo ultimo que escuché en la cruda aldea de Halmstad.

Comenzamos a alejarnos, sin hablar, mudos, pálidamente mudos. Luego de unos instantes me sentí más aliviado; comencé a divisar una extraña libertad que nunca antes había sentido. Nadie vigilaba mis pies ni mis manos y exclamé con tono alegre

¡Por fin fuera de esa aldea horrenda!

¿Estás loco? – Inquirió Erok con tono histérico - ¡No creo que vivamos más de dos días en astas comarcas, y para colmo solo tenemos tu espada! – Expresó lloriqueando Erok.

¿Y si nos escondemos y comemos hierbas? – Dije tratando de dar una solución.

Creo que no hay escondite – contestó triste el joven guerrero, mientras atravesábamos una zona de charcos que reflejaban el melancólico anochecer.

¡Qué frío hacía!. A medida que disminuía la luz, la helada se agigantaba más y más. Mis pies estaban congelados y mis manos azules por el clima, paulatinamente comenzaban a helarse. Miré a Erok que temblaba como un bebé sin manta.

¿Por qué no encendemos fuego? – Cuestioné rompiendo el largo silencio.

Erok me observó como a un idiota y exclamó enojado

¡Si encendemos fuego no duraremos un instante con vida!

Sentí que la noche había ingresado en mí, agaché por demás mi cabeza y comencé a aterrorizarme. Mi vista giraba paranoica, persiguiendo cada sonido de la noche; mi corazón latía estrepitosamente, angustiado, desolado y no pude controlar echarme a llorar desconsoladamente.

¡No quiero morirme! – Gritaba, angustiado.

Erok me abrazó con aprecio e intentó consolarme.

Calma, calma – me dijo en tono crudo y pausado, - todo pasará.

Estabamos en total oscuridad, el cielo sin luna se mostraba nublado y de un oscuro espantoso. Caminábamos al vacío, no sabíamos en donde apoyábamos nuestros pies. Yo olfateaba como un lobo, tratando de adivinar el camino y de poder pisar correctamente; el temor reinaba en la oscuridad.

Estuvimos largo tiempo caminando, me sentía muerto, agotado y aniquilado de miedo; Escuchaba los sonidos de la noche y el viento, él viento poderoso y helado que acompañaba mi trajinar. ¡Cómo deseaba volver a la aldea, parecía que la muerte seguía mis pasos!. Cuando uno cree que morirá valora cada pequeño instante de paz que tuvo en su pasado.

Milagrosamente los rayos del alba comenzaron a nacer. No nos habíamos detenido ni un solo momento. ¡Era increíble, habíamos caminado desde el anochecer hasta el amanecer!. ¡Era tan grande el cansancio que me embargaba, que sentía adormecido todo mi cuerpo!. Lo que no podía dejar de sufrir era el frío, mi cuerpo temblaba sacudiéndose estrepitosamente como endemoniado. ¡Cómo pesaban mis ojos!, El sueño quería colmarlos.

La piel de Erok se había tornado de un color blanco mortecino y sus oscuras ojeras expresaban su gran trajinar. -¡Creo que debemos detenernos!. Expresó Erok con su voz destrozada por el frío Helado de la estepa Sueca. Y así lo hicimos; prendimos una fogata con bastante trabajo debido al fuerte viento y nos sentamos a descansar, mirando el fuego algo adormecidos; recuerdo que cerré por un instante los ojos y cuando volví a abrirlos el fuego estaba casi por disiparse y Erok desplomado de cansancio en el suelo. Me había despertado pero ¿para qué? ; mi boca estaba reseca de sed y ¡Cómo dolía mi cabeza! Parecía un tambor que emanaba sonidos de dolor. Miré hacia mis costados y nada; era algo totalmente inhóspito; solo se divisaba el paisaje semiárido de Suecia.

- ¡Erok no hay agua por ningún lado!. Vociferé desesperado; Erok se despertó lentamente e intentó darme calma; y repetía constantemente -¡ Ya encontraremos Kanat, ya pronto ¡. Erok era un hombre realmente bueno; siempre trató de cuidarme y que no sufriera, pero calmarme en ese momento fue inútil, sabíamos que para encontrar agua necesitaría la suerte de encontrar un lago o un charco y eso era casi imposible pues estábamos exhaustos para caminar más tiempo; la otra salida era la lluvia y así fue; nos quedamos allí recostados esperando al destino y cuando el sol comenzó a caer rugió el cielo y nos vestimos con la helada lluvia. Con mi espada cavé un pequeño pozo de unas diez pulgadas y esperamos que se llenase para beber el agua de los cielos. Que tenebrosa es la tormenta en los campos crueles de Escandinavia y más cuando se produce en la noche. La oscuridad reina misteriosa y de pronto es quebrada por los poderosos truenos y relámpagos iluminando el trágico escenario. Acurrucados como gallinas, temblando de frío debajo del agua; yo escondía mi cabeza debajo de los brazos tratando de que el frío no congelara mi dolorida garganta; era un animal desamparado y perdido expuestos a la garra de la muerte; no sé si ahora podría sobrevivir un frío como aquel. Nuestras manos estaban congeladas, moradas, rígidas y aunque nuestros pies estaban fuertemente envueltos en pies de ovejas permanecían helados como todo el cuerpo.

Erok rompió en llanto, qué angustia tenían sus lágrimas, abría su boca y gritaba, como queriendo expulsar de ésta todo el terror y el sufrimiento que había pasado. Era extraño, pero yo no pude llorar en ese momento, no tenía ningún sentimiento, ni emoción, mi rostro permanecía duro como una piedra, parecía un muerto en vida.

Al otro día en la mañana la lluvia había cesado, nos encontrábamos un poco mejor para continuar. Nos dirigimos hacia el nordeste, trajinamos largos días soportando el duro clima; durante el camino nos fuimos alimentando de hierbas y algunas raíces; estábamos tan débiles que tropezábamos como dos idiotas a cada instante; mis rodillas y mi cadera eran atacadas por un dolor punzante y horrendo y sumado a esto el hambre, el miedo y la tristeza de estar inútilmente vagando por el mundo, como dos naves sin velas ni remos.

De lejos divisamos un poblado afincado en un inmenso lago.- parece un pueblo de vikingos dijo jadeando Erok -. A la distancia se veía el poblado colmado de casonas de tronco rodeado de campos cultivados y labrados; parecían campesinos agricultores.- ¿qué vamos a hacer? – Pregunté temeroso a mi compañero. Erok se inclinó detrás de un árbol, observó hacia sus costados y suspirando me dijo en voz tenue. –Esperaremos la noche, iremos al poblado y trataremos de conseguir o robar algo de alimento, sí no moriremos-. Nuestro objetivo era internarnos en el bosque que costeaba el lago y tomar algunos frutos o cazar pequeños animales para poder comer. Sí nos atrapaban estaríamos muertos; pensaba en esos tiempos; los pueblos Vikingos no eran de características piadosas. Pero nosotros solo pensábamos en la comida; la hambruna era tremenda; era difícil mantenernos despiertos debido a la debilidad que nos atacaba.

La noche se apoderó del paisaje y partimos rumbo a las cercanías del campamento Vikingo. Pudimos llegar al bosque pero cuando quisimos explorar un poco el terreno caímos tontamente en una trampa de los bárbaros; era un pozo cubierto de paja y ramas, una simple trampa pero efectiva en la oscuridad. El foso tenía aproximadamente veinte pies de profundidad. Fue un gran golpe el que recibimos al caer; Erok había perdido el conocimiento y yo me encontraba desplomado sin poder mover ni una sola parte de mi cuerpo. ¡Cómo latía mi corazón! Comencé a respirar agitadamente, quería gritar y no podía esbozar una palabra; luego no recuerdo más. Amanecimos con la luz del sol filtrandoce en el pozo y dos rostros en el exterior que comentaban entre sí. –"Son un joven y un niño, saquémoslo de allí"-. Con una soga que los hombres nos arrojaron y mucho esfuerzo, logramos salir de allí. -¿Quiénes son ustedes? -. Cuestionó uno de ellos robusto de barba rojiza; su estatura era medía; vestido con cueros y un yelmo de hierro opaco de donde salían dos cuernos. -¡Somos Kanat y Erok; Huimos de un cruel ataque; nuestra aldea esta destruida!. Exclamó mintiendo Erok; pues haber dicho que fuimos exiliados de Halmstad hubiera sido peligroso y más por cobarde e insubordinación. -¿Quiénes los atacaron?-. Preguntó con gran seriedad el guerrero. -¡Los Vikingos daneses; "Los rojos"!. Exclamó con seguridad mi compañero. El otro de los hombres; mas alto y con una amenasante hacha en sus manos; expresó en un tono calmo y pausado. - ¡Parecen aldeanos de las costas del Kattegat!; ¿de que aldea son?. Cuestionó mirando a Erok a sus ojos. Erok quedó en silencio, denotando un incontrolable nerviosismo; no podíamos decir la verdad, pues corríamos peligro de muerte; entonces recordé una villa que había sido destruida poco antes del exilio, según nos contaba el maestro Ixar y exclamé temeroso pero en voz potente - ¡De la aldea de Falken!. -¡Sí la aldea de Falken!-. Reafirmó Erok confiado.

-¡Oí que fue destruida!-. Dijo el guerrero de vello rojizo. -¡Dame tu espada niño! -. Exclamó el hombre imperativo -. Me habían enseñado; allá en Halmstad que antes de entregar el arma era preferible la muerte; pero no me importó la frase de mis maestros, tenía tanto miedo de esos imponentes seres que entregué mi espada mansamente sin resistencia alguna.

Los seguimos sin dudar, conducían rumbo a su campamento.

-Se los ve muy débiles- exclamó el hombre del hacha con desgano; tienen dos opciones, trabajar en nuestro acampado o morir. ¿Cuál eligen?, Dijo sonriendo sarcásticamente.

- Queremos trabajar- contestó Erok con falso entusiasmo.

Llegamos rápidamente a su base; era un pueblo rodeado de guerreros vikingos y grandes campos verdes en donde se observaban gran cantidad de individuos, cultivando y arando las ricas tierras de ésta zona. Por primera vez en mi vida conocí lo que eran las casas; casonas de madera, adobe y barro. Nos dirigieron a ver a un hombre llamado Flatey ; El hombre estaba sentado en una silla de bronce labrado; el hombre bebía vino en grandes tinajas de vidrio, lo rodeaban dos guardias y tres mujeres que le servían.- ¡Flatey éstos dos jóvenes fueron encontrados en las trampas y trabajarán en nuestros campos, exclamó uno de los raptores.

Flatey sonreía jugueteando con esas mujeres, parecía un hombre de gran autoridad en el paraje; era un hombre delgado y alto, de fuertes brazos, como también su mirada. Su cabello y su barba eran largos por demás, de un color tan rubio como el oro .

- Qué comiencen ahora y dale de comer a estos perros; parecen dos cobardes -.Exclamó engreído casi sin mirar.

Nos alimentamos bastante bien y ese mismo día comenzamos a trabajar; nos llevaron delante de la gran piedra para moler granos, luego de eso debíamos embolsarlos y apilarlos; ése era el trabajo en la mañana.

Yo era el único niño en el lugar; los demás trabajadores eran hombres y mujeres adultos, me observaban como a un extraño y así me sentía. El trabajo era agotador, me parecía tan diferente estar haciendo eso; tantos años entrenando con mi espada para la guerra, para ser guerrero y ahora me encontraba apilando bolsas. La gente estaba distendida, sonreían y hablaban en voz alta; eso me llamaba realmente la atención, ninguno de los campesinos portaba armas, era otra realidad; diferente a la vida que llevaba en mi tierra natal. Observando esto, pregunte con inmensa curiosidad a un hombre que separaba las distintas clases de granos -¿Por qué nadie está armado? ¿Acaso es esclavo?-. Él hombre contestó sonriendo. - Pequeño pertenecen a uno de los pueblos vikingos de Vastervik; nadie nos ataca pues nuestros guerreros son los que lo hacen.- ¿A caso no son ustedes también guerreros?-. Arremetí nuevamente. - No niño, somos agricultores; gente de la tierra. Contestó con tranquilidad el labrador. Ese día comprendí que un hombre podía tener una labor digna sin la obligación de ser guerrero; en Halmstad todos debíamos serlo, los que tenían otro oficio en mi aldea eran vistos como cobardes. Aquí todo era distinto; otro gentío, más suave, más alegre, más vivo; con otros modales que a mí me agradaban mucho. En la tarde nos dieron la tarea de arar los campos; nos enseñaron como hacerlo, el trabajo era muy duro y agotador; pero a mí me divertía, cualquier cosa cualquier cosa era mejor que la guerra y el hambre. Pero Erok no estaba feliz; selo observaba desganado, disgustado; algo extraño estaba pasando en él.

Cuando terminamos el trabajo el hombre que conducía a los trabajadores; llamado Vigs nos condujo hacia nuestros lugares de descanso. El frío anochecer cubría el lugar.

Me separaron de Erok y me dirigí hacía una gran casona de troncos; dentro estaba habitada por decena de niños. Una mujer se acercó a mí y me dijo en tono suave y agradable. - Esa es tu cama -. Y se alejo junto a los demás niños. Miré a los pequeños; eran diferentes a mí; todos vestían con túnicas de color blanco, íntegramente limpias al igual que sus cuerpos. Yo estaba realmente sucio, parecía un animal en comparación con esos jóvenes. Cuando la mujer se retiro del recinto, varios niños se acercaron a mí; uno de ellos balbució unas palabras de las que solo entendí "animal". - No entiendo lo que dices -. Expresé confuso; cuando escucharon mis palabras todos comenzaron a reírse de mí y continuaron diciéndome frases de las que solo entendía la mitad. - ¿En que idioma hablan? -. Pregunté tímidamente; - Eres un animal ignorante -. Dijo un niño rubio; de semblante aniñado y saludable. Me sentí realmente asustado; pues no entendía nada de lo que ocurría. Era gente extraña; no eran amables como los campesinos, eran niños con gestos delicados y educados y me llamaba la atención que sus cuerpos emanaban aroma a perfume.

- ¿Sabes escribir? -. Me preguntó uno de ellos. No conocía la palabra "escribir", ni sabía lo que era. Me encogí de hombros diciendo monótonamente que no entendía y comencé a llorar, mientras ellos reían cruelmente; no sabía por que lloraba, me sentía lastimado y nunca antes me habían herido con palabras. En ese instante llegó la mujer y todos los niños corrieron a sus camas como temiéndole; todavía seguía lloriqueando y esto llamó la atención de la dama; - ¿Qué te ocurre pequeño? -. Me cuestionó con preocupación. - ¿ Quiénes son esos niños?, Dicen palabras que no entiendo y se ríen de mí. Pregunté llorando desconsolado. La mujer respondió que ellos eran los niños estudiantes; los hijos de los nobles, artistas y escribas del lugar. Me recosté en mi cama en total confusión; mientras la mujer nos dejaba en total oscuridad a la merced de la noche; la triste noche.

Al otro día desperté antes que todos; el cielo recién deslumbraba que el alba estaba por nacer. Nadie estaba despierto solo los guardias que vigilaban atentos el lugar. - ¿Qué haces levantado tan temprano niño? -. Cuestionó uno de los soldados. - ¿Esta prohibido? -. Pregunté temeroso. - Mientras trabajes todo está bien -. Expresó el hombre con desgano. Nadie me vigilaba, nadie me castigaba, tenía techo y comida; todo era nuevo e intrigante para mí.

Esa misma mañana todos los trabajadores comenzaron a salir de sus aposentos y con ellos Erok, que poseía el rostro disgustado. Vigs nos condujo otra vez a la gran piedra de moler granos; trabajaba con entusiasmo, tranquilo; me sentía realmente bien. En la tarde nuevamente trabajar en los campos con el arado; El trabajo era agotador, pero me sentía bien. Me preocupaba Erok; triste, desganado; parecía que no le agradaba le agradaba el trabajo ni el lugar.

Cuando llegó la noche mi malestar comenzó; otra vez tuve que regresar a descansar a esa maldita casona; con esos niños que en esos tiempos; me parecían tan extraños. Apenas ingresé al lugar comenzaron a mofarse de mí. -! El animal. !Deberías conocer el agua!. Gritaban sonriendo mientras tapaban sarcásticamente sus narices; yo agache mi cabeza y comencé a llorar; me sentía discriminado, de poco valor, como un insecto. Al verme en ese estado se acercaron mas mí y uno de ellos me tomó de los hombros; !Pobre niño!; lo golpee en su rostro y casi destrozo su pulcra humanidad. Cayó al suelo con su nariz y sus labios sangrantes; los demás niños se alejaron y dejaron de reír. Eran tan frágiles no podía creer que con un solo golpe lo había destrozado así; en mi aldea eso hubiera sido una caricia. Pero me gustó, vi el miedo en ellos y comencé a gritar. -! Separencé de mí basuras o destrozaré todos sus rostros! -. Ellos retrocedieron atemorizados y eso me gustó. Tome a uno de ellos y lo arrojé al piso; el pobre jovencito gritaba aterrado; era débil como una gallina. Patee su cabeza una vez y el niño comenzó a llorar desconsoladamente. Yo sentía una morbosa felicidad; tenía techo, comida y era él mas fuerte de los pequeños.

- !Dame tu ropaje!; le dije sonriendo, el niño me lo entregó repitiendo. !No me hagas más daño!. Al rato la mujer que nos tenía a cargo; me tomó del pelo y golpeó con dos cachetadas mi rostro. -! No deben pelear!. Grito con voz aguda; ! que no se vuelva a repetir!

Al otro día los niños me pidieron que fuera su amigo, sabía que no era una amistad sincera y que en su interior me seguían discriminando y también comprendí que mi fuerza sobre ellos era un engaño, ellos tenían fuerza en su mente y yo como aprendiz de guerrero en mis brazos, en mis piernas y en mi espada.

Así pasaron varios meses, más de diéz. Me trataron como a uno más del poblado; lo extraño era lo que estaba pasando con Erok, cada vez que íbamos a trabajar se acercaba a una jovencita de cabello lacio y pelirrojo; lo importante era que la mujer tenía un romance con un agricultor y mi amigo estaba queriendo conquistarla siempre en ausencia de Varnamo; el joven agricultor, hijo de un guerrero Vikingo. Todas las tardes se encontraban; se notaba que la mujer tenía gran atracción por Erok. Una de esas tardes uno de los campesinos que apilaba bolsas junto a mí, se acerco a mi amigo y le advirtió. - ¿ No sabes que la niña es la novia de Várnamo ?, tienes que alejarte de ella o tendrás problemas. -! Aléjate de mí gusano asqueroso! . Exclamó fuera de control mi compañero. -! Jamás escucharé a un perro de trabajo como tu!. El hombre se alejó aterrorizado al ver el gran enojo de Erok; yo me acerque hacia él y le dije con extrema seriedad. - Cálmate, o toda esta paz puede desaparecer. Pero al otro día el desastre ocurrió. Várnamo había sorprendido a Erok seduciendo a su mujer. - ¿ Que estas haciendo hijo del lodo, traidor?. gritó Várnamo envuelto de cólera. -!! Sal de aquí estúpida rata, esta mujer ahora es mía!!. Erok parecía otro, muy molesto, enajenado de rabia. Varnamo se echo encima del como una fiera salvaje, pero mi compañero en poco tiempo transformó a la fiera en víctima de sus violentos golpes; al instante, su padre interrumpió la riña. Recuerdo que el nombre de l guerrero vikingo era Ratsgo. La masa de campesinos y soldados se iba agolpando; entre ellos extrañamente estaba Flatey, el hombre de mayor jerarquía en la base. -¿Qué ocurre aquí? ; cuestionó en un grito Ratsgo, el padre de Varnamo. -! Encontré a Erok seduciendo a mi mujer! ; contestó su hijo bañado en sangre a causa de los golpes. -! Márchate ya mismo de aquí Erok !. Exclamó muy molesto el vikingo. Yo creí que ese era el fin de nuestra permanencia en ese lugar. - ¿ Por que no te enfrentas a mí sucio vikingo. En un duelo a muerte? ¿ En vez de echarme de tu pueblo con tu palabra?

-¡! Podemos liquidarte ahora mismo, basura!!. Replicó Ratsgo.

- Eso es por que eres un cobarde; yo merezco ser más vikingo que tú. Contestó sin miedo mi compañero. Era increíble que ese hombre exiliado por cobardía estuviera interpretando esa escena. Yo estaba aterrado, por mi futuro y el de Erok.

¡Sáquenlo de aquí guerreros! - exclamó Rasgo.

Nada de eso aceptaras tu duelo uno contra uno; como un verdadero vikingo y como un real hombre. Interrumpió imperativo y pedante Flatey; mientras todos los guerreros coreaban; !Duelo!. - Sí gano quiero que me nombres vikingo. Vociferó Erok, mirando los ojos de Flatey casi sin respeto. El jefe sonrió. -Está bien, pero si pierdes tu cadáver será escupido por mí.

Se formó una rueda de gentío en ese mismo lugar; las mujeres comenzaron a separar a los niños de allí; una de ellas quiso tomarme del brazo y yo empece a gritar desesperado; pero Erok escuchó mis gritos y ordenó que me dejaran ver el combate.

- Pides mucho; espero que valgas la pena. Dijo Flatey sonriendo.

- ¿Qué arma eliges Ratsgo?. Preguntó un soldado. El hombre eligió el hacha. El miedo se notaba en su rostro. El guerrero sonreía queriendo hacer notar su confianza y tranquilidad; pero yo conocía ese gesto en el rostro; la típica mímica del miedo en el luchador.

Mi amigo suspiro y con sus manos temblorosas secó el sudor de su frente. Su arma fue la espada. -! Que comience el duelo!!!. Vocifero Flatey como si estuviera por presenciar un espectáculo; sin importarle que se jugaban dos vidas.

El vikingo lanzó un hachazo potente; demasiado violento y enérgico pero demasiado lento para Erok, que tan delicado, espantosamente sutil y exacto; como una araña movió sus pies y su espada como un aguijón fue la causante de que la garganta de Ratsgo fuera filosamente desgarrada. Solo un zarpazo de su perfecta espada y la muerte cubrió al enorme guerrero. Hay que ver los rostros de los hombres que buscan la muerte; parece que dentro de sus pechos, estuviera peleando el miedo con el valor; la respiración se agita y el corazón late con la mayor velocidad, es horrendo. Siempre estuve condenado a vivir esto.

Los guerreros comenzaron a gritar; -! Erok el vikingo!!! . Sin importarle la muerte de Ratsgo.

Mi amigo se acercó a mí y me abrazó con lagrimas en sus ojos. - Eres un hombre admirable Erok. Le dije emocionado.

- Estaba aterrado - me dijo en voz baja - pero soy guerrero y no podíamos continuar como caballos de carga.

- Eres un vikingo - dijo entusiasmado y sonriente Flatey - pero eso implica muchas responsabilidades, el vikingo es un pirata, un conquistador, el más libre de los guerreros como las aves del mar, no tiene piedad con sus enemigos; inteligente y cauteloso, poderoso y respetable como el mar.

Todo había cambiado para Erok, ahora vigilaba el campamento que habitábamos; de un día a otro pertenecía a los temibles vikingos. Nos veíamos poco, a veces conversábamos cuando le tocaba vigilar la piedra de moler. Tan sólo me preguntaba como estaba y yo contestaba que me sentía agotado pero tranquilo. El trabajo era inhumano, era tan grande el esfuerzo de mi cuerpo que a veces el dolor no me permitía ni siquiera dormir de tanto pesar.

Uno de aquellos días en los que veía a Erok cuestioné sobre como era el trato entre los vikingos.

-Es duro, hay mucha violencia entre los mismos vikingos, muchas disputas de honor - me contestó Erok, mientras secaba su frente de sudor. Se lo veía muy tensionado, alterado, con cierto nerviosismo en su gesto. Hacía ya varios meses que Erok era soldado y parecía que cada mes se hubiera transformado en años. Su rostro estaba maduro y con signos de sufrimiento, su mirada siempre me fue familiar, cercana, ella se denotaba triste, muy afligida, tanto como la mía.

-¡ Cuídate, muchacho, verás qué este sufrir acabará pronto, ya lo verás! - me decía siempre con su voz gruesa y reseca. En esos tiempos él era como un padre para mi, confiaba tanto en él, quizás porque mis ojos eran todavía los de un niño o porque los lazos de nuestra amistad comenzaban a hacerse fuertes como el hierro.

Una noche en la casona, luego de un intenso día de trabajo en el campo me encontraba durmiendo, cuando de pronto sentí un viento helado que golpeaba mi cara; comencá a ahogarme, no sabía que ocurría, sentía que moría, transpiraba un sudor frío que inundaba todo mi pecho. Me levanté de mi cama como pude y salí hacia fuera del lugar, como buscando aire. Cuando salí observé que la blanca luna alumbraba con fuerza el campo de trigo y dentro de él había una mujer deambulando por los pastos; me senté en el suelo y comencé a sentirme mejor, pero esa mujer ¿quién era? ; era pálida como la ceniza sucia, con ropajes muy largos y blancos, que la cubrían desde su cabeza hasta sus pies. Caminaba y lloraba, mientras me miraba directo a los ojos. Estaba lejos de mí, pero esa mujer me aterrorizó, ¡qué horrendo era oír el sonido de ese llanto agudo!. De repente me levanté un poco mareado y tembloroso, busqué a uno de los soldados que estaban en guardia y pregunté quién era esa mujer.

-¿Qué mujer, yo no veo a nadie? - me contestó.

-¡ Aquella, en el campo de trigo! - dije desesperado.

El soldado me miró como a un idiota y me obligó que volviese a dormir, en ese instante comprendí que yo solo podía ver a la mujer, era una visión o algo extraño.

Al otro día, mientras estaba arando el campo de los maizales, vi que la gente comenzó a agolparse cerca de las casonas; dejé inmediatamente el arado y me dirigí hacia el centro del campamento. Cuando llegué a destino vi que la masa observaba a Flatey junto a dos nuevos habitantes, eran dos aldeanos del oeste de Suecia, no se como llegaron allí, uno de ellos estaba muy pálido y flaco.-! Pónganlos a trabajar ahora mismo y denles comida!.Dijo Flatey sonriendo falsamente como siempre.

Todo estaba bien sí trabajábamos duro pero pobre el que no lo hiciera; recuerdo uno de los campesinos que ataba bolsas de trigo con migo; se resbalo y al caer se partió algunos dedos de su mano derecha; trató de fingir que trabajaba y todos tratábamos de producir más para que la diferencia no se notara a los ojos de los guardias y de Flatey; pero lamentablemente la farsa no duró mucho tiempo un vikingo encargado de los trabajadores nos descubrió; tratamos de convencerlo para que Flatey no supiera de esto, pero nada de eso ocurrió y el hombre condujo inmediatamente al trabajador herido frente al jefe del campamento. Estuvo largo tiempo en su tienda hasta que lo vimos salir gritando desesperado, mientras dos guardias lo escoltaban; estos lo desnudaron, lo arrojaron al suelo y lo ataron de píes y manos a dos estacas incrustadas en la helada tierra. El hombre pasaría toda la noche soportando el duro frío de la cruel Suecia. !Como lloraba ese sujeto; era desgarrador oír sus gemidos!. Un día en la helada para un hombre de esa edad era mortal; casi siempre morían de congelamiento. Sí supieran el temible frío de aquellas zonas, en las noches no alcanzaban las pieles para cubrirnos; imaginen un hombre desnudo, atado y quieto soportando ese clima de muerte.

Sí alguien se lastimaba era irracionalmente desterrado; con el argumento de que la base no podía sustentar su recuperación. Sí alguien no trabajaba era atado al frío; pero si lo hacíamos bien y nos encontrábamos sanos todo era estupendo; teníamos comida de sobra, agua fresca para beber y hasta frutas. Así era la realidad en ese lejano lugar.

El pálido aldeano del oeste de Suecia fue el que causó el desastre en el campamento; el hombre padecía de "peste". Recuerdo que desperté y escuché los gritos de Flatey; al salir pude percibir el exilio del ser del oeste que tiritaba bruscamente; delgado como un cadáver, la palidez de su rostro acababa en sus oscuras ojeras que denotaban la gravedad de su cuerpo. Tosía y se tomaba la garganta apenas si podía mantenerse en pié. Había durado pocas semanas su estadía en el campamento. Lo desterraban cruelmente; entre insultos y escupitajos, sin importarle para nada la vida del pobre abatido que se alejaba rengueando como un pobre perro.

Días después un soldado llamado Frevik había amanecido tosiendo con su piel hirviente y pálida; todos estaban rodeando su cama ese día. Frevik era un gran guerrero que en su espada llevaba labrada grandes batallas; a un soldado de esa envergadura era imposible desterrarlo pues un soldado de prestigio valía más que el mismo oro. Todo era diferente con soldados mediocres, estos valían tanto como los trabajadores.

El guardia de mas confianza de Flatey dijo con resignación. -Este hombre tiene peste; he visto esta plaga destruir el sur de noruega. !!!Todos afuera!!!; gritó Flatey enloquecido. La gente entró en pánico, todos corrían al lago para bañarse, hacían cualquier cosa para tratar de evitar el contagio. El horror dominaba al pueblo; las madres limpiaban y cambiaban las ropas de sus niños; los guerreros pedían a sus dioses salvación; pero fue en vano al otro día mas de setenta personas caían víctimas de la peste. Al cabo de una semana las víctimas eran innumerables. Eran comunes estas pestes en esos años. Se extendían se sur a norte de este a oeste; duraban largos meses y luego desaparecían en cualquier punto cardinal llevandose con ella millares de muertos.

Las mujeres gritaban en forma horrenda, llorando y deambulando por los campos de trigo; semejante a la mujer que vi aquella noche. Comprendí en ese momento que esa cruel imagen fue la premonición del desastre.

Cuando Flatey ordenó evacuar el lugar, lo hicimos rápidamente pues la peste luego de una semana ya se había llevado mas de la mitad de la población; Eramos aproximadamente 380 personas, la mayoría soldados, algunos campesinos, mujeres y muy pocos niños.

Hicimos una caravana con carruajes, caballos e hileras de a píe. Nuestra primera parada fue en Hulsfred, hacía el noreste de Suecia; en el viaje hacía Vastervik la ciudad de los vikingos más grande de Suecia.

Acampamos para descansar del agotador viaje y el duro clima; los soldados desplegaron dos grandes carpas; una para Flatey y los guerreros y otra para las mujeres y los campesinos.

Era un paisaje semiárido y llano, parecía que el cielo reflejaba mi alma, estaba tan gris y lleno de angustia y el ambiente era tan frío, no solo por el clima de estas regiones sino por lo que vivíamos los hombres del campamento.

Un niño, dos ancianos y seis campesinos estaban penosamente enfermos. Comencé a observarlos sin quitarles la vista de encima, como en trance con esa imagen tan dolorosa. Los miré largas horas; tosían, tiritaban y como las demás víctimas muertas su piel se había tornado de un color grisáceo y acompañando esto, la fiebre que les hacía murmurar palabras incoherentes. En esos instantes entraron a la carpa Flatey y tres soldados. El jefe avanzó hacia los enfermos y cruel, sin expresión, ni sentimiento, casi sin moverse expresó débilmente: - Mátenlos y quémenlos.

Luego me señaló a mi y a unos diez campesinos y mujeres y exclamó

- ¡ Trasládense a la carpa de los soldados!

Los que cuidaban sus parientes enfermos gritaban desesperados y se arrojaban a los pies de Flatey.

-¡ No, por favor, nosotros los cuidaremos! - decían en forma agónica. Los enfermos también lloraban asustados, pero parecían como entregados a la muerte.

Cuando salimos de allí, ingresamos a la carpa de los hombres de guerra, que tendidos en el suelo dormitaban y conversaban en voz muy baja para no molestar a los que descansaban.

¡ Qué mugre había en nuestros cuerpos!. Olíamos a cerdo y el lugar también. En ese momento recordé a los niños pulcros que estudiaban en el campo, ¡pobres criaturas!. Ni uno solo de ellos sobrevivió a la dura peste; todavía recuerdo a los padres gritar de dolor por la muerte de sus hijos, fue espantoso.

Al rato comenzó a surgir el humo, que con ayuda del viento helado podía penetrar en la carpa de cuero marrón y negro; era de los cuerpos quemados por Flatey, ¡qué pena tan grande sentí!. Recuerdo que tapé mis ojos con las manos para que nadie me viera llorar.

Nadie comentó ni pronunció palabra alguna con respecto a este asesinato; todos permanecían en silencio. También los parientes de los enfermos habían sido víctimas de esta cruel matanza, como si a Flatey sin sentido, inexplicablemente sin sentido, le hubiera molestado el lamento desesperado de esos seres.

Cuando llegó la noche me recosté en un rincón de la carpa, solo. Encogí mis piernas y mis brazos y al rato comencé a sentir frío, mucho frío, mientras mis oídos escuchaban el viento, que poderoso, emanaba su sintonía que inspiraba mi alma para evadirme. De repente comencé a sentirme somnoliento y en este estado las imágenes de un sueño se reflejaban en mi mente; era un jardín con hermosos pastos y muchas flores, yo sentía alguien a mi lado, no sabía quien era pero me hacía bien, mientras el sol, hirviente y pesado acaloraba mi cuerpo. De pronto el sol hirvió más y más sobre el jardín hasta destruirlo y desintegrar la naturaleza convirtiéndola en tierra seca. Yo caí al piso, encontrándome totalmente solo, con mis piernas débiles, de rodillas, entregado en la abandonada tierra. El cielo se había tornado gris y helado; todo se había puesto frío de un momento a otro, pero yo seguía transpirando como sintiendo frío y calor a la vez. Miré hacia el frente y vi aquella extraña imagen tapando el horizonte solitario, delgada, con sus telas ajustadas al cuerpo cadavérico, tela que cubría de sus pies hasta su cabeza, tapando su cuello también hasta sus oídos, dejando a la vista solamente su macabro rostro con pómulos pronunciados, boca negra y grande, pequeña nariz y ojos como de serpiente y como de serpiente eran sus movimientos; levantaba sus brazos a modo de una danza y gritaba en un idioma que yo no conocía, riendo enloquecida. Mi rostro comenzó a moverse solo y estas imágenes desaparecieron y desperté con el rostro de Erok frente a mí, quien me decía en un tono débil pero muy grave: - ¿Estás enfermo, Kanat?, trata de despertar antes que Flatey te vea así.

Logré despertar; en mis ojos sentía dos aguijones hirvientes y a la vez el frío hacía tiritar mi cuerpo de una manera violenta. Mi garganta era un infierno de dolor, era imposible tragar y lograr estar parado un pequeño instante, un milagro.

Ese mismo día partimos hacia Vastervik. Erok me subió a su caballo y me ató a su cintura, pues yo perdía la conciencia continuamente por la fiebre y de esa manera evitaba caer del caballo. Recuerdo el sonido de los animales y los murmullos vikingos.

- ¡Ese muchacho está apestado, si no lo matas ahora, lo mataremos nosotros!.

Escuché esto con mis ojos cerrados, era un soldado vikingo conversando con Erok.

- Si tocas a este muchacho, tendrás que tocarme a mi también y se que estás seguro de que es lo último que tocarás en tu vida - contestó Erok, duro y frío - ¡Lo mismo para todos ustedes! - gritó a la multitud de soldados, que lo obedecieron a con respeto.

No sé dónde estaría Flatey; mi cabeza colgaba en mi pecho, con mis ojos totalmente cerrados, consciente pero inmóvil. Agónicamente respiraba aire hirviente debido a la fiebre.

¡Cuánto sufrir, la peste que me aquejaba era tremenda!. A los trece años deseaba realmente morir por primera vez, no podía soportar ese dolor en todo mi cuerpo. Verdaderamente no recuerdo lo que pasaba a mi alrededor, solo sentía el galopar del caballo. El frío y el calor consecutivos en mi cuerpo destrozaban mi ser, no sentía miedo, ni alegría, tampoco tristeza, solo dolor y debilidad extrema, Así pasé un tiempo, no se cuanto, desconozco si fue una jornada, varias semanas, meses o instantes. Me despertaron de mi inconsciencia febril, los fuertes gritos de Erok y Flatey.

- En medio día llegaremos a Vastervik; hace semanas que traes a este joven enfermo en tu espalda, mátalo ahora, la ciudad de Vastervik no puede estar expuesta a la peste de esta rata - dijo Flatey, muy molesto.

¡Mata al joven y mátame a mí! - respondió potente Erok.

Un silencio pobló el instante. Erok era un gran luchador y allí en el campamento de Flatey, mi amigo había ganado gran respeto y eso valía mucho, un gran guerrero valía más que el mismo oro.

- ¿Por qué no llegamos a Vastervik y le ordenamos que lo eche en el bosque de los enfermos? - propuso un guardia de mucha autoridad entre los soldados llamado Norsjón.

- Por favor, Flatey, déjame llegar y dejar a mi joven amigo en ese bosque que nombró Norsjón y nunca más lo volverás a ver, lo aseguro - dijo suplicando Erok.

- Está bien, concedido - respondió el líder - ¡Marchemos hacia Vastervik, continúen mis vikingos!. ¿Por qué aprecias tanto a este cadáver, Erok? - preguntó friamente, Flatey.

- Esta muchacho se jugó la vida por mi y eso nunca lo voy a olvidar y para que sepas, el joven todavía vive - contestó Erok, algo molesto pero muy convencido de lo que decía.

Me hizo sentir orgulloso haber oído estas palabras y a pesar de mi estado de fragilidad, me pareció percibir una fuerza extraña que salía de mi pecho, como avisándome que todavía estaba vivo y el viento, mi compañero de muerte, seguía congelando a los soldados como mostrándoles que él era más frío y cruel que sus corazones.

Mis piernas estaban quemadas por la transpiración del caballo, que avanzaba cansino por los valles helados de las tierras del Norte, víctimas de la guerra y el vigor vikingo, víctimas del atardecer rojo que latía como un tambor de las tribus de Thor, el dios del normando, llamados por todos "el Vikingo".

La tristeza sellada en nuestros rostros, la angustia danzando por las montañas, el miedo, como un manto tétrico de invierno cubriendo cada zona del alma, y el espíritu al encuentro con su destino, el hastío y el odio de un mundo salvaje, cruel y falso.

¿Vivir? ¿Y para qué?, me dije en esas horas de agonía, ¿quién lloraría por mí?, ¿Erok?, si dudaba en esos años que este permaneciera mucho tiempo con vida. ¿Por quién vivir?, ¿ Por mí?, un animal extraño y sensible como el atardecer, pobre como el lodo y triste como la lluvia gris que moja a los cuerpos mortecinos víctimas de los gusanos. Un gusano, así me sentía, como un podrido gusano y encima de esto, a punto de morir.

Desperté en un bosque nauseabundo. No había ningún soldado ni tampoco rastro alguno de Erok, me habían dejado allí, solo, en el llamado "Bosque de los Muertos, lugar habitado por seres sombríos que deambulaban sin sentido. Por los alrededores; hombres y mujeres tendidos en el suelo, quejándose y llorando, creando así este conjunto de terribles lamentos, una especie de música mortuoria.

El olor que invadía aquel paraje era como de muerto en descomposición, fétido, repulsivo e insoportable, a los costados había zanjas con agua podrida y árboles de abundante vegetación que cubrían el cielo gris, quien dejaba caer su llovizna sobre mi.

- ¿De dónde eres? - me preguntó un hombre con su rostro quemado, sin un brazo y delgado como un insecto.

- Soy de Halmstad - contesté tembloroso y casi sin fuerzas, pues realmente me encontraba muy grave.

- ¿Y qué haces aquí, en la tierra del Vikingo? ¿Viajaste tanto para venir a morir aquí? ¿De qué estás enfermo? - preguntaba y preguntaba el hombre sin pausa, continua y cargosamente volviéndome loco.

-¡Ya basta, viejo estúpido! - exclamé histérico. El hombre me miró en silencio, agitado y con la mirada perdida, enloquecida. - Padezco de peste y moriré, así que aléjate y déjame tranquilo - dije, casi sin energía.

-¡Ja, ja, ja...ja, ja, ja - comenzó a reírse fuertemente el sujeto - ¡Te canjeo mi pesar por tu peste, jovencito! - exclamó aún riendo.

- Creo que preferiría vivir sin un brazo y quemado como tu, antes que vivir así, como un muerto, ya casi ni puedo levantarme - murmuré casi sin voz.
- Yo puedo curar tu peste - manifestó, cambiando su expresión - he curado a varias personas que como tu, sufrían de la "peste de los lagos", pues así se la llama.

- ¿Es verdad o te estás burlando de mi? - pregunté algo excitado.

- A dos leguas de aquí crecen las hierbas que te curarán en menos de una semana - expresó el viejo, muy tranquilo y pausado.

- ¡Gracias por ayudarme! - exclamé débilmente pero sonriendo.

- Gracias no, amiguito, todo tiene su precio - dijo el anciano, caminando en círculos a mi alrededor.

- ¿Qué cosa quieres a cambio? - pregunté con resignación y sin curiosidad, como prediciendo lo que iba a pedirme.

¡Quiero que me consigas comida todos los días, es duro encontrar trabajo en mi estado!- exclamó.

El hombre estaba realmente arruinado; su rostro arrugado y su espalda encogida casi esquelética daban la imagen de un ser quebrado.

-¿Lo harás? - cuestionó este seriamente.

- Te doy mi palabra - contesté algo somnoliento, me costaba mucho mantener los ojos abiertos. - ¿Pero cuál es tu nombre? - pregunté mirando al viejo.

- Me llamo Uvdal; el curandero; soy del sur de Noruega; la vida me trajo aquí.

Al otro día, Uvdal consiguió algunas hierbas, mientras exclamaba sonriendo.

-¡Hierbas frescas para Kanat, hierbas frescas para Kanat!. En su delgada mano izquierda, temblorosa y manchada de barro, llevaba una vasija pequeña donde había unas extrañas hierbas, hierbas que yo nunca había visto, mezcladas con agua y con un amargo, muy amargo sabor.

- ¡Tómalas todas, ja, ja, ja! - exclamó el anciano hombrecillo con su mirada perdida.

Lo observé; dudé de las cualidades de las hierbas, ¿y si el viejo estaba loco?, pensé dubitativo. Pero, de todas maneras, no tenía otra opción que ingerir aquella medicina.

- ¿Así qué eres de Halmstad?. Conocía guerreros de esa gran aldea, excelentes combatientes - expresó el viejo, sentándose frente a mi, mientras yo terminaba de tragar las hierbas.

- ¿Y cómo un ser tan joven como tú vino a parar aquí? - arremetió el hombre con otra pregunta.

- Me exiliaron de la aldea - respondí, sintiendo un poco más de energía en mi cuerpo, como si el brebaje de Uvdal hubiese tenido efecto en mi - y terminé en un campamento vikingo; allí contraje la peste y luego el campamento se trasladó hasta aquí.

Eres rápido para contar una historia que parece ser muy larga - observó Uvdal muy interesado en mi. El sol comenzaba a retirarse lentamente del bosque y el anciano insistía con proseguir la charla.

_ ¿Por qué te abandonaron?. Expreso Uvdal con curiosidad.

_!Nadie quiere a un enfermo!. Conteste con resignación. _ ¿Ni tu amigo Erok?. Esta estrofa del anciano retumbo en mis oidos. _ ¡ Que ¡ ¿como sabes de Erok?. Dije casi gritando.

_ ¡ Fue el que te trajo aquí. Hablo conmigo!. Expreso calmo el anciano, mientras se levantaba para ir a descansar a la fraccion de bosque donde habitaba.

_ ¿Qué te dijo?. Pregunte desesperado.

_ ¡ Primero comida amigo y luego de eso quizás te diga algo!. Señaló el extraño anciano de manera odiosa .

_! Maldito anciano!¿ Porque no quieres contarme?. El anciano me contesto extremadamente calmo y con una placida sonrisa en sus labios.

_ ¡No estas en posición de insultarme Kanat!. Mañana podras caminar y en pocos dias estaras curado. Por esto me debes mucho. ¡Buenas noches jovencito!.

_ ¿Por qué no confias en mi?. Exprese de modo inocente.

_ ¡Confio en ti niño, confio en ti!. Dijo el extraño anciano con su rostro cambiado por un cierto brillo de bondad que surcaba su sufrido ser.

Al otro dia estaba totalmente sano; parecia magia; me sentia sin fiebre ni dolores, aunque aun estaba muy debil.

_ ¡ Me debes la vida Kanat. Ja ja ja!. Expreso locamente el hombrecito.

El bosque era horrendo, gris y sombrio, frio como la muerte. Los cadáveres inundaban el lugar dia a dia y el olor seguia toturandome.

_!! Debemos irnos de aquí Uvdal, en este horrendo lugar podemos enfermar!!. Exprese mientras el anciano prendia una fogata con algunas ramas y hojas del bosque.

_ ¡!Nunca!!. El bosque de la muerte es mi hogar. No me intereza enfermar niño. Yo ya estoy muerto, mi vida se termino hace largos años ja..ja..ja. Esclamo sonriendo locamente.

_ ¿Cuánto tiempo tendre que conseguirte alimento?. Dije en vos segura, como buscando desviar la respuesta del viejo a una idea que comenzaba a nacer en mi mente.

_ ¡Un año!. Pequeño. Un año. Proclamo el viejo uvdal de manera perversa.

_ ¡!Lo hare tan solo por dos semanas en este sucio bosque!!. ¡!Si salimos de aquí, prometo alimentarte y cuidarte por un año!!. Solte estas palabras como una trampa.

_! Ja Ja Ja!. ¿Crees que es facil salir del bosque?. La unica ciudad donde puede irse es Vastervick, y para afincarte alli necesitaras Oro, plata, productos de canje o estas acabado en esa gran metrópoli. Otro camino son las llanuras, te aseguro que alli no duraras vivo una semana, por los vandalos que azotan la zona. Divulgo el anciano, mirándome altanero.

_ ¡ Puedo conseguir trabajo y asi poder vivir en el pueblo!. Dije rompiendo el pesimista y angustioso dialogo de Uvdal.

_ ¡Trabajo!. Como esclavo solamente, como peon de un peon, como una rata de campo.

_! Estuve en sitios peores!- exprese con tono engreído. Era joven y queria transmitir la apariencia de un ser sin miedo frente al extraño anciano. Mi mente al mismo tiempo estaba aterrada.

Mi cuerpo todavía estaba debil a causa de la peste. Hacia mucho tiempo que no ingeria alimento y mi ser se veia esqueletico. Mi interior estaba desesperado con mi emocion quebrada, como el viento quiebra las grises ramas; solo, como un cadáver abandonado quien sabe en que lugar de mi triste camino; tratando como un perro de buscar una guarida segura y solitaria para dormir.

_ ¿ Lugares peores? ¿qué sabes tu, un niño, de lugares peores?- exclamo sonriendo el curandero.

Lo que para ti es terrible para mi es mi casa.

_ ¡Entonces sal de aquí y ven conmigo!. Exclamé imperativo

Uvdal se sento sobre una piedra gris y su rostro denoto calma repentina

_ ¿Si consigues trabajo yo donde dormire?; ¡ Nadie quiere a un viejo apestoso! . Dijo el anciano, calmo pero resignado.

_ ¡ Dame dos semanas, si encuentro lo que busco vendrás conmigo ¡. Dije entusiasmado por demás. El anciano era una compañía agradable. En ese momento todo era mejor que la soledad y el abandono.

El curandero asintió con su cabeza aceptando a regañadientes el trato, sus gestos continuaban pesimistas.

Mire al anciano y me dio curiosidad el por que de la manera en que se encontraba su cuerpo

_ ¿ Como perdiste el brazo Uvdal?. Cuestioné con gran curiosidad.

_! Fue cuando pertenecía al ejercito Vikingo de mi país. En esos tiempos llegue a comandar un batallón.

Fueron bellos momentos.

En un desembarco en las costas británicas, en una encarnizada batalla; perdí parte de mi brazo.

El hombre realmente me sorprendió con su historia, no podía creerla y arremetí diciendo exaltado.

_ ¡ No puedo creer que hayas sido un comandante vikingo, exprese sin vergüenza.!

_ ¡ Ven aquí ¡. Dijo el curandero seriamente mientras se dirijia a una pequeña carpa de cuero de vaca, entro y extrajo de ella una reluciente y esplendorosa espada. ¡Magnifica!. Con mango de oro y rubíes. En su filoso cuerpo llevaba grabado su nombre Uvdal, brillante y perfecto en el acero.

_ ¡ Esta era mi espada!. Expreso con emoción

_ ¿Por qué estas en la ruina, que te ocurrió?. Expresé con lagrimas en mis ojos.

_ ¡ Cuando perdí mi brazo me dedique a navegar. Fui jefe de la flota de Harsvik . Era un gran navegante. En un ataque a los malditos francos, recibimos una de las peores derrotas de aquel ejercito. Fui entonces capturado y ya convicto en el fortín Franco, fui torturado, humillado. Hasta que un día me llevaron frente al mismo Carlos "el calvo" Rey de francia. Ellos necesitaban un buen navegante. Al proponérmelo dije. ¡Jamas me unire a los sucios francos!. Para que lo habré dicho. Recuerdo que en ese instante uno de sus guardas acercó una antorcha a mi rostro y lo quemo profundamente. Recuerdo aquel dolor terrible destruir mi interior. Fue como morir en vida. La mente estaba despierta y el cuerpo muriendo. No se cuanto tiempo siguió quemándome con su fuego, pero te aseguro que me hizo llorar como nunca antes. Al otro día desperté en una celda en donde solo entraba de cuclillas. Allí soporte en esa posición el dolor de mis quemaduras. Allí mi vida se consumió para siempre. Estuve preso tres años, sin salir de esa celda jamás.

Al tiempo me liberaron; me entregaron mi espada y me embarcaron rumbo a mi país. Para que mostrara a los vikingos lo que los Francos hacen a sus enemigos.

Era un barquichuelo frágil como la porcelana el que me habían otorgado para navegar. Y yo demasiado destrozado para manejarlo. Y así fue no pude dominarlo. Mi travesía había sido un desastre. Al cabo de tres semanas desembarque totalmente perdido en las costas suecas. Todos me rechazaban por mi aspecto; me encontraba en Vastervik; la ciudad de los grandes Vikingos suecos. Nadie creyó mi historia y mi espada de nada sirvió para darme a conocer. Poco a poco fui retirándome de la ciudad y aislándome de la gente. Termine aquí en el bosque de los muertos.

Quedé asombrado, ese hombre que parecía un loco mendigo, había tenido el poder y la ruina en sus manos.

_ ¡Los francos quemaron mi alma y envejecieron mi cuerpo. Estoy arruinado.!. Dijo el anciano con lagrimas en sus ojos en el limite de romper en llanto.

_ ¡ No hables así Uvdal! ; yo te ayudare a reconstruir tu vida. Dije sin saber en el compromiso en el cual entraba mi palabra.

Al otro día cuando el alba díslumbraba la abundante vegetación del bosque Uvdal me indicó el camino para salir de aquel sitio.

_ ¡ La ciudad esta a medio día a pie. Dirigete siempre hacia el sur. Veras primero campesinos. Relataba continuamente y enloquecido el anciano, mientras sonreía incoherente. Luego de pasar los campos de trigo. Entraras en Vastervik.

_ Vastervik, es un lugar duro. Cuídate. Expresó el hombre sonriendo locamente, pero con cierto temor en su rostro. Como si sintiera algo por mí.

Comencé a caminar despacio y pausado. Descansando y disfrutando de aquel hermoso paisaje. Al avanzar, los campos cultivados me mostraban su belleza. Disfrutaba aquellos momentos de paz. El cielo, la naturaleza y el viento.

Cuando el sol de la tarde escupió sus fuertes rayos sobre mí. Vi a mis costados pequeñas casas de leña y paja. Otras de adobe marrón oscuro de gusto húmedo, cálido y humilde. Me acerque hacía uno de los hogares y observe a un hombre de gran tamaño cortando leña con su precaria hacha bien afilada.

Avancé unos pasos más y pregunté con temor. _ Buenos días, soy Kanat . Estoy buscando trabajo, ¿usted necesita algo?. El hombre ni me miró y siguió cortando leña, pero con más energía. Al instante con su hacha lanzo un zarpazo sobre mi, sin tener suerte, pues en ese momento me arrojé al suelo.

_ ¡!! Bandidos, ladrones. Estoy arto de todos ustedes!!!. Esclamó el hombre con real odio, lleno de colera. Cuando lanzo otro hachazo sobre mi, esquive su bruto ataque y me abalancé contra el golpeando duro sus genitales. El hombre cayó bruscamente gritando de dolor. Gracias a mi pasado de aprendiz de guerrero, pude dominar aquella situación. Con el mango de su hacha golpee su cabeza dejando inconsciente al pobre hombre. Me encontraba hambriento cansado y delante de mí la casona abierta de el hombre. No pude contenerme y entre saqueando todo lo que encontraba. Alimentos, bronce y un filoso cuchillo que coloque detrás de mi cintura. Estaba nervioso, aterrado, mis manos temblaban y mi pecho estallaba. Deseaba terminar rapido para que nadie me capturara robando. Al terminar salí corriendo y corrí sin cesar.

Me había convertido en un joven maduro, a los doce años puedo asegurar que me sentía un adulto. Ya no sentía piedad, como cuando niño. Tan solo encontraba en mi interior. Miedo, desesperación y soledad.

Recuerdo la manera desesperada en la que comí aquellos alimentos que había robado. Estaba arto de las hierbas de Uvdal. El hambre siempre estuvo en mi niñez acompañando mis días.

Seguí caminando hasta que el atardecer bajo sus ojos sobre mi camino. Me acerque a varios hogares más, algo temeroso todavía, y con más cuidado. Pero no tuve suerte, todos rechazaban mi reclamo de trabajo y los que me aceptaban, no querían a un viejo conviviendo en sus tierras. Confieso que pensé en abandonar a Uvdal y tomar aqullos trabajos, pero no pude. Sentía algo por aquel extraño anciano.

Me sentí abandonado, solo. Perdido en tierras extrañas, cansado. Sentía un rencor extraño; permanente. Que no se largaba nunca de mi interior.

La noche comenzo a inundar el paisaje. Eso me atemorizaba por demás. La noche en cualquier lugar de Suecia simbolizaba una muerte casi segura. Seguí caminando como un autómata y la oscuridad mezclada con mi exitación y cansancio me hicieron recordar en imágenes tetricas y grises, mi pasado. Los maestros de halmstad; El exilio, El campamento, y mi amigo Erok.

A lo lejos se observaban luces de antorchas; era algo inmenso; carpas, casonas enormes, centenares de personas caminando por las callejuelas de piedra de esa inmensa ciudad. Comencé a bajar por un camino incrustado en una colina dirigiéndome hacia esa ciudad. Vastervik "La ciudad de los grandes" la llamaban. A medida que avanzaba por el camino el temor me invadía totalmente. Todo era tan inmenso, tan grandioso, que no podía evitar sorprenderme. Caminaba tontamente tropezándome a cada instante, mirando todo lo que podía y más. Jamás había visto algo así.

Tomé mi cuchillo y lo oculté debajo de mi muñeca, como para sentirme más seguro. Pero seguro era lo ultimo que sentía en esos momentos.

Al entrar en la ciudad, ingrese a un mercado inmenso, donde centenares de personas canjeaban y compraban mercaderías varias. Ya era entrada la noche y el escenario era imponente, miles de antorchas alumbraban la gigantesca feria. Todo era tan grande para mí, que solo atinaba a observar asombrado.

Me aproximé a un puesto de gallinas y patos, colmado de gente. Esclame timidamente a uno de los hombres que intentaba comprar en aquel comercio.

_ ¡ Disculpe señor ¡ sabría donde puedo conseguir trabajo. Soy nuevo en la ciudad y estoy algo perdido. El hombre tenía aspecto de trabajador, su barba caía cansina sobre su pecho abrigado con ropajes al estilo vikingo. No estaba armado y entre el murmullo del gentío y casi gritando, me contesto.

_ ¡! Yo soy uno de los herreros que fabrica armas para los soldados. Ven conmigo, necesitamos ayudantes, amigo.!!.

_ ¡!Conmigo viene un anciano el podría ayudarme; solo necesita un lugar para dormir y comer!!. El hombre acepto sin reparo poniendo solo la condición de que no produzca disturbios o problemas.

Camino a la herrería me sorprendió la música que recorría el ambiente, se escuchaba el cantar de coplas alegres. Fue extraño eso para mi. Un ser acostumbrado a lugares tristes y subordinados.

_ ¡ Es gente alegre ¡. Dije con natural sorpresa.

_ ¡ Claro, los pueblos vikingos son de gran alegría!. ¿ De donde vienes jovencito, pareces ser de muy lejos?. Cuestionó el hombre de gestos tranquilos.

_ ¡ Soy de halmstad pero vengo de Bolmen la zona de el lago. ¡. Exclamé mientras caminaba a paso rapido debido a la marea de gente que nos arrastraba.

_ ¡Hace unos meses llegó una caravana de vikingos del Bolmen!. Dijo a desgano el hombre. No quise decir que esa caravana podría haber sido la mía, era el miedo de hablar demasiado frente a extraños. Estaba aprendiendo sin querer a sobrevivir.

_ ¿Dónde habitan los soldados Vikingos?. Cuestioné tratando de investigar donde podría estar Erok.

El hombre me informo que bordeando el puerto de Vastervik se encontraba la fortaleza en donde moraban los guerreros vikingos. No entendía porque mi compañero me había abandonado era algo que me hacía entrar en una confusión extraña, entre el rencor y el desamparo.

La herrería donde trabajaría, era un lugar muy amplio, colmado de cascos, escudos y espadas; el aroma a hierro hirviente llenaba cada partícula de oxigeno de el lugar. En el lugar se encontraban cinco trabajadores. Moldeaban el hierro, lo volcaban en moldes, pulían sus defectos. Era un trabajo duro y aparentemente agotador.

_ ¿ Cual es tu nombre Joven?. Inquirió uno de los trabajadores llamado Ingar "El mago de el acero", era uno de los que sería mi jefe.

_ ¡Bien joven. Tu trabajo será ordenar lo desordenado y limpiar la herrería. Tu paga será comida y vivienda que es la herrería

Al instante se acerco a mi de manera sombría y parca otro de los hombres trabajadores de el lugar. Algo sucio por el trabajo del hierro y con una expresión dura en sus ojos.

_ ¡ Trabajamos todo el día y toda la noche. Tu solo dormirás en la mañana y trabajaras toda la noche.! ¡ Somos uno de los más importantes talleres de los vikingos. Para ellos fabricamos los armamentos. Por esto, mejor que te comportes o los mismos soldados te liquidaran.!. Expresó estas palabras en forma violenta. Me trato como a un esclavo. Pero yo estaba acostumbrado al rigor y acepté sin rebeldías el trato.

Vivimos mas de dos años con Uvdal en la herrería. El trabajo era durísimo. Trabajaba tarde y noche limpiando y martillando el hierro que luego pulirían los herreros. Había olvidado como era la luz del sol. Era asfixiante convivir en esa bruma de hierro candente y ese yugo tan insoportable. El anciano me ayudaba con la limpieza y nuestra amistad comenzó en esos tiempos a hacerse fuerte.

Un día luego de limpiar el lugar me contó como fue que me abandono mi amigo Erok.

_ Tu amigo me dijo que lo ubiques en el fuerte vikingo. Tan solo eso vociferó y salió corriendo como con miedo de contagiarse alguna peste del bosque. No quise contartelo por que sabía que querrías ir a buscarlo. El problema es que en la fortaleza si un joven como tu entra, no se si sale . Si tu amigo hubiera sido un guerrero de renombre, eso habría sido tu salvación. Pero se notaba en sus ojos que era un novato y nadie te hubiera escuchado y la hubieras pasado muy mal por haberte atrevido a llamar a las puertas del lugar más poderoso de Suecia o quizás con suerte solo se hubieran reído de ti.

Era real lo que decía el anciano curandero. Un vikingo sin batallas ni prestigio no valía un saco de maíz. Yo estaba convencido que ese prestigio y esas batallas, Erok no tardaría en lograrlas.

Siempre antes de recostarme al finalizar un día de jornada. Tomaba una espada y practicaba los movimientos que sabía y los que fluían de mi alma. Los hacía a solas. Con la dormida compañía de mi espíritu extraviado.

La espada relajaba mis nervios destruidos. Expiraba en ella mi sentir y mi mas profundo dolor y odio. Escuchaba el viento y movía el acero. Escuchaba mi corazón gemir y mi espada me purificaba. Eran los únicos momentos en los que me sentía un ser de valor humano.

Una mañana mientras dormíamos me despertó súbitamente el sonido de insultos y ruidos violentos que provenían del fondo de el taller. Sin duda algo ocurría con los herreros que trabajaban.

Nos dirigimos junto a Uvdal hacía el conflicto.

¡ No hemos podido terminar las seiscientas espadas, pero juro que pasado mañana estarán listas. Lo juro.!. Decía Ingar suplicando aterrado frente a dos inmensos vikingos llenos de cólera.

_!! Malditos perros. Mañana saldremos hacía la batalla y me dices que solo tienes terminadas cien espadas !!. !!Merecen morir!!. Realmente expresaban temor esos sujetos inmensos totalmente enloquecidos con sus peligrosas espadas en sus manos y gritando dementes. Fue instantáneo, di dos pasos atrás y me escondí detrás de una de las mesas de madera de el taller.

_ !!A rrodillate rata inmunda. Cortaré tus manos por no haber cumplido con tu deber ¡!. Exclamó fuerte en su voz, el soldado vikingo, adornado con su casco de hierro labrado que a sus costado llevaban solemnes, dos cuernos de bronce dorados.

Ingar apoyó sus manos aterrado, sobre un banco pequeño de madera. Obedeciendo mansamente la orden del soldado. Los trabajadores que acompañaban a Ingar estaban paralizados de miedo. Cuando el tirano levantó su espada para cortar las manos de el gran herrero. Inesperadamente irrumpió irrespetuosamente Uvdal.

_ ¡ Vete de aquí vikingo estupido. Te costará una eternidad encontrar otro genio del acero como este si lo cortas!. El anciano demostró agallas, que en ese momento yo no tenía pues me encontraba escondido temblando de miedo.

El pedante soldado sonrió y golpeó luego con su mano izquierda el rostro del débil viejo que callo abruptamente a l suelo. Su rostro lucia atontado y perdida su mirada. Mi sangre hirvió en ese momento. Al ver esa escena sentí un odio grande que llevaba reprimido en mi sufrido corazón.

Tomé una de las espadas que dormía en una de las paredes de la herrería y me abalancé con un veloz zarpazo de mi acero, que corto su rostro filosamente profundo. En esos mismos instantes entraron al lugar mas soldados vikingos y como era de costumbre, dejaron que peleáramos hombre a hombre.

El soldado lanzó tres golpes de espada tan perfectos, que hicieron que mi pecho se desgarrara con una sangrante herida. Que mi mano soltara mi arma y que mi pierna sufriera una cortadura que la obligo a que mi cuerpo se arrodillara en el piso.

Estaba acabado, entregado a el golpe final de el vikingo. Pero fui frío, como mi tierra natal. Recordé el cuchillo que siempre llevaba en mi cintura. Lo saque y lo clavé en la pierna del maldito vikingo. El hombre cayo al suelo pero arrojando otro zarpazo que por suerte pude obviar. Me dí vuelta y me arrastre desesperado por el suelo. Herido, agitado, en busca de mi espada que yacía a poca distancia de mí.

Al tomarla sentí una vos fuerte y alegre.

_!Suelta tu espada Kanat, no es hora de practicar!. Era la vos de Erok. No podía creerlo mi amigo estaba alli. Vestido como un rey. Un casco de oro puro de grandes cuernos labrados en sus costados. Una túnica purpura que terminaba en unas botas de hierro brillante y forjado con figuras hermosas.

_!Déjenlos gritó Erok. Como si tuviera jerarquía sobre los diez soldados que colmaban el habitáculo.!.

_ ¡ El es Kanat. Mi amigo, el se jugó la vida por mí!. Dijo en tono alto y soberbio, colmado de emoción.

Miré a Erok con cierto rencor, por lo ocurrido y le pedí que retirara a todos los soldados del lugar para poder hablar de todo.

_ No puedo creer que te he encontrado amigo. Traté de buscarte por todos los sitios de Suecia y nada halle. Te he extrañado mucho Kanat.!.

_ Perdóname Kanat, era muy joven y tenía miedo y estaba muy presionado por las autoridades vikingas para abandonarte. Se que fue un error muy grave y ahora quiero compensarlo. Dijo el hombre arrepentido, pálidamente, colmado de un dolor que veía luego de tres años la oportunidad de salir para tratar de cicatrizar su culpa.

_!Ven conmigo Kanat . En estos tres años he logrado gran poder entre los vikingos!. Dijo con cierto orgullo Erok.

Cuestioné ¿de que manera lo había logrado?.

Erok se sentó frente a mí y en tono armonioso me relató su logro.

_ Hace dos años el jefe del ejercito de Vastervik, me dio a cargo un ejercito pequeño de trescientos hombres. Debido a la fama lograda por victorias que tuve comandando ejércitos en guerrillas internas con tribus rebeldes al poder del gobernador de Suecia. Con este ejercito tomamos la ciudad de Novgorod y la sitiamos por completo. Por este gran triunfo el gobernador de esta provincia que tu pisas ahora llamada Kalmar, me nombró el nuevo jefe de todas las tropas de Vastervik y Valdemarsvik.

Erok relataba su historia emocionado y orgulloso. Era lo que el siempre quiso ser; guerrero; y lo que siempre había deseado. Poder.

No entendía nada del relato de mi amigo Erok, pero captaba que se había convertido en un vikingo demasiado importante.

_ Ven conmigo y trae a tu amigo Uvdal, dijo suplicándome el maduro Erok.

Acepté al instante, no tenía otra opción más clara en esos momentos en mi mente y después de tanta miseria y rigor, encontrar a Erok en buena posición era algo que no podía rechazar.

Tomamos nuestras cosas con Uvdal y nos despedimos de los herreros que fueron perdonados por su demora. Subimos junto a Erok a un carruaje majestuoso de cuatro caballos negros y partimos rumbo a la gran fortaleza de Vastervik.

En el camino mi amigo, comenzó a dialogar sobre el mundo que vivía . El mundo normando.

_! Mañana partiré hacía una batalla contra tribus rebeldes. En la provincia de Voster Botten. Tengo ordenes de acabar con las aldeas y tribus que no responden a nuestro poder.!.

_¿La aldea de Halmstad esta en tus planes?. Alterqué con miedo, pues mi aldea era independiente a cualquier poder.

_ Cuando me lo ordenen, no dudaré un instante en destruirla. Recuerda que por ellos, hemos pasado lo que pasamos. Expresó Erok con gestos crudos y maduros en su rostro. Era obvio que el dolor y la humillación que sufrío en aquellos años en Halmstad; jamás los había olvidado.

_ Estes es un país muy salvaje y para mantener la hegemonía se necesitan guerreros excelentes. En la fortaleza de Vastervik están los mejores soldados de Suecia. Allí entrenan a los futuros guerreros de la nación. Puedes entrar allí y convertirte en vikingo al completar el entrenamiento. ¿Salvo que quieras ser un simple hombre de campo. O volver a la herrería?. Dijo el joven sonriendo sarcásticamente, con gestos engreídos y burdos.

_!El quiere ser guerrero!. Opinó Uvdal rompiendo su largo silencio.!.

Acepte la afirmación del anciano. Pero en mi interior hubiese preferido ser un simple hombre de trabajo. Nunca pude en esos tiempos seguir mi voluntad libremente.

Uvdal se veía contento; más que nunca. Se sentía feliz de estar ligado nuevamente al ambiente normando. Y cierto brillo en sus ojos se denotaba al saber que estaba en alguna forma ligado al jefe de las tropas de Vastervik.

Erok se veía maduro, realmente era un vikingo. La autoridad era el orgullo de mi joven amigo .Todo era como una revancha con los que lo habían tomado por cobarde en Halmstad. Jamás había olvidado el desprecio que le propinaron los crueles maestros de mi vieja aldea.

Luego de largo de tiempo de recorrer camino entramos a la fortaleza del ejercito de Vastervik. El fuerte estaba cercado por una inmensa muralla de piedras que culminaba en el helado Mar Báltico. En el interior del fortín observé casas hermosas, una al lado de otra. Muchas de ellas de una arquitectura que jamás había visto en mi vida.

_ ¡ Aquí viven las familias de los guerreros. Los jefes de estas, son los que hacen la ley dentro de la fortaleza. Exclamó Erok mientras ordenaba a un soldado que apurara el paso del carro.

_ Aquella que ves en la loma es mi casa. Allí paso mis días cuando no tengo asuntos con el ejercito. Mi esposa y mi hija me esperan allí. Expresó mi amigo sin gran emoción en su rostro. Duro sin expresión.

Me sorprendió como Erok rehizo su vida al contrarío de mí que solo sentía lo mismo que de pequeño; soledad y miedo. Todo era extraño para mi en ese lapso de mi pasado en que mis vivencias surcaban los dieciséis años.

_ ¡ En esa casa vivirán tu y Uvdal!. Dijo Erok sonriendo con gran entusiasmo. No podíamos creer que el anciano y yo tendríamos un hogar para vivir. Nos mirábamos llenos de emoción en nuestros sufridos ojos como expresándonos que por fin habíamos logrado paz.

_ ¡ Ese hogar no solo será tu vivienda sino que es tu propiedad por siempre pues a partir de este momento perteneces a mi famlia!. Expresó el vikingo quebrado de emoción, queriéndome decir con regalos. Perdón.

La condición para obtener esa casa era entrar en la escuela de entrenamiento de Vastervik. Pues solo los guerreros podían habitar en un hogar individual. Yo acepté positivamente a ese término. Solo pensaba en el hogar y por ser joven no medí las consecuencias de entrar en ese centro militar.

Pase algo mas de un mes en la casa de Erok; tratando de recuperarme de las heridas de la pelea en la herrería. Mi amigo tenía realmente una familia y un pequeño niño que la culminaba. El había podido hechar raíces y envidie sin odio su presente. Me sentí mas solo que nunca en esos instantes en que veía una casa y una familia. Creía que jamás lograría deshacerme de mi soledad y ese sufrir que me seguía desde niño como una condena. Siempre desamparado ante el mundo que mordía día a día más fuerte y tirano.

Teníamos con Uvdal cama propia y eso al anciano lo desbordaba de alegría. Sus gestos se habían tornado mas jóvenes y animosos y no paraba de vociferar su inmensa alegría por sentirse vivo otra vez.

Yo no pude sentir tanta plenitud; aunque quería engañarme tratando de mirar el bien estar que jamás había tenido y ahora vivía en plenitud. Pero mi maldito espíritu quería sentirse libre y buscar su camino fuera de la condenada espada. El vacío habitaba en mi como un duende dormido que no quiere irse de su mortecino lecho. Pronto debería ingresar a la fortaleza vikinga y eso realmente me ponía nervioso y con mi mente alterada y algo aterrada.

Uvdal me observo y me pregunto que me ocurría; pues me veía mirando al suelo como un condenado a muerte. _ ¡Tengo miedo!. Exprese sin mirar a los ojos al viejo. _ No se a donde iré y estoy harto de las armas. Dije con mi vos apagada y gris. El anciano me observo y seriamente dirigió sus palabras hacía mi.

_ ¡ Vence el miedo hoy Kanat; El es el verdadero enemigo en esta terrible vida que te toca vivir. El destino te dio una oportunidad de ser libre algún día a través de las armas. No la pierdas.! Sabes bien que en estas tierras solo tienen libertad y dinero. Los dueños de las tierras y los Soldados de jerarquía. Elije hoy. Sigues como mendigo y sin esperanzas o Enfrentas tu destino.

_ ¿¡! Acaso no puedo ser un simple campesino y disfrutar de mi trabajo!! ¿. Dije algo nervioso.

_ ¡! Sabes bien que hoy en día solo puedes trabajar por comida y una cueva para dormir; como un esclavo.

Sigue tu destino con los Vikingos. Si triunfas, tendrás campos, dinero y bien estar para tu vejez. Expresó el viejo de manera calma y pausada.

¿Y si muero en cualquier batalla?. Dije tristemente.

Una pausa se adueño de el lugar por unos instantes. Uvdal me dijo algo emocionado. _ Tienes la opción de marcharte y perder todo esto. Solo te digo que si decides alejarte. Yo iré contigo y te acompañare siempre, hasta que no me necesites más. No me importa nada, si tu que me hiciste vivir te alejas de mi vida.

El curandero me hablo a su parecer y de corazón y entendí en ese momento; que Uvdal sería algo demasiado importante en mi vida.

Pensé en Huir esa noche pero me aferré a mis cualidades de guerrero y otra vez seguí a mi espada y su maldito camino.

Al otro día Ingresamos a la poderosa fortaleza de los guerreros de Vastervick. Había un campo dividido por 3 murallas gigantescas de piedras apiladas color grisáceo de aspecto antiguo. En el terreno dividido se encontraban creo que mas de mil guerreros que asistían al gran entrenamiento para ingresar a las fuerzas vikingas.

Al ver a Erok varios jefes instructores se acercaron corriendo a atender al gran jefe de las tropas de todo Vastervick . Se dirigieron hacia mi amigo llamándolo "Rollon Erolf" ese era un nombre logrado por el en la llamada por ellos "Gran Batalla de Novgorod" donde Erok logro la jefatura de la ciudad.

El Gran Erolf era un hombre de grán talento. Su mirada lo expresaba. El había logrado en poco tiempo lo que solo los grandes obtienen en el transcurso de una vida.

Erok elevó su brazo izquierdo y los miles de aprendices se formaron en interminables filas que prolijamente impactantes, se dispersaban correctamente por el amplio campo sembrado de bajos pastos verde oscuro.

El gran jefe habló y cada una de sus palabras era repetida por dos instructores. Así el mensaje de el jefe se oiría claro entre las filas vikingas.

_ ¡! El es Kanat!! Dijo potente y seguro mi amigo. _ ¡!El me siguió en un injusto exilio donde solo me esperaba la muerte. Y lo hizo sabiendo que posiblemente moriría. El puso en juego su vida por mi!!. Expresaba el hombre con gran autoridad y cargado de emoción. Mientras mi sorpresa se encendía a cada palabra de mi amigo. No podía creer lo que estaba escuchando.

_ ¡!Maestros aquí les entrego a un gran valor para nuestras fuerzas!!. Y culmino su breve discurso ante la atenta mirada del gentío que observaba en rotundo silencio al comandante.

Luego de esto Erok me hablo como despidiéndose. _ Cuidate Kanat. Estos son lugares muy duros y de alto entrenamiento. Aquí están los jóvenes más salvajes de Suecia. Su espíritu es el que mantiene vivo el poder de Vastervick y sus vikingos.

Mi amigo se marchaba a Dinamarca por algunos meses. Me sorprendió conocer esa noticia pues recordé en ese instante mi niñez y como los Rojos daneses atacaban a nuestras costas en mi aldea de Halmstad. Mi compañero Erok me contó que vastervick y Dinamarca tenían una provechosa y estrecha amistad. Sus intereses eran comunes y Erok estaba liderando esa alianza con el poder Danés.

Un maestro instructor se acercó a mi. Un hombre alto, de edad medía. Su largo cabello rojo se deslizaba hasta su delgada pero fuerte cintura. Sus ojos parecían haber navegado varías batallas. Sus ojos sin luz, huecos. Sin profundidad; colmados de rencor y crudeza. Su cuerpo estaba cubierto de pieles y cueros marrones y negros y seis grandes brazaletes de oro adornaban su fibroso brazo izquierdo.

Nunca olvidare su horrenda mirada. Nunca.

_ Quien eres Tu? . Me pregunto gritando, prepotente y autoritario frunciendo con furia sus cejas rojizas.

_Soy un nuevo aprendiz. Dije tímidamente ante la fuerte presencia de aquel hombre. _ Tu un aprendiz ¿ . Dijo sonriendo endemoniado aquel grotesco hombre. _ Tu quieres ser un soldado de vastervik??? Repetía humillándome con su sonrisa que no abandonaba su vil rostro. Reía acompañado de rudimentarios movimientos de su enorme boca que mostraba su opacos y gastados dientes amarillos. _ ¿ De donde eres saco de piojos?. Arremetió nuevamente. _ ¡Soy de halmstad!. Conteste seriamente con mi respiración profunda y temblorosa. El hombre cambio la expresión de su rostro, como si conociese aquella aldea y grito entonces enloquecido. _ ¡!Halmstad es rebelde a las ordenes de los gobernadores!. El hombre se acercó hacía mí tratando continuamente de intimidarme con su gran altura. _ ¡Ya no soy de esa aldea! . Conteste rápidamente tratando de aliviar la situación.

_ ¡Seguro que no! Halmstad no acepta cobardes ni inútiles en sus tropas. EL hombre conocía mi aldea y queria indudablemente humillarme.

El guerrero comenzó a insultarme de todas formas _ ¡ No sirves ni para limpiar el escudo de un vikingo, basura inútil, cobarde. Vete de aquí ahora mismo!. Gritaba fuera de control. Movía bruscamente sus enormes manos tratando de echarme de aquel lugar. Pero yo me quede alli, inmóvil. No por valiente, sino por que estaba paralizado de miedo. No entendía que ocurría. Estaba confuso y me sentía totalmente abandonado en aquel extraño lugar. El hombre al ver mi aparente actitud lanzo violento un tremendo puñetazo en mi rostro que estalló en sangre y me hizo caer al suelo gris que se teñía de rojo.

_ ¡ Fuera o el proximo golpe te arrancará el corazón maldito!. Exclamaba descontrolado el imponente ser rojizo.

Me levanté lentamente y continué parado en la misma posición que estaba anteriormente. Paralizado de miedo y absorto. Mi nariz y mi boca sangraban de manera abundante y el hombre no tardo en golpearme nuevamente con su mano izquierda. Su puño se clavo en mi mandíbula que crujió terriblemente. ¡Que golpe tan fuerte. Sentía que mi cabeza iba a estallar!. Pero tambien estalló dentro mío el odio que se encendió de las cenizas cubriendo mi alma y mi mente totalmente. En ese instante golpeé sus genitales con todas mi fuerzas y el hombre cayo colmado de dolor y de sorpresa; pues juro que jamás espero esa reacción de mi. Luego el maldito vikingo se abalanzó hacia mi y me cubrió con su cuerpo tomándome con su mano derecha de mi cuello; en su otra mano una daga amenazaba con clavarse en mi humanidad. En ese mismo instante sentí un grito estridente de uno de los maestros que corría desesperado hacia nosotros. _! No Grasso, No!. El joven fue traído por Rollon. ¿ Estas Loco?.

El hombre que había querido asesinarme se llamaba Grasso e inmediatamente al escuchar el nombre de ROLLON sus gestos cambiaron de manera mágica. El maldito se disculpó conmigo y los maestros y alegaba que estaba probando mi carácter.

El Maestro Torma se disculpo decenas de veces y me decía constantemente que perdonara a Grasso por su conducta.

Me sentía como una débil hoja perdida en la tormenta. Me levanté de aquel suelo y respiré hondo resignado a mi destino. Mi alma tenia el sabor del miedo y la angustia. No se por que no escapé ese día. Tal vez sentí una brisa cálida que era la esperanza de que quizá esa fuera mi llave para salir de mi pobreza. Eso me detuvo a escapar y las lejanas palabras de Uvdal carcomiendo mi mente confusa. Mi espada me llamó en ese momento y su grito cruel y compañero me hicieron creer que podía ser un guerrero. Su filo y autoridad me hicieron sentir que podría lograr poder con ella. Me sedujo como una mujer y me dijo que podía ser "El mejor".

El maestro Torma uno de los de mas rango dentro del fuerte me trataba de convencer de que Grasso era un gran maestro de lucha y que aprendería mucho con el. Cada una de sus palabras estaban cargadas de excesivo respeto. Era obvio que mi amistad con Erok me daba ventajas en aquel complejo lugar.

La estadía en la aldea fue trágica. Mi amistad con Erok fue mi condena; pues todos los aprendices me trataron como basura por creer que mi relación ayudaría a convertirme en soldado vikingo.

Los jóvenes del lugar eran salvajes; muy parecidos a los niños de mi antigua aldea, pero con la diferencia de que ansiaban la guerra. Su espíritu era alegre y muy enérgico totalmente contrario a los niños y jóvenes de mi aldea. Me maltrataron de manera muy cruel; los insultos, los objetos que me tiraban, la discriminación eran algo que ya se había convertido en algo común en esos grises días de mi juventud. Cuando mas beneficios me daban los maestros del fuerte, más despiadados eran los castigos hacia mí por parte de los aprendices.

Me sentía tan perdido y entregado al destino que hasta había perdido mi personalidad y mi honor, al soportar tanto castigo y humillación. Pero un día todo se fue de control. Uno de los maestros me había concedido el honor de poder capitanear una de las barcas con las que entrenábamos estrategias y técnicas de navegación. Ese privilegio lo lograban solo los alumnos que eran excelentes en la acción y tenían mas de dos años de antigüedad. Y a mi se me había concedido con no más de cinco meses de entrenamiento. Al volver a la casona ese día observe a el maldito maestro Grasso en la puerta; el hombre me había tratado con fiel rencor en todos los entrenamientos que el me daba; Grasso me odiaba por ser un privilegiado en el fuerte.

Al entrar a la casona donde dormía con otros cuarenta jóvenes; sentí que el portón de madera del lugar se cerraba abruptamente. Instantáneamente mas de veinte aspirantes saltaron sobre mi y comenzaron a golpearme con sacones muy pesados de arena. Después de algunos golpes, solo recuerdo vagas imágenes. Mi cuerpo flacido moviéndose al ritmo de cada brutal golpe. Los impactos eran tan fuertes que ya no sentía dolor, solo ansiaba morir. No gritaba ni lloraba, mis ojos se habían cerrado y era imposible abrirlos. Recuerdo ciertos gritos que expresaban que esa golpiza era por el trato especial que tenia en la fortaleza. Recuerdo también a Grasso murmurando con los agresores. El estaba involucrado en esa acción y la había planeado de pies a cabeza.

Al otro día desperté y no se para que, pues hubiera preferido estar muerto. Recuerdo que me levanté y mis piernas temblaban y mi cuerpo se tambaleaba estrellándose contra las paredes de la casona. Mis oídos sordos solo escuchaban el latido de mi corazón. Cada latido hacía estallar de dolor mi cabeza. Era increíble estaba todo golpeado y no tenía una sola marca. Cuando salí de allí el sol ya había amanecido detrás del mar y todos habían ya comenzado el entrenamiento con Grasso. Mareado llegué hasta allí; somnoliento y con mi boca reseca, sin sentimientos. Vacío.

Al verme los aprendices, sonrieron con maldad. Grasso me cuestionó en modo perverso _ ¿Qué te ocurre Kanat estuviste bebiendo? Y trataba de refrenar su risa burlona. Recuerdo que tomé el mango de mi espada sin contestar y comencé a realizar la practica de lucha cuerpo a cuerpo. Allí sabían muchas técnicas de lucha que jamás había realizado. Enfrente mío estaba uno de los jóvenes que me había golpeado la noche anterior. Me superó en cada acción. Yo estaba tan lastimado que no tenía fuerzas para sobreponerme. El maldito pateaba mis costillas, golpeaba mi rostro con sus puños y hacía que mis rodillas cayeran continuamente en la tierra. Mi mente quería reaccionar pero mi cuerpo no podía. Al ver esto el maestro se acerco. Y con su vos pedante y grave vocifero _ ¿Qué pasa eres estúpido o inútil? ¿ No puedes aprender, pedazo de basura?

Había soportado bastante; Demasiado tiempo el desprecio de los que me rodeaban. Mi corazón a medida que pasaba el tiempo toleraba menos el rigor y cada mes que corría permitía menos las injusticias.

Fue un movimiento bruto y exacto; una reacción natural. Mi mano derecha desenfundo mi espada que colgaba en mi pierna izquierda y con un giro perfecto y veloz como un relámpago; como tan solo los guerreros de halmstad podían hacerlo; lastime con un zarpazo la rodilla y la mano izquierda del joven. Grasso me insulto gritando sorprendido _ ¡¿que has hecho idiota?1!. Lo miré directo a sus ojos sin respeto, parecía que el odio había renovado mis energías. Y dije en con mi vos apenas perceptible debido a los golpes. _¿ Conoces a Erolf? ¡El limpiara tu sangre de mi espada si no me tratas como lo merezco!. Grasso se retiro con el lastimado aprendiz con su vista totalmente baja.

Entendí en ese instante que usaría el nombre de Erok para salir vivo de ese infierno. Vi en esos instantes a mi amigo como una escalera para avanzar y poder alcanzar lo que quería mas rápido.

Camina mi alma en la noche lenta y cansada. Su oscuridad te envuelve y te embriaga, es real como los gusanos que trepan acariciando mi espada. Mi vista se hace pesada y se nutre de esa oscuridad. Por mi noche camino con mi soledad y eso es lo único real; como los gusanos que tratan de comer mi alma ¿Acaso esto es lo único real? ¿En el día esta es mi realidad?. ¿Cuándo aparecerán los seres, los aromas, los colores que borren lo único que conozco? esta oscuridad vacía y colmada de llanto; tan hambrienta de paz. Los sentimientos ya no son, pues el mundo me pisa. Me entregaran algo por algo. Me quitaran algo sin algo. Y mi vista sigue pesada y la injusticia clava sus talones de hierro en mis párpados. Miles de asesinos prenden con sus garras mis pestañas y toda la tragedia de los muertos por crueldad me incrusta su karma en mis pobres manos agotadas. Mis piernas ágiles que corren donde no hay camino. . Mi espada cubierta por una capa de luto ; muere y resucita con hambre con ansias de algo que no conoce. Así me sentía en esos tiempos. Así de triste

El mismo día del problema con Grasso regresé a mi hogar hecho un desastre; casi no podía mover mis piernas ni mis brazos.

Erok se encontraba ya en el hogar; había regresado de su importante viaje a Dinamarca. Cuando se entero de todo lo que me había ocurrido directamente me monto a su carreta y me llevo nuevamente al fuerte. Fue algo trágico y hasta desagradable de describir. El gran jefe busco a Grasso y este lo enfrento con valentía dado que se trataba del máximo jefe de halmstad.

Para que dar detalles, Erok tiró su espada para enfrentarlo y aunque el maestro Grasso estaba con arma nada pudo hacer contra el enloquecido Erok que golpeo tantas veces el rostro de grasso con su puño derecho que desfiguro rápidamente su pobre rostro. Al vil maestro tuvieron que matarlo luego por lo lastimado que estaba.

Erok reunió a todo el fuerte de manera urgente; jamás lo había visto tan enojado. Su rostro estaba rojo por la cólera.

_ ¡ Kanat a partir de ahora es mi brazo derecho y todos se inclinaran hacía el. Por que nadie tiene ni la mitad de el honor de este hombre! ¡Han maltratado a un ser que ha salvado a su jefe!. Erok se retiro enérgico de la fortaleza. Los maestros lo siguieron tratando de calmarlo pero era inútil. Ese día comprendí lo que significaba para Erok. El jamás se perdono el haberme abandonado en el bosque y me trataría de dar lo mejor de el.

Luego de estos crueles hechos Erok me dío la noticia que canviaría mi vida en el futuro. Partiríamos hacía Dinamarca; a la ciudad de Esberg. El gran Erolf Uniría sus tropas con las de Sigefredo; Uno de los Vikingos más poderosos de esos tiempos; este dominaba el poderío Danes. Hacía ya varíos años que intentaban conquistar la totalidad del río Senna y las regiones que este atravesaba, pues la actividad comercial de esa zona era única. Sigefredo necesitaba las Fuerzas de Erok para completar su degastado ejercito con varías bajas por los fallidos ataques a Inglaterra.

Sería un Vikingo y partiría hacia la guerra y eso era algo que golpeo de manera brusca mi cansada alma. Uvdal vendría conmigo gracias a la invitación e insistencia de el anciano en embarcarce hacia nuestro destino.

Esas semanas de preparación en las que yo me recuperaba de los golpes del fuerte. Mi ansiedad y angustia se apoderaron de mí y nuevamente el anciano Uvdal vino a rescatarme de mis temores; como un guardia de mis sentimientos. El ultimo día antes de partir la tentación de escapar toco a las puertas de mi corazón nuevamente y mi espada otra vez marcó el camino contrario a mis sentimientos.

 

 

Capitulo 2

"La Guerra"

 

Al otro día, Erok nos llevó hacia el puerto de Vastervik. !Me impresionó tanto ver esa imagen!,treinta y tres barcos guerreros

de ataque; estos eran usados para navegar velozmente en los actos bélicos, eran angostos y largos, colmados en sus costados por remos de madera tallada, como también la proa y la popa que deslumbraban una obra en hierro de un dragón con dos imponentes cuernos adornados con piedras preciosas; cada una de estas barcas albergaba a veinte soldados. Estas naves estaban acompañadas por veintiséis navíos de imponente tamaño en donde vivirían mil trescientos vikingos. Cada navío tenía amarrado en si a varias de las barcas guerreras, era una flota poderosa, descomunal.

Cientos y cientos de guerreros cargaban las provisiones y las armas

para el largo viaje hasta Esbjerg, Dinamarca.

Partimos rumbo a la temible tierra danesa

Era ya entrada la noche y las nubes grises nos miraban con angustia de lluvia. Uvdal, Erok y yo abordamos la nave Thor, la más grande de todas. En una de las decenas de habitáculos, nos encontrábamos acompañado por tres soldados de alto rango y respeto entre los vikingos; Link era el capitán de la flota "de los guerreros de Rollon"un ser delgado y espigado por demás, que bebía continuamente tinajas de exquisita cerveza sueca; sus cabellos eran tan largos como los mares que había surcado en su vida de marino vikingo; hombre de gran sentido del humor, su cara estaba siempre acompañada por una desprolija y embriagada sonrisa contagiosa. Overto era el guardián de Erok, un individuo gigantesco, nunca conocí un hombre tan fuerte y duro como aquel; de barba rojiza obscura y cabellos rojos acompañados por débiles pelos blancos que caían largos por su cuerpo fornido y obeso . Eltercero de ellos era Kaposv un combatiente supremo, había pertenecido en el pasado a una tribu de Magiares, los temibles ogros de Hungría, misterioso humano, siempre acompañado de su respetable silencio; de tez blanca pálida y rostro curtido, con sus ojos levemente rasgados debido a una raza mezclada por húngaros y mongoles.

-! Llegaremos en uno o dos meses!- exclamó Erok mirándonos -! Kanat, quiero que sepas que eres como un hermano para mí y que daré mi vida por ti siempre; eres en la única persona que confío por que cuando yo no era nada, tu con tu niñez te jugaste por mí. Quiero enmendar él haberte abandonado en ese bosque, eso es algo que nunca me perdonaré!- dijo Rollon mientras tomaba un sorbo de vino tinto con sus ojos colmados de emoción.

-! Ya has hecho demasiado por mí, no tengas culpa, pues ya no te tengo rencor!- repliqué con calma.

-! Si no te hubiera dejado en el bosque no te conocería, Kanat! comento Uvdal, sonriendo -¿Sabes Rollon? Kanat se jugó por mí y me sacó del bosque de los muertos; el joven Kanat recorrió un largo camino solo y junto a mí para llegar a Vastervik!-agregó el anciano mirando vagamente a Erolf.

-!Hemos recorrido un camino triste los dos!- asintió Erok, afligido, - pero valió la pena, ahora estamos con poder para vengar nuestras tristezas e injusticias!-exclamó ferviente y rencoroso el jefe de Vastervick.

-! Quizás para ti valió la pena, mas para mí todo es pena; no le encuentro sabor a la guerra y el poder jamás lo conocí, tan solo conocí la soledad y el desprecio!- apunté con nerviosismo -! Ya sabrás lo que es el poder, pues eres mi mano derecha y todos se hincaran a nuestros pies! dijo Erok en vos potente y embriagada en vino. En ese instante, pensé como en muchas otras ocasiones del pasado en la fortaleza; ¿Por que no pedirle un saco con dinero y marcharme para siempre con Uvdal? Y así comenzar una vida nueva, él pagaría él haberme abandonado y yo sería libre. ¿Por que Uvdal no me aconsejó nunca pedirle dinero a Erok y si me sermoneaba con que mi salida única era lograr poder entre Vikingos?.

Creo que era lo peor que le podía decir a Erolf; no cabría en su mente el no ser guerrero; nunca le pedí dinero para largarme, creo que jamás me lo hubiera dado, no por malvado sino que su manera de sentir era de la guerra y su orgullo era ser Vikingo y él quería eso para mí; poder. Pero siempre dudaré si me hubiera dado el dinero o no; él me ofrecía su ayuda a cambio de seguirlo como guerrero Vickingo; yo captaba eso con fuerza y no tenía otro camino que seguirlo.

Me sentía tan extraño, todo había sucedido de una manera ilógica; estaba embarcado hacía una tierra desconocida, junto al jefe de Vastervick, rumbo a la guerra, una guerra sin sentido para mí; tan solo avanzaba y avanzaba hacía un futuro incierto.

Esa noche, Erok se acercó a mí y me dio un obsequio; un escudo de hierro brillante como el sol, del mas fino y fuerte metal que jamás habían visto mis sufridos ojos; en él estaba labrado un lobo alado y debajo tallado mi nombre,"Kanat el Rápido".

-! Lo mande a fabricar para ti, es un gran escudo!- exclamó mi amigo con orgullo en su boca.

-! Pero a ese escudo le falta algo!- interrumpió Uvdal, mientras sacaba de una bolsa de tela amarillenta una espada. No lo podía creer el viejo me había obsequiado su exquisita espada de acero noble, fulgurante y mortal, con el mango de oro acompañado de dibujos de color negro y siete pequeñas esmeraldas que lo adornaban con clase y estilo. En la hoja del filoso armamento su nombre tallado, "Uvdal". En tanta tristeza el camino me había dado dos grandes amigos.

Las semanas pasaban lentas y heladas, el mar castigaba a la flota con desdén, con odio; las tormentas eran diarias, comenzaban con leves lloviznas y en la mayoría de las veces estallaban en la noche, acompañadas del enérgico viento gélido del Mar báltico.

Pasábamos el día dialogando de la guerra y los planes de Erok en Francia; en las noches todos terminábamos borrachos, luego de cantar y reír al compás de unos tambores. Tantas cosas pasaban por mí menté; la muerte, el miedo; por que cuando se vive un momento de paz, por más pequeño que sea, uno se amarra a la vida, aunque esta no sea buena.

Los momentos del viaje los pasábamos los cinco; Erok, Uvdal, Overto, Link y Kapovs; la demás tripulación estaba aparte.

 

-¿Crees que vivirás en esta guerra? ;me dijo Kapovs una tarde, con su voz fina y disfonica.

-¿Que importa? solo sigo sin sentido; Contesté con desgano.

-Todo tiene un sentido, yo no tengo nada, solo mi espada y mi valor;

Lo único que busco es apagar el dolor y el odio que hay dentro mio, y esta guerra me da paz; matar apaga mi odio y mi soledad, no importa morir, no importa... ;Agrego sin expresión en su rostro, mirando hacia el horizonte del verde mar.

-¿De donde sacaras valor para combatir, si no tiene nada sentido para ti?;replico el húngaro, mirándome a los ojos

-No lo sé, no tengo animo, no tengo amor, no tengo metas; contesté con resentimiento.

-! Pero tienes grande el corazón y con él puedes buscar tu alma que este sea tu sentido, encontrar tu felicidad, tu amor y tu alma!.Yo alguna vez lo tuve y me crié en la nada y pude encontrar la felicidad, el amor y mi alma; lastima que todo eso me lo quito la muerte y ahora estoy como empecé, sin nada. Manifestó Kapovs con su vista baja y sufrida; Parecía que tenía muerto el corazón en vida.

-¿Por que me dices esto? ;cuestioné resignado.

-Por que puedo ver de lejos a los que tienen fuego en su corazón; pero fuego de paz real. Respondió el guerrero enérgico.

Esas palabras siempre quedaron en mi memoria hasta hoy en día.

 

Después de seis semanas de viaje, una mañana percibí gritos violentos en la proa; Overto estaba insultando a uno de los soldados del navio; me acerque y divice que Uvdal estaba tratando de calmar la contienda.

-! Estúpido, mereces morir, tiraste mi cerveza; te aplastaré con mi martillo, idiota! ;clamaba el guardián de Erok enfurecido.

-!Fue sin intención, gran guerrero, sólo fue una torpeza mía, ten piedad de mí! ;suplicaba el recluta colmado de pánico.

-Déjalo ya Overto, el hombre solo tiró tu tinaja por error; discutía Uvdal con serenidad; pero esto encendió aun más la colera del gigantesco guerrero.

-! Quítate del medio, maldito viejo o limpiaré la sangre de este inútil con tu sucia barba! ;Uvdal canjeo su expresión por ira y detrás de su cintura, sacó un puñal, con el objetivo de hundírselo al agresor; el anciano tenía valor, pero fué lento y Overto tan solo con empujarlo, hizo que Uvdal cayera al piso estrepitosamente. Que mala suerte la mía, llevaba ya algún tiempo sin entrometerme en complicaciones, pero podían tocar cualquier cosa menos a Uvdal y lo hice; desenfundé mi espada y exclame en tono potente.

-! Hazlo con migo gusano! ;tenía miedo y una cólera ferviente; el hombre sonrió y exclamó en tono burlón.

-! Eres el amigo de Rollon y sabes que nadie puede tocarte, por eso te enfrentas a mí!.

-! No! ;interrumpió la voz de Erok; si tienen que pelear, peleen; yo no tengo nada que ver en las disputas de honor, ni de Kanat, ni de ti, ni de nadie; pues no tengo autoridad sobre el honor de un hombre.

Los soldados vikingos se iban agolpando, para ver la riña. Rollon había aparecido como una sombra de la nada.

-!-! No Erok, Kanat solo me defendió, sabes que si pelea con él morirá!

Interrumpió Uvdal mientras se levantaba del suelo algo golpeado.

-! Entonces decidan ustedes dos, si vale la pena morir por esto! ;apuntó Erolf con nerviosismo.

-! Sí que lo vale! Grito enajenado Overto. !!Nadie me desafía sin tener como premio la muerte!!.

Realmente mi sangre se heló; ver a ese ser inmenso en ese estado tan irritable, daba pánico hasta al más valiente; pero antes de que pudiera sentir algo mas y apenas luego de las palabras de Overto, encontré a lo lejos el rostro de Kapovs y pude leer sus labios que dijeron sin voz. !!Ahora!!.Fue instantáneo cuando el Guardián de Erok ni se disponía a tomar su arma; con mi espada ataque con tres zarpazos excelentes y rápidos como el viento; el primero en su rodilla izquierda, el siguiente en su brazo derecho y el ultimo y acompañado por un giro termino desgarrando su oído zurdo. Se desplomo como un gigante hacia el suelo; pude matarlo. Lo tenía a mis pies; la bestia no gritaba, ni lloraba solo se sostenía su cabeza y decía -! Mátame, anda. Mátame!!. Todos los vikingos quedaron en un silencio profundo, solo se escuchaba al mar y al viento frío; miré a Erok como buscando una respuesta; pero el solo bajó su vista. Nunca había matado a nadie hasta ese momento y tampoco lo hice en ese instante; cuando guardé mi arma todos los normandos agrupados comenzaron a corear mi nombre; Erok se acerco a mí y me dijo.

-Entre los vikingos de Rollón, tu debes ganarte el prestigio y lo estas haciendo; por eso no detuve la riña; Jamás te protegeré entre vikingos.

-Estoy acostumbrado a andar sólo; no necesito a nadie y espero que tu guardián se muera lento; dije agitado; cada una de mis palabras estaba cargada de rencor.

Desde aquel día, todos me respetaban en el barco y no por ser la mano derecha de Rollón, sino por mi valentía o mi habilidad. Overto sobrevivió a las heridas; era un hombre duro; luego de esta contienda el guardián y yo quedamos sin odios, ni rencores por el momento; indiferentes.

Ya pasando las siete semanas de rumbo; desperté en la madrugada; escucharon mis oídos unos cánticos extraños que venían desde la popa de la nave, me acerque y vi algo horrible; estaban diez hombres rodeando a un hombre atado y acostado en el piso de madera obscura; cantaban a THor y la ofrenda era la caveza del humano amarrado. Cuando uno de los guerreros levanto su acero, para darle fin al horrendo ritual; vociferé desesperado -! Alto! desenfunde mi espada y corté limpia y espantosa su mano diestra; Estaba enloquecido; un hombre iba a morir por un ritual que no comprendía; uno de los que estaban en la ronda mística, quiso sacar su espada y antes que lo hiciera, creo que su cuerpo recibió mas de seis cortes consecutivos de mi noble arma. Me detuvo Erok cuestionando sorprendido -¿Qué ocurre Kanat, que esta pasando?

-! Querían matar a este hombre sin fundamento! ;replique convulsionado.

Los hombres que se habían aglomerado en el lugar, comenzaron a reír sutilmente.

-! Kanat, estos son los rituales que hacen los soldados; entregan una ofrenda a Thor por protección; son costumbres. !.Dijo sonriendo

-! Pues no quiero que un vikingo muera por un dios que nadie sabe si en verdad existe!.Esclamé histérico

-! Esta bien. El próximo que realice un ritual de muerte, con la muerte lo pagara ¿ entendido? ;vociferó Erolf.

Fue así, ese día comprendí que mi palabra tenía demasiado valor para Rollon y por consiguiente para los Normandos de Vastervick; nunca mas se realizaron rituales en donde yo habitara; mi voz había sido ley.

Se cumplieron dos meses y dos semanas cuando llegamos a Fredericia

un puerto de gran importancia en Dinamarca. Alli acampamos tres días, para buscar provisiones, reparar los navíos y que los vikingos buscáramos mujeres para calmar el hastío del mar y la tensión de la guerra. Luego continuamos el viaje rumbo a Esberg; tomamos por el estrecho de Kattegat; muy cerca de Halmstad mi antigua aldea; entramos en el enfurecido y ventoso Oceano Atlantico, Hasta llegar a nuestro destino; Esberg"La tierra de Sigefredo".

El recibimiento fue imponente; todas las hordas más importantes de Sigefredo estaban allí mas de diez mil guerreros todos en fila, rendían homenaje a la llegada de Rollon Erolf y sus tropas de Vastervick; todos los hombres clamaban al unisono -! Sigefredo!! !!Rollon! ;era impactante sentir esa energía; parecía que la tierra bibraba; primero descendio a la orilla Erok, detras del marchaba Overto, luego del guardian seguia yo; detras mio Link y Kapovs por ultimo, siguiendo al hungaro doce hileras con los mil trescientos soldados suecos.

Sigefredo y Erok se abrazaron y pareció que el tiempo se detuvo un instante; era dificil de entender en esos años que existiera un hombre tan poderoso como Sigefredo"El magnifico"; era un hombre maduro, de unos cuarenta y cinco años; de aspecto fuerte; su piel estaba demasiado curtida por el sol y los años de guerra; de mediana estatura; no poseía armas, mas su arma era su tremenda mirada; era increíble el respeto que emanaba ese normando con su precencia; el era en esos tiempos uno de los más poderosos conquistadores Vikingos de los países del norte. Se había afincado en el río Sena

tomando varias ciudades y pueblos importantes de sus horillas; Llegó a saquear París aunque fue al final expulsado; tambien arrasó con varias ciudades de Inglaterra; era en verdad el normando que más poder habia acumulado; recivia tributos de Inglaterra y Francia para que detuviera sus ataques horrendos y devastadores.

Era el año 898,yo surcaba mis veintitrés años o veincuatro nunca supe exactamente el año en que nací; algunos maestros de Halmstad decían que había llegado al mundo en el año 875 y otros en el 876; era dificil saberlo en esa cruel e inhumana aldea.

Estaba en Dinamarca; Sigefredo nos había alojado en un castillo hermoso de Esberg.Nunca había visto tanta riqueza; era como una fortaleza de lujo. Había escaleras del más fino estilo; seda, oro, piedras preciosas; habitaciones tan esplendorosas que parecia un sueño. La habitación que nos otorgaron a mí y a Uvdal era digna de admiración; ventanas de cristal, cortinas de seda color purpura; pisos de fino marmol negro y blanco y dos camas de oro labrado, era fantastico. Uvdal estaba tan feliz que cantaba todo el dial bebiendo vino y cerveza de calidad. Comiamos como cerdos; pavo, venados, corderos y tambien frutas uvas, manzanas, frezas, naranjas; esas tres semanas que permanecimos en el torreón de Esberg fue vivir la vida de una manera estrepitoza. Nos ofrecían mujeres por cortesía de Sigefredo y bebida por demás; esas semanas no recuerdo un día o una noche sin estar ebrio; era una evacion aturdir mi mente para alejarme de la pena y la guerra; en los mediodías nos juntabamos con Kapovs, Link y Uvdal para comer y beber; todos reíamos a pesar de la muerte y las tristezas que a cada uno le golpeaban; era reír como un tonto por fuera, mas llorar por dentro sin consuelo; por que la bebida no ahogaba la pena y la angustia de mi corazon.

No vi en esos días a Erok, hasta la noche antes de embarcarnos rumbo a Francia.

Esa noche en una gran sala escuchamos las instrucciones de Sigefredo y Rollón; estaban todos los Jefes de las diferentes huestes. Treinta Jefes que conducirían a cinco mil hombres, pertenecientes a "El Magnifico" y dos jefes que tendrían que acarrear a mil trescientos guerreros, fieles a Erolf; los mismos eran Link y Kapovs

La voz del anfitrión se escuchaba con infinito silencio.

-! Zarparemos en tres veces; la primera será las treinta y seis naves de ataque de Rollon acompañada de diez de sus navios mayores y veinte navios de mi regimiento junto a setenta naves de guerra. En la segunda partirán el resto de los navíos mayores de Erolf y cien barcas de ataque junto a cincuenta naves mayores de mi poderío y en la tercera; cien navios mayores junto a doscientas naves de ataque!!.

-! Llegaremos a Francia a la ciudad de Le Harve, que esta bajo nuestro poder hace mas de veinte años; de alli avanzaremos por el Río Sena arrazando los poblados que no son nuestros; luego el objetivo es tomar la ciudad de Sotteville y si logramos ese punto, podremos atacar con mas facilidad la ciudad más importante del Sena; Ruán, el foco más grande del comercio de la zona. !!

-! El objetivo es Ruán! exclamó Erok al ver que Sigefredo había concluido con sus instrucciones

-! Las estrategias serán estudiadas en Le Harve y dadas a ustedes; los jefes de las tropas!. !!!Que mueran los francos! Vocifero el gran jefe de Vastervick. !Que mueran! ;pronunció todo el salón.

Esa noche todo el mundo de la guerra cayo sobre mil todos estabamos serios y apenas deciamos algunas palabras; Link miraba sus puños y tarareaba una cancion de guerra; su expreción era de miedo, ese panico que se esconde debajo de un rostro sin luz, sin esperanzas. Kapovs lustraba su espada con angustiantes movimientos duros y fríos. Erok repasaba unos mapas junto a Overto que bebía en sepulcral silencio un trago de vino tinto; se oía cada vez que tragaba, entre el murmullo ese somido hacía que el escenarío fuera tetrico, cargado de tensíon. Uvdal y yo ordenábamos algunas provisiones personales, para el largo viaje.

Sentí miedo esa noche; es que parecia que todos predecian que la muerte los esperaba en Francia; la mision era arriesgada.Comenzé a tiritar de nervios; trataba de disimularlo pero era imposible; mis manos y mis piernas temblaban flojas. Otra vez mi espada me condenaba a seguir su triste sendero; otra vez sería victima de su desición. Uvdal se veía tranquilo; que miedo podía tener alguien que había vivido todo; desde la vida hasta la muerte en vida.

Nos embarcamos el primer día; link zarparía en el segundo a cargo de las naves restantes.

La helada de esa mañana fue descomunal; partimos lentamente con la

flota; el viaje duraría unos tres meses, surcando el Mar del Norte.

El viento que me hablaba y danzaba dentro de mí, como la muerte fría; así helado; asi me hacía sangrar y con sus gotas llenaba todo mi interior de suplicio. Me sentía nada; me creia un habitante del dolor, del desamparo. Quería morir, poco había dentro de mí, no sé si saben lo que es sentirse destrozado de miedo; más yo si lo sabía y en soledad todo se tornaba peór.

Me encontró Uvdal totalmente borracho y deprimido, el tercer día de viaje. Solo miraba la mesa en que estaba apoyado y bebía con lentitud de la tinaja de vino; mis ojos estaban inundados de tristeza y mi caveza estaba derrumbada sobre mi pecho.

-¿Que ocurre Kanat por que estas así hijo?

-! Que importa matar eh! ; !Que importa morir! ; !Que importas tu o yo o estos vikingos de porquería y su estúpida guerra! grité enfurecido y ebrio

-! Ya todo pasara! agregó tontamente el viejo

-! Sal de aquí, viejo imbecil; que te importan las cosas a ti si ya estas muerto! dije tan solo eso por el vino; estaba enloquesido; pero el viejo solo se acerco a mí y me abrazó como un padre abraza a su hijo y yo rompí en llanto; estaba tan desconsolado; me había hecho tan duro, que hacía varios años que no sollozaba así; Vertí junto a mis lagrimas, que mojaban su hombro; años de angustia y dolor. Y mi gran amigo repetía.

-! Llora amigo, llora!.

Los meses pasaron rapidos, extrañamente cuando se viaja hacía algo temible, los instantes son tan veloces como las aves.

-¿Volverás a Suecia?. Questioné una tarde a Erok mientras comíamos.

-No lo sé; creo que ya nada me ata al poder Sueco y cada vez estoy mas ligado al poder de Sigefredo y Dinamarca; replicó con apatía

-¿Y tu esposa e hijo; los abandonaras? ;pregunté nuevamente con atención.

-Eres inocente kanat; tengo decenas de mujeres por toda Suecia y Dinamarca.apuntó sonriendo ironicamente

-¿Y también tienes hijos con todas? ;arremetí con insolencia. Erok cambió su expreción; como si uviera clavado un puñal en sus sentimientos; y me contesto dolido.

-Extraño a mi único hijo; lo extraño mucho. Y así termino nuestro dialogo, en esos tiempos de viaje nunca mas volvió a nombrarlo; El gran jefe era esclavo de su poder.

El otoño estaba muriendo; y las noches se tornaban angustiosamente heladas y lluviosas. El mar y su misterio; cambiaban de colores y de estados; como mi mente y mi corazon. El viento, siempre el viento, invitaba a mi alma a volar lejos del mundo, dé la guerra, de mi penar gris y desolado. Mis manos, hartas de ser sometidas por la espada hambrienta; hastiadas de tomar asperezas y nada, de nutrirse de dolor y desesperanzas. Mis ojos agónicamente iluminados; como una vela a punto de apagarse que alumbra a un cadaver abandonado. Mis pies que caminaban sobre ningún camino ni sendero, que estuvieran escritos en mi corazon; y ese ardor en mi estomago que me quemaba día a día sin piedad; no sé que era; los vickingos decián que era la tension de la guerra, la angustia y el miedo lastimando las entrañas.

Una madrugada despertó sobresaltado; Kapovs estaba gritando

-! No los maten por favor; no los maten!.El húngaro estaba siendo victima de una pesadilla; lo desperte con calma, diciendo con cuidado

-Tranquilotes solo un sueño; despierta. El guerrero despertó empapado en sudor, agitado, con su mirada perdida colmada en lagrimas

-! Kanat, gracias. Es una tortura; esas pesadillas son una carga en mi mente; y no puedo echarlas de mí!!.

-¿Que sueñas?.Pregunté intrigado; era extraño ver a ese hombre duro e inexpresivo en ese estado. Kapovs, comenzó a llorar; emanando gemidos de dolor y angustia, en voz grave y leve.

-El día que mataron a mi mujer y a mi pequeño hijo; tengo esas imagenes gravadas a fuego en mi mente. El duro soldado torno su llanto más doloroso aun y sus manos temblorosas tocaban su cabeza continuamente, lamentandose, consolandose.

-Fue cuando los francos atacaron la ciudad que habíamos tomado con los Magiares; hacía ya dos años que viviamos en Merano; parecia un lugar seguro para asentar la familia; pero no fue asi; los francos atacaron la ciudad. Fueron cinco los malditos que entraron en mi casa; entraron tan rapido que no atine ni a pensar en tomar mi arma, por eso me golpearon de una manera brutal y tan salvaje, que termine destruido y atado a una silla mirando el espectaculo. Mi hijo murió rápido. !El maldito le clavo la espada en su pequeño estomago; más a mi mujer; primero fue violada por todos los asquerosos francos y luego cortaron su lengua, luego sus brazos, hasta que murió.y yo atado impotente; tan golpeado que estuve mas de un año sin poder caminar. Cuando me curé mi ejercito me había abandonado y así fue como emigre al norte a Vastervick, donde me uní a los vickingos. Su voz se entrecortaba a causa del desconsolado llanto.

-! Todo lo perdí, todo. Hasta mi valentía robaron; por que si tuviera valor me hubiera matado; pero no lo hice, espero con ansias que me maten en un enfrentamiento; pero cuando lucho con los francos veo a esos cinco malditos que me quitaron el alma y los mato; lamentablemente luego de cientos de batallas nunca han logrado matarme. Antes tenía valor; luchaba por una causa, con mi gente, tenía a mi hijo y a mi esposa que le davan fuerza a mi espiritu guerrero; por que cuando uno arriesga la vida sabiendo que puede perder todo, es un valiente y un hombre, si la causa lo vale. Pero ahora no tengo nada que perder, ¿qué miedo puedo tener?.

Conversamos largo tiempo esa noche, de su vida y su penar tan grande. Pobre Kapovs, tanto había sufrido que hasta yo con mi triste vida me sentí por un momento afortunado. Kapovs era un hombre de gran valentia, aunque el no lo creyera.

 

Una mañana, hubo un gran inconveniente; sé divisavan a lo lejos quince barcos Francos; el problema era que no convenia el enfrentamiento, puesto que sabiendo que la flota de Rollon era superior en numero y poderio; no convenian bajas en su flota y su ejercito. Erok se encontraba desesperado e intentaban crear junto a Overto una estrategia rápida, pero ninguna de las dichas eran efectivas y convenientes

-! Podemos destruirlos sin problemas; pero no conviene arriesgar hombres y naves que seran de gran utilidad en Francia, necesitamos a los hombres sanos para el ataque al rio Senna y estos sucios Francos tienen bandera de guerra no cambiaran el curso para evitarnos, aunque los superemos ampliamente en numero!!

Vociferaba Erolf impotente de resolver el problema.

Uvdal interrumpió él dialogo entre Overto y Rollon Erolf.

-Yo puedo ayudarte, tengo un plan que tan solo te hará perder cinco pequeñas naves de ataque.

-Eso es imposible, lo mínimo que podría detener a esa flota, serian veinticuatro naves de ataque pequeñas o más quizás treinta. Nego Erok sorprendido.

-! Aparte que sabes tú de flotas!.Agrego con menosprecio.

-!Mucho, mucho más que el mismo mar y que cualquier gran jefe Vickingo!. Esclamo serenamente el anciano.

-! Es verdad Erok dale una oportunidad!!.Vocifere desesperado; Uvdal había sido un gran jefe y capitán Vikingo, según la historia que me había contado en el bosque de los muertos. El jefe de la flota de Vastervick acepto y se retiraron a una cabina; no sé que hablaron; pero al rato esas cinco naves de ataque que Uvdal promulgó partieron y la estrategia del anciano fue una exito. Las naves detuvieron a la flota franca lo suficiente, como para que las naves de Rollon tomaran otra ruta marítima, evadiendo así la lucha con la flota franca. No sé cuál fue la estrategia de Uvdal, nada entendía yo en esos años, de tácticas; era un joven totalmente ignorante; no sabía leer ni escrivir.

-! Este hombre es un genio; su plan fue digno de admiración; todo un éxito!.Exclamó Erok desbordando de jubilo y entusiasmo.

-! Uvdal; desde ahora te nombro mi consejero; que esta palabra sea ley en mis tropas.

Uvdal sabía demasiado del mar y Erok capto eso de inmediato.

 

Pocos días antes de desembarcar en Francia, Rollon habló a la tripulación del barco

-! Pasado mañana llegaremos a Le Harve, por la mañana; por razones tacticas ese mismo día al anochecer, atacaremos un poblado bastante grande afincado a dos dias a cavallo; en las orillas del Rio Senna; esa gran aldea esta protegida por un ejercito Franco; pues alli, los pobladores tienen grandes plantaciones de uvas y manzanas; que cosechan para un Marquez frances. Las instrucciones; tomar el pueblo; liquidar al ejercito franco y dominar las plantaciones sin matar a sus agricultores; pues serán tomados esclavos, para servirnos las riquezas de esos frutos. Por eso descansen bien estas dos noches de paz. !!.Expreso el gran jefe con su voz prepotente y autoritaria.

Cuando llegamos a Francia; acampamos en la ciudad de Le Harve; tierra bajo dominio normando. Era una ciudad colmada de centenares de casitas alpinas que se asentaban en verdes y hermosos prados, que culminaban en las aguas del comienzo del Senna. Desfilamos con el grandioso ejercito de Erok por las pequeñas callejuelas de piedra de la gran villa Francesa. Habitaban familias nativas que sufrían el sometimiento de los daneses y también hacía ya varios años que grupos dinamarqueses se habían afincado en la aldea, explotando las riquezas que otorgaba la región; todo lo que originaba ganancias era enviado al mas alto poder Normando y repartido entre sus eslavones menores.

Veía los rostros llenos de temor y resignación de los pobladores oriundos; eran obligados a trabajar como siervos, para beneficio de los barbaros vickingos. Todo era horrendo, se percibía en el aire la criminalidad y la injusticia que estábamos produciéndonos enfermos, mugrientos; hombres esqueleticos mirando perdidos la entrada de nuestras huestes; estaban tristes y desesperanzadas sus miradas; mujeres semi desnudas, muchas de ellas embarazadas; ancianos semejantes a monstruos y un aroma a comida humeante y penosamente humilde colmaba cada particula del lugar. No pude ver mucho mas del lugar, pues nos subdividieron en conglomerados de treinta o cuarenta soldados y a cada grupo le fue asignada una casona; donde esperariamos el momento de marchar hacía nuestro primer punto estrategico. Cuando la tarde comenzaba a perecer Overto entró a la gran vivienda donde nos alojaban y nos dijo las instrucciones que Erok había ordenado para nuestro grupo.

-! Atención; en breves instantes se les uniran a ustedes cuatro filas de cincuenta hombres y conformara él numero de doscientos treinta Vickingos; ustedes bajan la orden del grán guerrero Kapovs; tendrán la obligación de cumplir con el primer objetivo ya nombrado hace días por Rollon Erolf.Kapovs guiara la estrategia y eligira el metodo mas apropiado para la toma de la región. Estas son instrucciones de nuestro gran jefe Rollon.

Al rato nos encontrábamos afuera formados en trece hileras horizontales los doscientos treinta hombres todos con nuestras respectivas armas, frente nuestro estaba Kapovs.Nadie hablaba ni murmuraba, parecia que el silencio se habia adueñado de la noche que comenzaba a caer cruel sobre los rostros saturados de tención y temor. Todos eran combatientes con significativa experiencia, más yo estaba ante algo totalmente nuevo, que era un ataque; mi cuerpo era atacado por varias sensaciones; temblores helados, falta de energia; parecía que mis brazos y mis piernas estaban derretidos de panico; flojos, muertos; me sentía exitado y somnoliento a la vez; trataba de buscar fuerzas mirando el suelo de tierra negra y humeda; intentaba imaginar como sería ese momento. ¿Cómo reaccionaria si me atacaran?¿,¿Cómo pelearía?,¿Y si sufría una gran herida?,¿Y si moría? ;esas preguntas se clavaban en mi mente como flechas de fuego frió.

Kapovs exclamó con su típica voz fina y disfonía.

-! Avanzaran hacia la zona de los corceles y cada uno de ustedes tomara uno. Avanzaremos un día entero y haremos nuestro primer descanso, allí les daré el plan y otro día de marcha nos llevará hasta el objetivo. Nuestro ataque será por tierra; mas Overto a cargo de diez naves, atacara por el rio Senna; junto a cien hombres más. ¿Alguna pregunta? ;muy bien monten esos caballos y suerte.

Monté un alazán negro como el destino que me esperaba. El frío era ya en esos momentos insoportable. Yo estaba acostumbrado al desde niño, pero había soldados que tiritaban enérgicamente con sus rostros pálidos y sus labios morados era un escenario tétrico.

Partimos en línea siguiendo a nuestro comandante, el hungaro, a paso lento. No vi jamás una noche tan obscura como aquélla, no sé sí por el miedo; pero todos seguiamos a la unica antorcha encendida que luchaba para hacerse visible contra la tiniebla; esta la llevaba un vickingo que marchaba junto a Kapovs.Nada se divisaba; en ese momento entendí por que era tan respetado el hungaro; avanzaba sin ver, era increible, el hombre conocia el camino y guiaba a cientos de hombres en la total obscuridad; nosotros seguiamos esa devil luz casi a ciegas, esa era nuestra guia; no se podía encender muchas antorchas por que sería muy peligroso, tambien cualquier espia franco podría divisarnos y quitarle sorpresa a nuestro asalto; y la sorpresa era algo fundamental en los Normandos.

El tiempo en ese trajinar era eterno, la madrugada se tornaba eterna; solo se escuchaban silenciosos murmullos de los reclutas acompañados por la musica de los grillos. Mis manos sostenían con fuerza innecesaria las riendas de mi negro potro; que bautice con el nombre de Noche; en honor a esa tenebrosidad. El cansancio se transformaba en dolor; en mis piernas, en mis hombros y en mi caveza; que permanecía erguida por demás. El alba comenzó a vislumbrar los campos y ese maldito Húngaro seguía como si recién hubiera comenzado a cabalgar. ¿Cuándo pararemos? ;¿Cuándo comeremos? ;se cuestionaban los guerreros agotados; pero Kapovs continuaba sin cesar y llego el medio día y el proseguía como sí estuviese en un paseo.

Los prados eran verdes y a mi izquierda a lo lejos se veía él rió, a mi diestra lejanos bosques. Los soldados dormitaban sin poder contener el sueño; yo también, mi cabeza caía sobre mi pecho, para luego despertar sobresaltada. Ya nadie murmuraba, el agotamiento había enmudecido al ejercito; mientras la tarde llegaba a su esplendor. Kapovs cantaba en voz alta una canción de guerra sin cesar; una y otra vez la entonaba; siempre la misma melodía; tantas veces canto esas rimas que nunca olvide lo que sus versos decían.

-Si me quieren los gusanos,

me tendrán que comer,

si me quieren los sepulcros

me tendrán que comer

El que muerto me quiera

mi espada tendrá que romper

Mi corazón esta roto y con hambre

Que pueden de mi querer?

mi corazón esta con hambre

¿Cómo puedo saciarlo a el?

quizás la cabeza de un franco

El hambre le calme a el.

Repetía y repetía ese horrendo cántico y el anochecer comenzó a vencer al día.

La noche al fin cayo por completo y Kapovs detuvo la marcha, en una región de gran arboleda.

Estaba destruido, agotado y muerto de sueño.

Los centenares de vikingos se recostaron en los pastos y bajo los altísimos árboles; cuando me disponía a dormir Kapovs odiosamente interrumpió con sus potentes palabras.

-! Dormirán hasta el amanecer; luego partiremos a paso veloz hacia el pueblo; llegaremos en la noche. Y ahora escuchen bien; nos dividiremos en tres grupos; primero atacaremos la fortaleza que protege al pueblo; creemos que habrá mas de doscientos hombres en ese frente. Este primer atraco será compuestos por todos nosotros; y atacaremos en tres veces; la primera será de cien soldados; si tienen éxito la segunda atacara directamente al sembradío y al poblado; si los resisten problemáticamente, la segunda tropa ayudara a liquidar a los francos, pero por otro ángulo de ataque, no el frontal sino el trasero; y estará formado por cien hombres y el tercero y ultimo seremos treinta hombres que intentaremos arrasar a los francos que protegen los campos, donde yo me incluiré. Los sobrevivientes del primer ataque se agruparan y tomaran el pueblo y mataran a todo lo que encuentren; los sobrevivientes del segundo ataque irán a los sembradíos a esclavizar a los agricultores y matar francos que defiendan el lugar. El tercer grupo tendrá que tener éxito sí o sí; no cave la derrota en este grupo. Overto dominara la costa intentando devastar a los francos que la resisten. Entendido. Muy bien. Que tengan suerte.

Después de esas palabras no recuerdo mas nada, no tuve tiempo de pensar en ninguna de sus tácticas; solo sé que desperté y ya el sol dibujaba sus rayos en el cielo azul. Al rato seleccionaron los tres grupos de ataque; yo estaba en el primero. Montamos y partimos a todo galope rumbo al golpe. Los caballos estaban siendo victimas del cansancio del día anterior, pero galopaban; así como mi corazon por el terror que se siente cuando la muerte se acerca; no sentí tanto cansancio ese día, creo que el temor y el nerviosismo me mantivieron despavilado y fuerte y seguí, como los caballos, a pesar de todo el dia anterior. Llegamos al punto en donde se divisaba la fortaleza que protegía al poblado; después de un agobiante viaje, cargado de miedo.

Kapovs alisto al primer grupo; el momento había llegado Todos estabamos preparados; desenfundé mi fiél espada mientras mi brazo izquierdo sostenía mi hermoso escudo. Kapovs se acercó a mí y me dijo mirándome con dureza

-Té falta tu casco; toma este; ten cautela y mata a todo lo que se mueva; no dudes o estas muerto. Solo eso me dijo y el pánico me invadió por completo.-! Ahora!! Gritó el comandante. Los cien hombres comenzamos a correr con todas nuestras fuerzas y el fuerte se acercaba mas y más, hasta que los Francos nos divisaron y comenzaron las lluvias de flechas y cuando esto ocurrió, todos iniciaron un grito de guerra y yo me uní al alarido; quitaba el miedo y daba valor gritar de esa manera. Los muertos comenzaron a caer victimas de los arqueros Francos y el grito se fue apagando paulatinamente. El sonido de las flechas zumbaba de una manera terrorífica, y ese sonido se mezclaba con los lamentos de los heridos. Yo corría, ningún arquero me había herido; estaba aterrado, mi pecho ardía de una manera terrible; no sé si era el miedo o el canzancio por el trote vertiginoso.

Comencé a trepar la muralla de madera; era facil de escalar, mas de lo que creía; todos estabamos haciendolo; cuando llegé a la cima pude ver al otro lado; había cientos de hombres esperando debajo y tambien los arqueros, para atravesarnos con sus dardos mortales.

Es inexplicable la sensación de tener la muerte enfrente; en un lapso ligero de tiempo la mente decide montarse en el valor o en el temor; y yo me sujeté al poco valor que me quedaba y salté hacia el otro lado y milagrosamente ninguna flecha logró alcanzarme; ya casi todos los vickingos supervivientes estaban en el interior del fuerte; y la lucha con los Francos comenzó. Los Franceses vestían un traje entretejido de metal, de sus cabezas a sus pies y en sus escudos y pecheras, de un color rojizo las cruces cristianas que yo en esos tiempos no conocía.

Dos soldados se abalanzaron contra mí con sus sedientas espadas; los dos a la misma vez atacaron; pero sus golpes fueron trabados por mi escudo y mi espada; el que golpeó mi escudo antes de disponerse a lanzar otro ataque, fue victima de mi acero que se hundió de una manera simple y profunda en su garganta atravesándola de lado; el otro hombre aprovechó esto para lanzarce con su espada sobre mí; pude esquivar el zarpazo; pero mi hombro zurdo dolorozamente fué herido; aunque paresca extraño pude pensar; fuí frio como mi tierra natal y tuve tiempo de mirar el miedo de ese Franco en sus ojos y eso fue lo que empleé a mi favor; el guerrero atacó sin cesar con una serie de diez o más golpes; !pero fue tan simple defenderme de ellos! ;eran técnicas sencillas y toscas las que manipulaba con su arma. Solo lancé dos movimientos. El primo hizo que el acero se desprendiera de su mano dejándolo así desarmado y el segundo veloz y cruelmente mortal, atravesó su corazón; siempre recordaré ese día pues fué el momento que cambió mi vida; había matado por primera vez. La batalla era una masacre. El sonido de los gritos y los metales estrechándose era trágico y ensordecedor. Mis manos temblaban y también mis piernas; la herida ya no dolía tanto. Seguí avanzando hacia el frente y no tarde en encontrarme con otro franco que me atacó sin dudar. Su primer golpe fue tan rápido y sorpresivo que golpeó en mi yelmo de bronce rustico, caí al suelo mareado y con mi vista alterada; mi vición sé habia tornado borroza y confuza mi mente; a pesar del impacto brutal no solté mi espada; en Halmstad nos habían entrenado para que en ninguna situación nuestro armamento se perdiera de nuestros dedos. Cuando el hombre quiso darme el golpe mortal; en el suelo y anticipando su ataque, con todo el poder que me quedaba, corte por completo su tobillo izquierdo, amputando así su pié; el hombre se desmoronó y gritaba colmado de dolor, desesperado. No entendía que me decía; pues era otro idioma el del guerrero; pero creo que me pedía piedad; en ese mismo momento divise que a lo lejos venian trotando cinco hombres para asesinarme. Fue instintivo y salvaje; en esas situaciones se encienden dentro de nuestro espiritu sentimientos y reacciones que no sabiamos que existian en el interior del ser; clavé su estomago y luego su corazón; despues corrí tambaleandome por las heridas, tratando de evitar a los hombres que me perseguian; pero fue en vano al poco tiempo los cinco hombres me rodearon para darme muerte. Cuando esto iba a ocurrir observé que cuatro de los hombres caían mutilados; eran tres Vickingos que salvaron mi vida

-Somos del segundo grupo; lucha y vé hacia el pueblo para aniquilarlo. Dijo uno de los lastimados normandos. En ese mismo instante mas Francos se abalanzaron contra nosotros. Uno de ellos me atacó con su lanza, pero no tuvo suerte y mi arma desgarró su pescuezo, como a una pobre gallina; era horrendo; me sentía espantado; asqueado, exaltado; me quedé unos instantes petrificado mirando como la sangre brotaba en abundancia de su garganta; el hombre tenía los ojos abiertos; muerto; pero parecía que me miraba.

Me dirigí; de acuerdo con la estrategia de Kapovs, al poblado; en el camino habré asesinado a mas de siete soldados. Los guerreros de Erok habían devastado a los francos y todos nos dirigimos a nuestros puntos, la aldea y el sembradío.

En el pueblo vi la imagen que más me impactó en mi vida. Los malditos Vikingos mataban a todos los aldeanos, ancianos, hombres, mujeres y lo peór de todo, bebes y niños. Algunos de los bárbaros formaban un circulo y lanzaban a un pequeño de meses de edad; una criatura de pecho! ;lo arrojaban hacia arriba y cuando descendía lo esperaba la punta de una lanza o espada y sonreían macabramente; !eran bestias sin alma! ;así lo hicieron con mas de treinta críos. Las mujeres eran ultrajadas sexualmente repetidas veces, por decenas de guerreros. Que vergüenza tan grande sentí. Que asco sentía por dentro; ¿y por esto luche? para destruir y asesinar inocentes pueblerinos?.Mientras pensaba esto dos campesinos armados con palos me enfrentaron

-! Suelten sus armas, no quiero atacarlos! ;exclamé con nerviosismo; pero no entendían mi lenguaje y si lo hubiesen entendido no les hubiera importado; los hombres estaban llenos de ira. Yo mientras decía esto bajé mis armas y allí uno de los hombres golpeo mi cabeza con ese fuerte madero; luego ambos comenzaron a apalearme. Sentía que me estallaba el cráneo y las costillas; cuando estaba por perder el conocimiento hice un ultimo esfurzo; todabía mi espada seguia en mi mano; no así mi escudo y mi casco; y con la ultima gota de mi energia lanze un zarpaso a los genitales de uno de ellos; el pobre callo al suelo y gritaba desesperado de dolor. Al otro de los inocentes aldeanos le atravesé las entrañas; creo que eso lastimo mas a mi corazon que al humilde campesino que se desplomo como una bolsa en el suelo de piedra de una de las calles del lugar. El otro de los hombres seguía sollozando de sufrimiento; se revolcaba rabioso en el piso, mientras se desangraba; de pronto pasó un vikingo a caballo; ya los corceles habían ingresado al poblado; los francos estaban dominados; y este malvado con su corcel pisó al moribundo dandole muerte. Yo quede atónito, devastado, desolado; me sentía tan sucio por dentro tan triste. Me senté en una roca grisácea; tiré mi escudo y mi yelmo a mi lado y comence a lagrimear; todavía no podía llorar plenamente. Los rostros de los que había matado enloquecían mi mente con imágenes terribles para mí; los soldados, los inocentes campesinos.

A partir de ese día sentí que algo había muerto en mi; mi dignidad y mi nobleza. El alba comenzó a vislumbrar su tenue luz sobre las abundantes y grises nubes y el helado viento fue acompañado por una llovizna triste; que limpió la sangre de los cientos de muertos que regaban el lugar; Vickingos; todos los Francos y los aldeanos.

-! Kanat; que haces sentado allí ven a festejar el triunfo!!.vocifero Kapovs con una sonrisa extraña en el.

-! Festejar el asesinato y el ultraje de pobladores inocentes. ¡! Jamás!!.Replique con furia

-Vamos amigo; estas herido y muy cansado. Agregó calmo el comandante.

Cuando quiso incorporarme, perdí el conocimiento.

Desperté en una casona de leños; muy amplia; dos mujeres estaban curando mis heridas con vendajes, hierbas y vinagre. De pronto apareció el rostro de Erok, que me decía sonriendo

-¿Cómo estas Kanat? ;estuviste dos días inconsciente debido a las heridas y golpes en tu cabeza; no temas suele pasar yo en una batalla quedé tan lastimado que estuve una semana durmiendo.

Tus heridas ya fueron curadas por estas dos hermosas damas; qué además de curarte podrán hacerte sentir otras cosas más placenteras. Has luchado heroicamente y serás recompensado por eso con parte de las riquezas del pueblo tomado.

¿-¿Dónde estamos?.Cuestioné con incertidumbre.

-En el sitio conquistado; levantamos un campamento y desde aquí planearemos el próximo ataque. Link y Sigefredo ya llegaron a Le Harve. Descansa; este lugar será tu casa por ahora.

Luego de descansar dos días en la vivienda que me habían asignado; salí al pueblo tomado por los normandos. Era increíble todo era desolación, las casas que anteriormente habitaban los nativos del lugar, estaban invadidas por los soldados de Erok. El campo de uvas y manzanas estaba funcionando perfectamente; Kapovs había dejado vivos a todos los agricultores; tambien las mujeres jovenes del pueblo, para provecho de los guerreros.

Todos los Vikingos tuvimos una reunión con Rollón; había mas de quinientos soldados; dentro de este grupo estaban; los sobrevivientes del ataque y los guerreros que trajo días después Erolf. De los normandos de mas jerarquía estaban; Kapovs, Overto y un jefe fiel a Sigefredo, que yo, no conocía; llamado Odens.

Erok tomo la palabra.

-! Pasado mañana; formaremos una tropa de cien hombres. Cincuenta Irán por tierra y los demás por el río. Estos atacarán el pueblo de Rodaux; situado a dos dias a orillas del Senna. Creemos que es un poblado más débil en defensa; estamos seguros que poseen almacenes de aceite muy valioso. En este ataque si la sorpresa es efectiva, obtendremos el triunfo. Recibirán su pago cuando hallamos sitiado a Sotteville; si alguien se retira antes será acusado de traición y morirá ahorcado. Recuerden que me juraron fidelidad y que nuestro objetivo final es Ruán. Esta misión estará a cargo de Overto que ya mismo elegirá al regimiento.

El gigantesco guerrero, comenzó a señalar con su dedo a los cien combatientes y en ese grupo también fui elegido; parecía que el maldito lo hubiera disfrutado. Realmente cuando me eligieron, sabía que yo iría. No sentí nada, solo resignación.

Esa misma noche estábamos cenando junto a Erok, el jefe danés, Odens; Kapovs y algunos soldados más; cuando súbitamente un centinela de Rollon interrumpió nuestra comida.

-! Gran jefe, hay dos espías en las cercanías del pueblo; están a caballo y armados. Son Francos; todavía no saben que los descubrí!!.

Exclamo el guardia, algo exaltado y nervioso.

-Son espías. Necesito dos hombres que traigan vivos o muertos a los franceses; que no fallen. dijo el jefe de Vastervick con tranquilidad.

-Yo iré. Afirmó en voz tenue Odens.

- Agradezco que un gran jefe como tú aceptes ir; pero ¿quién lo acompañará?. Cuestionó Erok mirándonos. De pronto Overto entró a la habitación y dijo señalándome.

-Que sea Kanat; es buen Guerrero y no fallará.

-Pero inexperto; mejor iré yo. Replicó Kapovs.

-! Erok; ¿no te parece una tontería enviar un comandante y un jefe por dos espías?.Agregó Overto empecinado.

-Tienes razón; ¿quieres ir Kanat o estas cansado?.Preguntó Rollon mirándome a los ojos. Lamentablemente Erok escuchaba demasiado a Overto y este había comenzado a demostrar su desprecio hacía mi persona.

Por supuesto contesté que iría; no quería demostrar temor ante Erolf.

Kapovs se levantó de su asiento y dijo en tono de cólera.

-¿Por que no vas tu Overto; o es que acaso le temes a los peligrosos espías?.Todos sabemos que quieres ver muerto a Kanat.

-! Calla; maldito húngaro si no quieres que te aplaste. Contesto rabioso; el protector de Erok.

-! Silencio; nadie quiere que Kanat nuera, Kapovs; callate y deja que Kanat realize esto. Sabes que Overto tiene más rango que tú y debes respetarlo!!.Exclamó Rollon imperativo.

- Te respeto Erolf; pero tú saves muy bien que jamas respetaré rangos; yo respeto a las personas no a los rangos y el estúpido Overto nunca se gané mi consideración; en los tres años que estoy con tu ejercito. Cuando el húngaro hablaba vibraba la tierra y el lugar era invadido de silencio. Erok bajo su vista y se disculpó.

-Lo siento Kapovs; pero no quiero riñas en mi ejercito.

 

Marchamos a caballo; rumbo al sitio donde el centinela había visto a los espías; a paso lento y silencioso; mi alazán Noche, estaba conmigo. Los divisamos y ellos lo supieron y comenzaron a huir; los hombres se dispersaron, cada cual a diferentes rumbos.

-! Tu sigue al de la derecha!.Me ordenó el jefe Odens.

El miedo me atrapó; no me sentía preparado para detener a aquel hombre; mi caballo rápidamente se acercó al objetivo. El hombre detuvo la marcha y se arrojó sobre mí arrojándome del corcel. Me tomo del cuello y sacó un cuchillo; pero cuando estaba por clavármelo

pude empujarlo con mis pies y sacármelo de encima; al incorporarme el hombre

desenfundó la espada y comenzó a atacarme con hábiles golpes.

Estaba paralizado de miedo, sorprendido no podía reaccionar; hasta tardé en sacar mi acero. El franco sabía usar su armamento; era un luchador exelente; el maldito sonreía humillandome. Yo bloqueaba todos sus ataques más no atacaba, tenía miedo de morir; parecía que mi mente no estaba preparada para luchar en ese instante, estaba sorprendida; el temor me había ganado. De repente; el hombre tomó tierra del suelo y la arrojó a mis ojos; cegandome. El Franco creyó, que soltaría mi espada para tomarme el rostro debido al dolor o que perdería mi guardia; pero no fue así. En Halmstad nos habían gravado en la menté, que para estos casos solo había una solución, atacar instantáneamente y eso fue lo que hice. Cuando el hombre ni se disponía a lanzar un ataque; con mis ojos cerrados, ciego; clavé mi espada en su corazón. No vi lo que sucedió; solo sentí su grito de dolor y el sonido de su cuerpo callendo. Cuando pude abrir mis ojos el Franco yacía muerto sobre mis piés. Cargue el cadáver sobre mi potro Noche y partí rumbo al poblado. Para sorpresa mía en el camino encontré el cadáver de Odens; mutilado el espía Franco que cercano en distancia, se alejaba al galope. Pensé mil cosas en ese momento; tenía que ir en busca de ese franco, pero no quería luchar, el panico todavía me mordía. Podía haber vuelto al poblado con mi parte cumplida; pero no lo hice. Comencé a perseguir al maldito y estúpidamente le gritaba que se detenga; no tenía experiencia en esa clase de capturas. El hombre freno bruscamente su caballo y el mío siguió pero yo caí al suelo victima de la espada del franco que golpeó mi pecho; cuando se estrello mi cuerpo contra el piso, quede justo al lado del caballo e instantaneamente; con mi espada todabia en mi mano corté limpia; la pata trasera del corcel. El caballo se derrumbo desbordado de dolor, mientras ellos caían, yo me incorporaba y cuando el espía estuvo en la tierra. Desgarré con violencia su brazo diestro con mi espada y luego pateé su cabeza, dejando al hombre inconciente. Lo cargue encima de Noche; el hombre estaba vivo. También monte el cadáver de Odens en su caballo y los lleve hacía el poblado.

 

Cuando llegue Erok se acercó corriendo; junto a Overto, Kapovs y un grupo de soldados.

-!!¿ Que ocurrió Kanat?.Grito el Jefe desesperado al ver que Odens yacía sobre su alazán marrón.

-Odens fue asesinado; mas yo pude atrapar a los dos sujetos uno de ellos esta vivo.

-! Eres un gran guerrero Kanat, ve y descansa luces lastimado!.Agregó Erok con orgullo.

Gracias a mí, Erok pudo tener la información que le faltaba; el espía le dijo todo lo que sabía de Rodaux y Ruán.Yo fuí colmado de honores por los Vickingos.Mi prestigio crecía sin yo quererlo.

Pero nada me salvo de la misión de Rodaux; segun Erok si Overto moría, yo quedaría al mando de la tropa. Mi jerarquía también se acrecentaba.

Partimos rumbo a Rodaux, el viaje fué diferente al anterior; Oberto se detenía a descanzar cada dos o tres horas. El hombre bebía continuamente y a pesar de esto no estaba ebrio; parecía no tener la responsabilidad que Kapovs le dava a su ejercito. Recuerdo que cuestioné a Overto y el me respondió con un insulto

¿-¿Cómo será la estrategia de ataque?

-! Vuelve a tu fila idiota, o quieres que te ahorque aquí mismo!!

El hombre me odiaba y tenia motivo; yo le había arrancado una oreja de cuajo y el guardian, jamas olvidó eso.

Realmente temía mas a Overto, que al ataque. El maldito podía matarme en cualquier lugar y culpar a los francos cuando tuviera que darle explicaciones a Erok. Tenía miedo de dormir en las noches; apenas dormitaba por miedo a que Overto enviara algún soldado para exterminarme a cambio de un poco de oro.

Así fueron esos días; tristes y aterradores.

Al llegar a Rodaux el ataque fue tremendamente sorpresivo; una masacre; los soldados ni esperaban el atraco; me saturé de matar,

fue repugnante. Había guerreros que estaban descansando o durmiendo y nosotros devastándolos con los crueles aceros. Fueron tantos los hombres que asesiné, creo que más de treinta; no quiero recordar los detalles de esas muertes, solo puedo decir que la guerra es la extinción de todo; lo interno y lo externo. El alarido del humano cuando muere es el peor sonido que puede existir, esa musica es absorvida por el alma y simplemente siembra el frío y la angustia eternamente dentro de ella.

Los demás Vikingos mataron a todos los pobladores, saqueando sus casas y sus bienes; las bestias lo disfrutaban. Yo jamás levanté mi espada contra un poblador en Rodaux. Overto bebía vino mientras observaba las crueles imágenes sonriendo. Era repugnante ver a ese ser obeso gozando esa injusticia, comenzé a partir de ese momento a odiar al maldito jefe.

¿Que estoy haciendo? ;que mi alma se enceguece al contemplar mis actos. ¿Que estoy sintiendo? que mi corazón se ahoga en la angustia y el dolor.

Pasamos dos meses en la ciudad francesa; en este tiempo se desarrollaron hechos muy extraños, uno de ellos fue la muerte de Link. Transcurridos seis días de la toma de Rodaux, el jefe Link desembarcó con una gran flota con quinientos hombres pertenecientes a Erok, también un gran comandante fiel a Sigefredo con una tropa de seiscientos guerreros daneses. Todo se disponía para el próximo ataque, la importante ciudad de Sotteville.

La tragedia ocurrió una noche mientras cenábamos junto a Overto, el jefe danés, Link y treinta soldados fieles a Sigefredo.

La madrugada iba naciendo, como así la locura de la bebida en los hombres; Overto sonreía enloquecido junto a Rudolf, el danés, quien desde su desembarco estableció una extraña y amplia amistad con Overto. Sorpresivamente se desató una ilógica discusión; un guerrero totalmente ebrio comenzó a insultar a Link sin sentido, lo atacaba por su nacionalidad; ¿un simple guerrero agrediendo sin respeto a un gran jefe? ; las palabras se hacían más duras; no vi lo que sucedió, yo me encontraba al otro extremo de la gran mesa, solo divisé que la gente se agolpó estrepitosamente y la vos de Link ya no se oía. Cuando me acerqué hacia el gentío, observé que Link yacía sobre la mesa con una daga incrustada en su pecho.

El asesino había sido aquel soldado danés, quien fue condenado a muerte en la horca, pero yo jamás vi su cadáver.

 

En Rodaux sentí miedo, temía por mi vida. Dormitaba en las noches temeroso de que alguien me diera muerte. Yo era como un animal, pero hasta el hombre más idiota podía darse cuenta que estaba en vísperas de una traición; no por un odio hacia mí; era algo frío y organizado. Los movimientos de Overto eran extraños, el comportamiento de los soldados se había enrarecido y sumándole cargos a esto, Rudolf, sin sentido aparente, se ensañó con mi persona.

¿Quién podía creer que Link fuese asesinado por un simple soldado?.Overto estaba detrás de esto. No sabía que estaba ocurriendo pero estaba seguro de que nada de lo que sucedería sería bueno.

Fue en una mañana cálida y soleada, recién despertaba de una nerviosa noche; me encontraba solo y mi cuerpo estaba tenso y muy cansado. De repente sentí una mano que tocó mi espalda. Al darme vuelta vi que era Rudolf; no dijo ni una palabra, solo me golpeó de una manera profunda y demoledora con el mango de su espada. Quedé ciego, la sangre tapó la luz de mis ojos, al respirar la tragaba y tosiendo trataba de escupirla. Luego me arrojó hacia afuera de la casona

-Maldito!-gritó con tono histérico -Ahora por esto limpiarás la casona de cada guerrero y dormirás en el calabozo.

Cuando la vista volvió a mí, vi la multitud rodeándonos. Rudolf tenía un corte en su bazo izquierdo; no entendía lo que ocurría, me encontraba obnubilado, mis rodillas todavía no podían despegarse del suelo.

-¿Qué sucede? -cuestionó Overto, quien se aproximaba al tumulto.

- Desobedeció una orden mía y sin respeto alguno cortó mi brazo, insultándome - respondió Rudolf, con enojo.

Quería gritar que era mentira, pero el impacto había sido tan tremendo que mi boca tan solo esbozaba gemidos acompañados por sangre, me tambaleaba totalmente mareado tratando de incorporarme.

Más Overto, ignorándome totalmente, también acusó sus palabras sobre mí.

- Es típico en él también a mí me atacó y no recibió castigo por ser amigo de Erok, pero eso cambiará desde ahorra obedecerás la palabra de Rudolf -dijo señalándome Overto. Su expresión era fría, este hecho no lo había sorprendido, como si anteriormente hubiera sabido lo que iba a pasar.

Fui encerrado en un calabozo. Durante el día limpiaba las casas y las armas de los guerreros y por la noche permanecía encarcelado en la pequeña celda. Ningún soldado me creía, ni siquiera los que pertenecían a Link, pues sabían que eran típicos en mi los actos de rebeldía. Así pasaron las semanas, mientras los demás reclutas se alimentaban por demás, dado que la batalla de Soteville se aproximaba, yo solo ingería pan y agua, mientras los demás descansaban, yo limpiaba la basura de los guerreros y para colmo soportaba los insultos de Rudolf.

Una madrugada me encontraba levantando pasto seco de uno de los graneros, cuando apareció Rudolf, acompañado de un soldado.

- Cómete el pasto! -me dijo en tono burlón.

Sabía que tenia que padecer hasta que Erok tocara el suelo de Rodaux, pero ese día pensé en morir. Jamás me hincaría a comer pasto frente a esa basura. Antes de responder o hacer movimiento alguno, observé que el soldado que acompañaba a Rudolf enfundaba en su lado izquierdo, mi espada. El hombre fue rápido como un relámpago, casi no tuve tiempo de pestañear, clavó la espada en la garganta del jefe danés y luego de matarlo la hundió en su propia pierna; arrojó el acero a mis pies y salió del establo gritando. -!"Kanat mató a Rudolf!"

Quedé atónito, sorprendido. No tardó mucho tiempo en aparecer Overto y la masa que se agolpó en el granero. Todo había sucedido tan rápido que hasta parecía organizado. Overto se hizo presente en el lugar casi instantáneamente y de los cientos soldados que lo acompañaban, ninguno era de Erok, ninguno. Todo había sido una trampa perfecta, Overto había logrado sacarme del medio de su camino.

Fui encerrado junto a diez soldados de Link en una pequeña celda, fuertemente custodiada. Cuando vi a estos hombres encerrados, mi mente se confundió aún más. Eran los hombres de más respeto entre las huestes de Link.

-¿Por qué están aquí? -cuestioné asombrado.

- Nos acusan de haber recuperado tu espada para que cometas el crimen - respondió uno de ellos, con desgano, arrodillado en las viscosas baldosas de piedra de la mugrienta prisión.

¿-¿Qué es lo que está ocurriendo? !No entiendo! -exclamé, desesperado.

Otro de los guerreros sonrió y dijo con su mano en mi hombro

- Están desmembrando las fuerzas de Erok, traicionarán a nuestro gran jefe. De golpe todo se aclaró en mi mente, Overto y Sigefredo engañarían a Erok.

¿Cómo podría Erok creerme que no había matado al jefe danés si su hombre de más confianza avalaba el hecho; la masa lo avalaba y los motivos para acusarme sobraban?, el plan del maldito había sido perfecto.

Al otro día fuimos trasladados a un gran salón. Erok y Kapovs estaban allí, habían llegado para combatir en el ataque a Soteville. Un gran nerviosismo invadía el lugar, Erok se mostraba impotente y tenso. Kapovs no cesaba de insultar a toda persona que veía, estaba enloquecido

- Esto es una mentira, malditos daneses, maldito Overto!, te descuartizaré vivo!.

El murmullo cesó abruptamente cuando Sigefredo entró al lugar, tan solo la voz de Kapovs seguía envenenada mordiendo los oídos del gentío que habitaba el lugar.

El juicio había comenzado, los falsos testigos dieron su opinión, luego Overto quien, con gran fluidez, expresó mi culpabilidad. Cuando llegó el turno de que los soldados de Link manifestaran su inocencia, ninguno habló, todos quedaron mudos, era obvio que habían sido amenazados, pero mucho tiempo después supe que se habían vendido por dinero.

Yo estaba aterrado y a su vez, lleno de cólera e impotencia y con mi voz temblorosa y potente, exclamé mirando los ojos de Erok -Soy inocente!

Y en dialecto originario de las costas de Halmstad exclamé -Es una trampa!

Sigefredo tomó la palabra. -Los prisioneros quedarán detenidos aquí en Rodaux, luego del ataque a Soteville daré mi veredicto.

Kapovs irrumpió con insolencia - Lucharé en Soteville solo para apoyar al gran Erolf porque Overto y tú, Sigefredo, han perdido autoridad sobre mí!.

-¿Es esto acaso una rebelión de tu persona? -inquirió Sigefredo, golpeando lleno de cólera la mesa a la cual se hallaba sentado.

-! No... Esto es una amenaza! -contestó Kapovs. El lugar se colmó de silencio, había que tener más que agallas para desafiar al vikingo más poderoso de Dinamarca.

En ese instante estalló una revuelta, Sigefredo se abalanzó contra Kapovs y éste contra el gran jefe. Luego fueron separados y Erok Tomó la palabra.

-! Basta ya!, propongo dejar este tema hasta luego de la batalla. ¿Les parece bien? -cuestionó con gran enojo Erolf.

-Hasta luego de la batalla -dijo Sigefredo, algo agitado e inundado en sudor.

-Lo haré solo por Erok -reiteró frío, con su mirada penetrante y peligrosa, el húngaro.

¿-¿Dónde está Uvdal? -grité desesperado.

- Overto me aconsejó que no debía venir -contestó confundido Erok.

- Tráelo, tráelo! - exclamé con todas mis fuerzas, mientras los guardias me llevaban encadenado hacia la prisión.

El encierro duró dos semanas. Eternos días en la oscuridad total de la atrapánte jaula, de barrotes de hierro gris, que opacos y ásperos, acompañaban mi triste morada. Mi alma se consumía, la llama de mi corazón quedó enterrada en las cenizas de la traición de mi vida. Mis manos yacían a los costados de mi cuerpo, mis dedos escarbaban la piedra como buscando la tierra para hacer raíces allí, aunque sea raíces en la sombra, en el umbral de la muerte, ya que nunca pude pertenecer ni echar raíces en un lugar de vida. La respiración lenta y agónica como los instantes que mi alma sobrevivía. Débil, muerto, acabado, como una criatura perdida en el abismo creyendo que sube, pero que en realidad baja hacia su lugar, el fondo de lo más bajo, mi vida.

Esto era lo que sentía y éstas preguntas me hacía en esos días y noches de desesperación." ¿Dónde está Uvdal?,tengo miedo, tengo miedo, amigo mío, que los gusanos me quiten las manos que tanto sufrieron pero que son mías, que la oscuridad haga olvido a mi alma, que los hombres pisen la tierra de mi sepultura, ¿dónde están todos, que me estoy muriendo?!."

Estaba solo en la cárcel, mal alimentado y maltratado. Los diez soldados de Link ya no estaban.

En verdad creí que nunca saldría de ese agujero, pero no fue así.

Me hallaba en un estado de entrega total, incomunicado, nada sabía de la batalla, nada sabía de mi futuro, solo podía adivinar que los días pasaban por la ración de harina y agua que recibía.

Uno de esos días decidí dejar de alimentarme, pero apenas tomada esa decisión, vi la cara de Kapovs entre las rejas. Estaba empapado en sangre y acompañado por dos guerreros.

-He vuelto, Kanat, debemos irnos rápido o nos capturarán! -dijo el húngaro con voz tenue, agitado pero sereno a la vez.

Salimos de allí cautelosamente. El húngaro con un ejército de treinta soldados había vuelto de Soteville para rescatarme. Aniquiló a toda la guardia que protegía los calabozos y un importante sector de Rodaux, pero fue inútil, pues al intentar tomar la ruta de escape nos encontramos rodeados por los guerreros de Sigefredo que nos superaban ampliamente en número. El error de Kapovs fue terrible.

El y sus treinta hombres habían exterminado a más de cien centinelas daneses; un crimen abominable.

Fui arrojado nuevamente al calabozo y junto conmigo, Kapovs.Esta vez si pensé que era el fin. Kapovs comenzó a sonreír, se incorporó elegantemente del suelo y exclamó con tono alegre

- Levántate del piso, Kanat! que ésta guerra recién empieza.

Me incorporé y el húngaro apretó mi mano derecha con toda su fuerza y mirándome a lo rostro me dijo "Eres mi amigo", y sus ojos comenzaron a vertír abundantes lágrimas, pero su expresión seguía como siempre, dura e inamovible. En ese momento la llama de la vida se encendió nuevamente en mi, y odié, y tuve sed de venganza y mi corazón se vistió de guerrero otra vez.

Otra vez tener ansias de vivir era una gran lucha para mí, estaba envuelto en una tela negra, listo para que me arrojen a la fosa de la muerte; mi alma en el abismo, mi mente aniquilada. Era extraño mí sentir, antinatural, como una flor que busca la luna y se esconde del sol. Yo había posado mis manos como garras sobre la espalda de Kapovs, era impresionante la fuerza que emanaba aquel hombre; desee ser la mitad del hombre que él era. Me sentí tan cobarde, pero los brazos de Kapovs arrastraron mi cuerpo muerto hasta transformarlo en cenizas y de las cenizas, él, hizo renacer a un guerrero.

Pasamos dos o tres días más en la prisión, cuando una mañana dos guardias nos dirigieron hacia un salón inmenso, situado dentro de una gran casona del pueblo. Pensé que iban a juzgarnos allí pero no fue así. En la sala se encontraba Sigefredo sentado sobre una humilde mesa, bebiendo tranquilamente vino rojo como la sangre; a su lado y con gran nerviosismo se encontraba Erok, que no podía disimular la tensión en su rostro. Parado detrás del gran jefe danés se hallaba Overto, quien, maliciosamente, miraba fijo mis ojos como burlándose de mí.

Nos sentaron violentamente en dos bancos de madera rústica y Sigefredo tomó la palabra:

-La victoria en Soteville fue total, y como verán esto no es un juicio. Estoy aquí para proponerte algo, Erok; si tus hombres van a juicio sabes que les correspondería la muerte, pero como sé que son grandes amigos tuyos y tú eres un gran guerrero. Propongo una oferta que les daría su libertad pero te quitaría de la conquista.

¿-Cuál es esa oferta? - cuestionó Eros ansiosamente.

_Tengo cientos de campos al este de Francia, los títulos de estas tierras pasarían a ser tuyos y con tus amigos vivirían libres bajo la jerarquía del rey de Francia. El pago sería que tus guerreros me acompañaran hasta la batalla final en Ruan. No me gusta hacer esto, pero imagínate como quedaría la imagen de mi justicia ante nuestros miles de guerreros... Tu decides; condenamos a tus hombres y seguimos juntos la conquista o quedas fuera de la guerra pero en libertad y riqueza con tus amigos.

Erok preguntó con incertidumbre, mirando fijamente los ojos de Sigefredo:

¿-Qué diferencia hay si solo ellos toman tu tierra o su libertad y yo sigo en la conquista?

Sigefredo contestó calmo y con voz tenue.

-Erok, mi gente presiona para que tus hombres ya sean ejecutados; no olvides que ha muerto un jefe a quien le eran fieles más de mil hombres, y a manos de Kapovs y treinta de tus guerreros, ciento doce guardias, salvajemente aniquilados. Si tu me acompañas tendremos que colgarlos enfrente de todos, más si tu te retiras, diré a mi gente qué tu justicia dará castigo en tu tierra y que algunos de tus hombres combatan conmigo en Ruan se verá como un favor tuyo hacia mí. Yo diré a mis jefes que tus ambiciones fueron por otras rutas. Contéstame!!!- expresó ansioso el gran jefe.

Erok observó con su mirada perdida la mesa, y de pronto un brillo extraño comenzó a nacer en sus ojos e inquirió en voz alta - Kanat, quieres decir algo?!, y se quedó extrañamente mirando mis ojos, como buscando algo más. Yo contesté rápidamente en el dialecto de mi tierra - Si me crees llama al viejo!, todo esto es una trampa!.

Rollon se dirigió a Sigefredo y dijo clara y decididamente -Necesito a mi consejero Uvdal para tomar la decisión, me lo concedes?.

-Está bien - respondió Sigefredo - pero que sea hoy mismo.

Ese mismo día en la medía noche la reunión continuo pero con la presencia de Uvdal.

¿Qué contestas a mi propuesta Erok? Cuestiono Sigefredo con ansias.

!Acepto! Vocifero Erolf con entusiasmo; Uvdal estaba a su lado con una grán sonrisa.

!!Excelente decisión!! Mañana mismo te entregare las tierras y por cierto preparare las tropas para el ataque a Rúan. Exclamo con una nota de nerviosismo y ansiedad el Jefe Danés.

¿Cuántos de mis hombres necesitarás? Pregunto sorpresivamente Erok. Sigefredo le respondió al instante.- ¿Cuántos crees que merezco?. Uvdal interrumpió en tono fingidamente agradable -! Gran Erok creo que por el noble acto del Jefe Sigefredo debes darle la mitad de tu ejercito!. - Mi consejero te ha contestado Sigefredo; constaras con quinientos hombres. Luego se abrazaron y concluyeron el trato.

Yo estaba desubicado; no comprendía que estaba planeando Uvdal. Kapovs estaba furioso sin sospechar que quizás lo hablado fuera un plan.

Y así fue apenas nos liberaron nos reunimos en una cabaña muy lejana del pueblo. En ese mismo lugar rodeando una mesa Uvdal comenzó a reír sin cesar acompañado por Erok que sonreía con desgano. Nos explicaron luego que todo había sido una farsa para concretar el golpe del plan que habían creado.

Erok tomo la palabra.-! Sigefredo me pagara con su muerte esta traición. El Plan es el siguiente; En la madrugada de mañana; mientras los soldados de Sigefredo descansan nuestros hombres atacarán; en este mismo momento tengo hombres secretamente dibulgando a nuestros soldados de mayor confianza el plan. Debemos aniquilarlos por sorpresa o estaremos muertos. Luego de exterminarlos yo tomare cargo del ataque a Ruán y solo habrá un jefe. Kapovs quiero muerto a Overto; yo mismo me encargare de Sigefredo.!. Erok se mostraba encolerizado su vista estaba perdida en los mares del mas profundo rencor. El no esperaba esa traición y ahora clavada en su pecho jamás la perdonaría.

Nunca olvidare esa madrugada una de las más crueles de mi vida. En el pueblo había treinta guardias vigilando los puntos vulnerables de un posible ataque Franco. Kapovs y yo éramos los encargados de exterminar a los vigías. Cuatrocientos hombres estaban escondidos junto a Erok alrededor del valle que bordeaba al pueblo y los restantes quinientos hombres estaban falsamente descansando con los soldados daneses de Sigefredo. En el pueblo había dos mil hombres del ejercito dinamarqués y trescientos guerreros en los barcos en las orillas del Senna. Debíamos ser sorpresivos y certeros o estábamos muertos.

Kapovs y yo pintamos íntegramente nuestros cuerpos con barro para permanecer invisibles y con nuestras espadas solamente partimos rumbo al pueblo para exterminar a los Centinelas; luego de eso deveríamos informar a un soldado infiltrado que comienze la matanza. Pues ya no habría peligro que un guardián dé alarma a los soldados de los barcos.

Realmente el miedo estaba incrustado en mi pecho me sentía débil por la prisión y las grandes tensiones pasadas; pero esa debilidad me hacía perderle miedo a la muerte; pues nada me importaba; entonces púde enfrentar ese momento casi como un suicida. El aspecto de Kapovs daba terror parecía una fiera sedienta de sangre que sacie su odio. Al divisar la legión de Guardias nos separamos y la tensión dentro de mí creció; trataba de buscar en mi mente imágenes que ofrecieran el deseo de matar, ese deseo no llego pero si llego la muerte. El pobre Centinela caminaba somnoliento alrededor de dos árboles altos y tupidos; la luz de dos antorchas iluminaban aquel sector. Cuando me dio la espalda en su caminata avancé contra el violento y silencioso hundiendo mi espada en su pulmón derecho. Fue sencillo; terriblemente simple y así ocurrió con los catorce guardias restantes; ninguno de ellos percibió mi presencia y yo me harte de matar; me dolía mucho lo que estaba haciendo; sentía pena por esos hombres; pero mi cuerpo no escuchaba a mi alma llorar y cruel, mataba sin cesar; sin piedad; sin dudas; sin corazón.

Kapovs también había tenido éxito y rápidamente se contacto con el soldado de Erok para que comenzara el ataque y así fue, la masacre comenzó; los soldados daneses en su mayoría se hallaban durmiendo o reposando y nuestros guerreros los aniquilaron de una manera sorpresivamente salvaje; al poco tiempo más de la mitad del ejercito de Sigefredo estaba devastado y para colmo Erok y sus centenares de combatientes entraron en el poblado como langostas en una plantación de maíz; destruyendo todo lo que sugiriera vida. Comencé a recorrer el pueblo eliminando a varios soldados enemigos heridos, pero ya casi nada quedaba por hacer él ejercito danés estaba desmedrado. En esos instantes observe a Overto que trataba de escaparse escondiéndose a rastras por el suelo de tierra. En ese momento realmente me sentía débil y hubiera sido fácil haberlo dejado escapar pero sentí él deber de ir en búsqueda de esa basura que tanto mal me había causado y corrí a su encuentro. Me paré frente al y grité brutalmente -! Tu Muerte ha llegado Traidor! . El inmenso hombre en ese mismo instante y sin yo divisarlo lanzo un arañazo con su brillante espada cortando profundamente mi hombro izquierdo; al quedar desorbitado y perdido por la herida el maldito lanzó otro zarpazo que por suerte pude soslayar pero para mi desgracia perdí el equilibrio y caí al suelo y en ese instante el hombre pateo mi cabeza de una manera tan poderosa que la sangre que de mi rostro brotaba cegaba mi vista por completo; mi cuerpo estaba totalmente muerto pero milagrosamente mi mente estaba consciente; pateo mi cabeza cinco o seis veces pero al hacer una pausa para clavar su espada en mi humanidad cometió el ultimo error de su miserable vida; aproveche ese imperceptible intervalo para descargar la poca energía que me quedaba en mi espada y adivinando donde estaría su cuerpo lance un golpe profundo con mi acero que ciegamente certero atravesó su garganta. El hombre murió sin gemir instantáneamente.

Cuando creí que todo había acabado observe a Kapovs luchando con Sigefredo. Trate de acercarme como pude casi no podía caminar debido a los golpes recibidos y me arrojé al suelo mirando el terrible combate. Cuando dos hombres de esas agallas se enfrentan nadie puede entrometerse y varios como yo solo observabamos el duelo.

Los dos luchaban desbordados de ira; realmente se estaban matando. En ese momento como una sombra oscura y mortal apareció Erok y exclamo en tono potente e imperativo -! Kapovs Apártate es una orden!. El Húngaro con gran desgano se aparto hacia un costado y Rollon Erolf desenfundo su delicada y fuerte espada. Quizás crean que estoy loco; pero Erok y la técnica de su sable eran una obra de arte en movimiento. Sigefredo apenas quiso intentar un movimiento y mi amigo con suma perfección antes que nada; hundió el acero en su estomago sin matarlo; no quiso ejecutarlo hasta decirle con el más profundo odio -!!! TRAIDOR!!!. Luego de eso saco una daga de su cintura y corto la cabellera de Sigefredo que aún seguía vivo y la tomo con su mano izquierda, levantándola y gritando - !!!Rollon!!!. Luego dio un giro violento con su espada y rebano por completo la cabeza de Sigefredo " El Grande". En ese instante casi todo su ejercito lo estaba mirando; y en ese momento fue cuando Erok se gano el Respeto con todas sus letras y significados. En ese resplandor Erok se convirtió en el Vikingo más grande de la tierra.

Todo el poderío paso a manos de Rollon Erolf. Los soldados daneses vivos fueron ejecutados.

Nuestro poderío se basaba en novecientos treinta guerreros.

 

El pueblo fue un sembradío de cadáveres jamás había visto tanta sangre; realmente me sentía nada pues en esos tiempos cierta parte de mi se había acostumbrado a matar; a la guerra y al dolor intenso que ella provoca. Me sentí un criminal más y me convertí en lo que más odiaba; un asesino.

Tardamos más de dos días en quemar los cuerpos de la batalla y en esos instantes mientras mis pies pisaban los charcos de sangre; mi alma se derrumbaba más y más en el abismo de la culpa; naufrago en un mundo tan cruel que no entendía como podía sobrevivir un solo día en esos suelos; mi interior se sentía anciano; el dolor y el miedo lo habían envejecido de forma brusca. Mis ojos vagaban por mi gris espíritu buscando conversar con el sepulcro que habitaba en mis sentimientos. Me sentí en esos tiempos un hombre cansado de sufrir. Quería paz; buscaba una vida simple; sin guerra con Paz Real y tenía curiosidad por conocer el amor puro y de corazón. Pero mi camino estaba tan lejos de eso que se hacía difícil imaginarlo. La Batalla final se acercaba y por tener la chance de ser una de las ultimas guerras junto a Erok me colmaba de esperanzas y eso me torturaba, pues temí como nunca antes a la muerte. La Batalla sería contra el poderío Franco y eso inspiraba terror en mi.

Erolf postergó el ataque a Rúan por tres meses debido a la ausencia del poderío de Sigefredo y envió un grupo de mensajeros para que viajaran a Vastervick y reclutaran la mayor cantidad de soldados, más cuatrocientos hombres de Erok que habitaban en sus tierras.

La estrategia constaría en dividir nuestro ejercito en varios grupos que atacarían los poblados de Rúan saqueándolos y escapando; lo mismo haría otro grupo y otro; sembrando el terror en el pueblo Francés. De esta manera iríamos carcomiendo el poder franco. Era difícil imaginar una batalla de Ejercito a Ejercito. Estimábamos que Ruán contaría con quince mil guerreros. Solamente con los ataques sorpresivos podríamos ofrecerles guerra. Ruán era el centro más importante de comercio de la zona del Senna y una de las ciudades predilectas del poder de Francia.

Erok reordenó su ejercito y comenzó sus saqueos exitosamente. A los pocos meses el ejercito Franco estaba tan debilitado que hasta el mismo pueblo de la ciudad francesa de Ruán pedía que entreguen la misma a los Vikingos. Él ejercito de Rollon había lanzado mas de setenta ataques demasiado crueles contra diversos poblados de la metrópolis de Ruán.

Ese día llegó el momento de partir rumbo la batalla final. El objetivo era tomar control del centro mismo de Ruán y en esa batalla partió todo él ejercito de Erok con todas sus autoridades y todo su poderío; esa fue la única batalla que combatí en el camino de la toma de Ruán al igual que mi gran amigo Kapovs.

Camino a nuestro destino final yo montaba a caballo; mi cansada espalda calzaba mi viejo escudo; mi espada estaba tensamente enfundada sobre mi pierna izquierda y unos cueros largos y opacos cubrían mi cabeza y mi cuerpo de la lluvia que gris y fuertemente helada caía sobre las hileras de guerreros que avanzaban hacía la muerte.

Nadie hablaba sé repetía la misma historia de tensión y miedo antes de una batalla. Erok trataba de animar continuamente a los jefes de sus tropas, exclamando; -! Si logramos esta lucha el poder será tan grande que ni en sus sueños podrán imaginarlo!. Pero detrás de su rostro entusiasta se asomaba el temor que desbordaba sus ojos y dominaba con un leve temblor sus manos.

Rápidamente entramos al centro de Ruán; la ciudad era inmensa nunca había visto algo tan extraordinario. Sus calles estaban vacías; desoladas. Erok nos separó en tres grupos y el mío comenzó a galopar hacia el sur y no pasó mucho tiempo hasta que los Francos nos enfrentaron con su poderoso y celebre ejercito que nos superaba en numero ampliamente; en esta batalla frente a frente solo contábamos con nuestra habilidad y estrategia. Entonces ambas hordas arremetieron unas con otras en un ensordecedor estruendo de muerte.

La Batalla comenzó.

La lucha fue cruel y espantosamente trágica. Luche con el máximo cuidado de no perder mi vida; el miedo quería atraparme pero no pudo posesionarse de mi fría mente, que hizo combatir a mi cuerpo de una manera excelente.

No sé que clase de estrategia había planeado Erok, pero rápidamente observe que los Francos a pesar de su ventaja numérica se iban quebrantando. En medio de ese estruendo de muerte el tiempo parece eterno y la furia y la exaltación sedan la necesidad de salir desesperadamente de ese trágico escenario. Uno lucha y ataca vorazmente para poder vivir; aunque la mente quiera escapar, un duende animal lleva a tu cuerpo a la masacre de tu enemigo.

 

Luché sin cesar y el cansancio comenzó a clavar sus aguijones de plomo sobre mis brazos y mi corazón. El aire se escapaba de mí y en cada golpe que lanzaba dejaba parte de mi vida; estaba agotado; los sablazos caían sin tregua sobre mi escudo; pero a medida que pasaba el tiempo los guerreros Franceses iban retrocediendo como en una actitud de retirada; en sus ojos veía un miedo que los superaba y me daba ventaja. Poco después mi caballo cayo muerto por consecutivos ataques con espadas y flechas. Al caer combatí con dos soldados francos que se encontraban realmente heridos; los liquidé rápidamente sin esfuerzo, sin piedad. Luego de eso levante mi cabeza para observar el horizonte y el silencio comenzó a dominar el lugar. Él ejercito de Rollon estaba devastando a los pocos Francos que luchaban heroicamente hasta la muerte.

La Victoria fue un hecho; él ejercito enemigo se retiro abruptamente derrotado. Todos los Vikingos gritaban enloquecidos de alegría; mientras yo caía de rodillas en la sangrante tierra. Agradecí al destino por mantenerme con vida, solté mis armas y expire toda la tensión y la angustia que la batalla había clavado en mí espíritu. Mi cuerpo temblaba estrepitosamente debido a la gran presión de tener el fin ante mis ojos. La guerra había acabado y yo seguía con vida.

Rollon Erolf tomo la ciudad por completo; y en pocos meses junto a Uvdal se adueñaron del comercio y la riqueza que Ruán les ofrecía. El jefe Erok mantuvo la paz con los pobladores de la gran ciudad dándoles la libertad para vivir como siempre lo hicieron. El gran líder parecía un rey más que un pirata saqueador y junto a Uvdal; Kapovs y mi presencia logro gobernar todo el recorrido del río Sena desde Le Harve hasta Ruán.

 

Pasaron varios años desde la partida de Vastervick (Suecia) hasta lograr la toma de Ruán; era el año 902. A los veintisiete años de edad mi vida cambió; entre a un mundo diferente que lidiaba entre el poder; la vida de los pueblerinos y la paz. Viví esos tiempos de manera gloriosa; tenía tanto poder y tiempo para vivir que parecía un sueño. No había guerra; Erok trataba a menudo con el Rey de Francia Carlos III para llegar a un acuerdo con respecto al territorio tomado; cuando el Monarca no se atenía a los pedidos de Erolf este amenazaba con sitiar París o cualquier ciudad entonces Carlos III pagaba con oro y riquezas para que detuviera los posibles ataques a su país y así se repetía la misma historia. En ocasiones habían leves enfrentamientos entre Francos y Vikingos pero estos no cambiaban nada y Erok crecía más en su poder.

Así pasaban los años en los que yo pude vivir con cierta tranquilidad; disfrute del poder; de mujeres; de los placeres que la fortuna brinda. Pero mi corazón no se llenaba aun con todo lo material; en el fondo de mi alma una voz colmada de cicatrices clamaba pidiendo amor y paz real.

 

Capitulo 3

"La conquista"

 

En esos tiempos yo me dedicaba a supervisar la mercadería que ingresaba a nuestras tierras a trabes del río Sena. El dinero que obtenía por mi ocupación y el dominio de Ruán bajo ordenes de Erok era grandioso y pude tener por primera vez en mi vida una casa; esta se encontraba un poco alejada del centro de Ruán, sobre una inmensa colina, colmada de verdes pinos de gran altura. Mi vivienda no era lujosa, solo era una simple casa de piedras y troncos de gran amplitud; en ella podían vivir mas de diez familias. Dentro tenía todo lo que jamás tuve; muebles; cama; adornos y mucho más. También compre todo el campo que la rodeaba. La campiña era descomunal.

En el horizonte se vislumbraba un gran castillo que era el lugar donde residía temporalmente la nobleza real de Francia que visitaba la ciudad.

Los años transcurrían pacíficos y prósperos. Mi vida era tranquila; me dedicaba al comercio y al control con todo lo correspondiente a este. Luego de unos años, logre levantar una gran finca en mis campos donde mi especialidad fue el cultivo de frutos; tenía cientos de hombres trabajando la tierra y ellos recibían su paga por su labor cosa que no era común de una persona con poder. Me convertí tiempo después en el mayor productor de frutas de la zona.

El idioma francés lo aprendí con una facilidad natural y podía comunicarme de manera fluida con las personas de la región; esto facilito mucho la realización de cientos de proyectos que de mi alma brotaban.

Erok se resistía a apegarse a la ciudad a pesar de los años que llevábamos en ella. El jefe Vikingo estaba obsesionado con lograr la estabilidad definitiva en Francia y con derechos más altos de los que tenía. Rollon en los ocho años que dominó Ruán se convirtió en su hombre más poderoso. Debatía y negociaba cantidad de asuntos con el Rey francés y su nobleza; él ejercito de Erok ya estaba compuesto por mismos habitantes del pueblo francés, lo que sumado a sus hombres creaban un ejercito de cerca de diez mil soldados. La gente en mayoría quería a Erolf pues este respetaba al pueblo; exigía bajos impuestos dando libertad total y seguridad a los pobladores de toda la zona dominada por sus Vikingos. Su contra más fuerte era la Iglesia cristiana que proclamaba una religión que tenía gran influencia en los habitantes de esas tierras y hasta en el Rey.

La iglesia presionaba a Erok para que se convirtiese al cristianismo; cosa que Erok negaba con total convicción; pues pregonaba que sus dioses lo acompañaban; pero era consciente de que la iglesia podía influir a la gente para disponer una revolución popular muy grande y sabía que eso no era conveniente para sus planes. Entonces trataba de demorar las respuestas a las presiones de la iglesia con abundante oro. La Iglesia estaba invadiendo a los vikingos pero pacíficamente.

Uvdal se encargaba de asesorar a Erok y dominaba el aparato de recaudación de impuestos; también tenía un alto cargo en la marina de los vikingos. Él vivía en el gran castillo donde moraba Erok, a orillas del río. El viejo se había convertido en un potentado y la felicidad desbordaba su bondadoso y sufrido rostro. En el castillo de Erok nos reuníamos todos los meses con las autoridades más grandes de los normandos bajo el poder de Rollon Erolf y por supuesto en ellas no faltaba Kapovs que era el jefe de estrategias y combate de todo él ejercito Vikingo. El se había afincado en el centro de Ruán en una imponente mansión en donde las fiestas el vino y las mujeres jamás faltaban en las noches. Parecía que todos habíamos encontrado en cierto modo algo de paz.

En la mañana del 27 de mayo francés, del año 910, mi vida cambió para siempre.

Todos los días recorría mis campos a pié contemplando mis plantaciones; pero ese día encontré algo mas que eso. Era una mujer; su presencia era más delicada que el rocío que cae en las mañanas sobre los verdes prados; tenía el sol en sus ojos; pues la luz que de ellos salían entibiaron en ese instante todo el frío que anidaba en mi triste alma; Su rostro era perfecto; sublime; la pincelada de algún dios. Su cabello era dorado, refulgente y largo caía por su delicado vestido color púrpura. Ella caminaba danzando por los pastizales y su delicada y atrapánte boca sonreía haciendo esta imagen una obra de arte.

Nunca había visto algo tan hermoso en mi vida y jamás había sentido lo que a partir de ese momento sentí. Me acerque a ella y bruscamente, con gran nerviosismo le dije - ¿Qué haces aquí? ; ¿Quién eres?. Fui tan tonto, pues mi saludo pareció un insulto; realmente no sabía expresarme muy bien, era un hombre brusco que lo más suave que había tratado en su vida era el viento. Ella cambió su sonrisa por ira y me contesto avanzando prepotente hacía mi. -!! Estos son mis campos, todo lo que ves aquí es mío; así que lo que hago en mi tierra es cosa mía!!.

Hace años que estos campos son míos ¿por qué hablas así?. Replique en tono pausado. -! Son campos de Francia no de piratas asesinos!. Tu seguramente eres uno de los malditos piratas que saquearon mi ciudad. En ese momento mentí acerca de mí. - Solo soy un extranjero que vive en tu país y estas tierras se las compre a Rollon. Dije falsamente, queriendo agradar a esa hermosa mujer que tanto me cautivaba. -! Rollon; el maldito villano; ¿seguramente eres de la gente que él trae de Suecia no?. Cuestiono con gran enojo. - Sí; no me culpes a mí de los males de tu tierra; yo solo vengo a trabajar, mi país es muy violento y aquí encontré la paz. ¿Acaso no valoras la paz de un hombre?. Cuestione con intriga. - ¿ Y tu no valoras la paz de un país? Respondió la bella mujer incisiva. - Los señores que gobernaban esta ciudad mataban a tu pueblo de hambre, exigiéndoles impuestos inhumanos; hasta sumergirlos casi a la esclavitud. ¿A eso le llamas paz? Por lo menos Rollon bajo más de la mitad las recaudaciones y dio libertad de trabajo a la gente. La mujer no me contestó y nerviosamente inquieta y cambiando de tema cuestiono rápidamente mirándome a los ojos. - ¿ Cómo te llamas?. -! Soy Kanat! Exclame con ímpetu. -¿Por qué estas armado si eres agricultor?. Arremetió la joven insolentemente. - Solo por seguridad; puede que alguien robe mis frutos, mis animales, mis flores; todos los días nace una flor hermosa en mi campo y justamente hoy es ese día. Argumenté enamoradamente de esa piedra preciosa hecha mujer.-¿Y donde esta esa flor?. Interrogó la señorita con ansiedad. -! Aquí mismo; pues esa flor eres tu!. La mujer se sonrojo de una manera admirablemente hermosa, miro sus pies escondiendo sus bellos ojos de mí y sonriendo avergonzada dijo -! Agradezco tu halago gentil caballero y perdóneme por tratarte de manera tan hostil! ; mi nombre es Gisela. La dama extendió luego de estas palabras su mano para que yo me hincara a sus pies y la besara; pero en esos tiempos nada de educación yo tenía y tome su mano y la oprimí con fuerza diciendo tontamente -! Buen día!. Luego de estas palabras la mujer sonrío por demás a causa de la brutalidad que había hecho y replico con ternura -! Veo que no estas acostumbrado a tratar con damas!. Y yo respondí con palabras que emergieron de mi interior casi sin pensarlas -! Pero estoy acostumbrado a tratar con mi corazón!. Soy un hombre bruto y solo tengo mi interior como cultura; por esto perdona cualquiera de mis torpezas.

Era una mujer refinada y yo solo estaba acostumbrado a mujeres vulgares, de ocasión. Realmente me enamore desde el primer momento que la vi.

Peregrinamos largo tiempo por los campos; no escuchaba lo que decía pues solo me atenía a admirar su presencia tan sublime y su vos, solo era música para mi alma.

Caminamos tanto en esas dulces horas que llegamos al imponente castillo de la nobleza Francesa que se divisaba desde mi morada.

¿Cómo será ser parte de la nobleza?. Cuestione a la bella joven. - ¡ Soy parte de ella y aquí me alojo en la primavera?. Yo quede impávido y dije en voz nerviosamente ansiosa - ¿Qué eres de ella? ¿Quien eres?. La mujer se altero y temblorosamente y de manera imperceptible me contesto. – Solo soy la hija de un Señor con grandes tierras en Francia y tengo la suerte de poseer el derecho a venir aquí cuando quiera.

Entonces contéstame; ¿Como es ser parte de tu mundo?.

Maravilloso; tienes las cosas bellas de la vida y También es muy superficial; tienes las cosas frías de la vida. Replicó la mujer mirando el piso algo melancólica.

¿ Que es para ti la vida; Kanat ?. Exclamó la mujer observando mis ojos.

¡ Sufrir perdido en búsqueda de paz ¡. Exprese con rencor en mis labios.

¿Qué es la felicidad, para ti?. Inquirió la mujer con su rostro muy cerca del mío.

¡ Mirar las cosas simples y disfrutarlas, con paz real y amor real ¡. Aseguré con tristeza.

¿ Que es la paz y el amor real? . Arremetió nuevamente la dama.

¡ La paz que se siente eternamente dentro del corazón, es paz real. El amor incondicional que llena el alma con pasión y luz eterna, es amor real; a pesar de la muerte, siempre vive ¡. Expresé con emoción mientras la mujer extendía su hermosa mano izquierda tocándome el rostro, acariciándolo.

¡ Yo no sentí jamás lo que has dicho y creía ser feliz, tener paz y amor. Ahora luego de escucharte siento que mi vida realmente fue y es vacía. Es triste. Cerca de ti pareciera que esos anhelos que desean tu alma, se cumplieran en la imaginación de la mía y tan solo con ver tus ojos ¡. Luego de esto la mujer beso suavemente mis labios y mi alma conoció el paraíso por primera vez.

Luego de aquel día, siempre caminábamos por el campo hasta el castillo donde ella se despedía. Mujer tierna y de amor gigante; siempre cuidaba de mí, se preocupaba por mis cosas y por mi alma. Se interesaba por saber que sentía mi interior; cosa que jamás me había pasado en mi vida. Yo parecía un animal a su lado, ella tan fina que con su sola presencia ya me enseñaba a ser un señor. En los días de lluvia ella me enseñaba a escribir y me enseñaba a ser feliz, pues ella era mi felicidad. La amaba tanto que parecía mágico; de un día al otro sentí felicidad en mi lastimada alma.

Ella nunca contaba nada de su vida, pero parecía que había sido criada en un ambiente muy frío y poderoso. Descubrió con migo a disfrutar de las cosas más grandes de la vida, que son las simplezas de esta. A mirar el cielo, la naturaleza a mirar a nuestro espíritu y hablarle. A disfrutar del silencio de dos personas que se aman. A tener el corazón ardiendo de pasión.

Una tarde ella me invitó a pasar el gran castillo; el lugar era imponente; un sirviente nos condujo hacia una lujosa habitación; adornada con grandes arañas de cristal, imponentes cortinas de seda, una mesa de la más fina madera. El habitáculo estaba inundado de objetos de oro y esculturas en mármol. Al entrar dentro de ella se encontraban cuatro guardias, armados con espadas y largas lanzas de metal. Gisela parecía ser muy importante en ese lugar; tanto que me impacto. Al sentarnos en la mesa, ella al chispeó sus dedos y los centinelas salieron. Luego una señora vestida extrañamente nos sirvió en vajillas de plata el té. Era la primera vez que probaba té; era tan caliente y armonizante que quede subyugado con su exquisito sabor.

Te tratan como a una reina, debes estar contenta por el respeto que te tienen. Comente exaltado ante tanta solemnidad y lujo.

Como dices tu; solo es superficial, nada de esto que tu ves es real. Expresó la joven con cierto rencor.

¿ Quién es la mujer que nos sirve?. Pregunte ante la duda.

¡ Es María el ama de llaves; es como mi madre ¡. Contestó con gran alegría la dulce dama. – Cuéntame ¿Cómo fue tu niñez y como son tus padres?. Inquirió Gisela con una sonrisa en su rostro.

¡ No tengo padres, nunca los conocí!. Mi niñez fue muy mala; terrible y cruel. Proclamé calmo y pausado. La mujer al escuchar estas palabras, tomó mis manos y luego me dio un fuerte abrazo acompañaban a su rostro pequeñas lagrimas y dijo a mi oído. – Yo te daré el amor que nunca tuviste. Estas fueron las palabras más hermosas que había escuchado de su dulce boca.

Hablamos largo tiempo en ese lugar, cuando repentinamente, María interrumpió diciendo – Niña ya es hora no olvides que tu padre no sabe nada y si lo supiera sabes lo que pasaría. Gisela con gran nerviosismo se levantó de la mesa y comenzó a salir rápidamente conmigo del castillo; yo preguntaba continuamente ¿qué ocurría? Pero ella solo caminaba con apuro hacia el portón del Reducto. Cuando ella quiso salir uno de los cinco guardianes que custodiaban la entrada dijo a Gisela – ¡ No puede salir del torreón gran dama es orden de su majestad. ¡. Yo pregunte quien era su majestad y ella respondía que no sabía que pasaba. La joven mujer colmada en cólera ordenó imperativa que la dejaran pasar y se abalanzó contra los soldados; pero estos la empujaron haciendo que esta cayera bruscamente al suelo. Me acerque muy alterado y grite con violencia - ¡ Quítense ahora de nuestro camino o lo pasaran muy mal!. Gisela exclamó desesperada que me callara o me matarían.

Uno de los guardias lanzó un golpe con su espada, directamente para perforarme; pero pude evitarlo; no llevaba mi espada y lo lamenté en ese momento; pero tenía mi viejo cuchillo, lo saque de mi cintura y con un veloz movimiento lo clave en los genitales del guardián que cayo desplomado acompañado de desgarradores gritos de dolor. Antes de que otro de los guardias llegara con su sable a mi humanidad; inserte mi filosa daga en su garganta dándole muerte en el instante. Mientras hacía este movimiento por la espalda el soldado quiso clavarme su lanza y atravesare, pero de su ataque solo resulto un raspón en mi hombro derecho. Hice un rápido movimiento hacía mi izquierda y girando mi cuerpo y frente al agresor, hundí mi puñal precisamente y mortal en su hígado. Quite de su cuerpo la espada que llevaba envainada en su lado izquierdo y de manera sencilla liquidé a los otros dos guardias.

Gisela lloraba y gritaba enloquecida - ¿Qué has hecho?. Me miraba impresionada, no podía creer que un hombre que parecía tan sensible y simple pudiera haber hecho esa brutalidad. Yo tampoco podía creerlo; comencé a mirarme lleno de sangre con los cadáveres a mis pies. Esta vez nadie me había obligado a matar y por eso me sentí un asesino, pues teniendo otras salidas al problema, busque matar que es la ultima opción.

En ese momento entendí que la guerra había matado la piedad y la sensibilidad humanitaria de mi alma.

¡ Corre, Escapa ¡. Exclamaba Gisela inundada en lagrimas. Comencé a correr y correr; sabía que con el peso del poder que Erok tenía sobre la zona y con mis influencias jamas me pasaría nada, pero ¿cómo había quedado frente a los ojos de mi amada?.

¿ Me podrá perdonar?, ¿ La volveré a ver?. Me preguntaba continuamente mientras corría hacía mi casa, atravesando los verdes campos que eran iluminados tenuemente por el anochecer triste como la vida que en esos tiempos vivía.

 

Este hecho se supo rápidamente en la región y por la poderosa influencia de nuestro poder en Ruan pude quedar absuelto de todo cargo, pero esto también evito que pudiera ver a Gisela por varios meses y en ese tiempo varios acontecimientos de gran importancia ocurrieron en esta zona de conflicto. Carlos III ya no tolero mas la presión que ejercía Erok contra la paz y el poder Francés; la imagen de monarquia poderosa de francia se iba deteriorando con la presencia de Vickingos en su Reinado. Entonces el Monarca decidió un camino conveniente para la paz de su país y fue él proponerle a Erok el ducado de todo el territorio cercano al rió Rin, llamado normandia. Si Erok se negaba no le quedaba otra opción que enfrentar una guerra con todo el poderío francés, un litigio que no convenía ni a Francia, por la perdida de dinero y la cosecha de tragedias, muertes y hambre. Ni a Erok por el gran riesgo de perder todo su poder. Rollon acepto esta oferta y el día de la ceremonia del ducado de normandia llego.

Estábamos todos los lideres del poder Vikingo en ese refulgente castillo. También había en ese gran salón cientos de súbditos de la realeza, de todos los títulos de la pirámide feudal. Delante nuestro se encontraba el trono de oro perfectamente labrado del Rey. Todos esperábamos ansiosos que él entrara para dar comienzo a la ceremonia. Erok se comportaba altivo y prepotente en su postura y en su limitado lenguaje francés, como desafiando toda esa prole real. Cuando entro el Rey Carlos el Simple todo el sitio enmudeció a sus costados lo acompañaban dos mujeres de cuerpo muy hermoso, con vestidos de inmensa elegancia con piedras preciosas incrustadas en sus bordes. Una de ellas era la Reina que llevaba su rostro cubierto por un hermoso velo negro al igual que su hija. Rindiendo homenaje a la reciente muerte del hijo barón del rey.

El Jefe supremo comenzó el protocolo de manera excelente, hablo y divulgó todas las palabras necesarias para que la ceremonia fuera valida. Luego levanto su mano y dijo a Erok en vos muy tenue _ ¡Si quieres perdurar hasta el día de tu muerte en el poder de Francia, debes convertir tu fe al cristianismo. Sabes que su poder es el poder del pueblo Francés y por consiguiente el poder de nuestra monarquía!. Erok contesto a esta desafiante propuesta con otra que sorprendió a todos los lideres de su fuerza y más aun al rey.

_! Sabéis bien que no me es costoso vivir la guerra y sembrar el terror donde sea; pero tengo deseos de descansar y afincarme a esta tierra, y esos deseos dependen de vuestra voluntad majestad. Os pediré la mano de vuestra hija, si me la concedéis, sabré que puedo confiar en vuestro honor y que realmente queréis que los vikingos no derramen mas sangre en la tierras que tanto amas y yo también he aprendido a amar!. ¿Cuál es su respuesta majestad?.

Carlos III quedo absorto, se sentó en su trono unos instantes con su rostro muy disgustado, moviendo sus manos de forma insegura y como cuestionándose algo que no podía responder fácilmente. Al rato acerco su rostro a al oído de la reina y luego de deliberar con ella palabras inaudibles, se levanto del estrado y acepto la propuesta de Erok. El jefe vikingo también acepto convertirse al cristianismo, junto a sus hombres. Al aceptar la nueva fe un obispo cristiano se acerco a nosotros y nos bautizo, de manera muy rápida, casi fingida, es decir como un paso mas para terminar con esa ceremonia que no agradaba para nada al monarca de Francia.

Luego del bautismo el consejero del rey se puso al lado de Erok y dijo_ ¡Jure ahora lealtad al rey ¡. Erok dijo en vos muy tenue y desganada mirando provocadoramente al gran monarca. _ ¡Os juro lealtad y proteger vuestra vida hasta la muerte!. En ese instante el consejero del gobernante dijo en vos imperativa _ ¡ahora besa los pies del rey y ríndele homenaje!.

_ ¡! Jamás me hincare ante nadie!!. Dijo el Vikingo realmente desafiando la ceremonia y la autoridad del rey. Entonces Erok llamo a kapovs para que acercara a su boca el pie del rey, y así lo hizo. Kapovs levanto tanto los pie del rey, pues Rollon no se acercaba ni un poco hacia este; que por consiguiente el rey casi cae al suelo, si no fuera por su esposa que lo contuvo. El rey no reacciono ante este desafío, el hombrecito estaba resignado a calmar de una vez por todas esta plaga que tanto había hecho perder a su país. Luego de esto el Rey tomo a su hija y diciendo varias palabras entrego la mano de esta a Erok. En ese momento Rollon levanto el velo de su rostro y allí fue cuando el peso de la mas profunda desesperación y angustia entro en mi. La mujer era Gisela; la dama que me había hecho conocer él mas profundo amor, la más empalagosa obsesión; Él más hermoso sentimiento de paz. Todo eso lo estaba perdiendo en un simple y vertiginoso instante.

Ella no podía apartar su mirada de la mía, sus ojos estaban inundados en dolor, en sorpresa, en impotencia.

Nunca olvidare ese día. Mi mejor amigo, mi hermano; acababa desposar al amor de mi vida, como una tragedia que nos perseguía a los dos, como un espíritu que nos ofrece una ilusión imponente de paz y prosperidad y que la transforma cruelmente en la peor pesadilla, como nuestras vidas, como nuestros pasados, siempre condenados al dolor.

Mis esperanzas estaban muertas, ¿quién separaría una pareja de la nobleza?. Era imposible imaginar eso en aquellos tiempos.

 

Al terminar de proclamar a Rollon erolf como Duque de la tierra que había conquistado, llamada por los franceses Normandia. El rey nos sorprendió otorgándome a mí y a mis amigos Kapovs y Uvdal, títulos feudales. Yo fui nombrado Márquez y me fueron otorgadas interminables tierras dentro de la zona de normandia. Uvdal fue nombrado Barón de Ruan, otorgándoles poderosos feudos. Kapovs fue proclamado conde y le fue otorgada una fortuna increíble y varios castillos cercanos al rió Rin.

En ese instante todos abandonamos nuestras vidas de guerreros e ingresamos al complejo mundo de la nobleza. Todo cambio desde ese día para siempre.

 

Sumergido en mi tragedia me dedique por completo a mi cargo de Marqués, como buscando en la ocupación tratar de evadir mi mente de esta desazón que tanto me turbaba. Me aleje varios meses a mi casa afincada en mis campos de Ruan. Recibía a diario a los señores que habitaban en mis amplias tierras. El negocio era protegerlos a cambio de que parte de la ganancia que produzcan sus actividades lleguen hacia mí; Su marqués.

Varias personas me rodeaban; cada una de ellas atendían casi todos mis asuntos. Toda mi modalidad de vida cambiaba de manera vertiginosa. Un sacerdote religioso que servia a una gran iglesia que se ubicaba en mis tierras. Me enseñaba a seguir mis estudios para escribir, algo que me apasionaba. Entres las lecciones el clérigo no perdía oportunidad de instruirme en la fe cristiana. Era un hombre bondadoso muy distinto al resto de la basura eclesiástica, de rostro regordete y pálido, de ojeras profundamente grises que gritaban sus ordenados cuarenta años. Siempre con su túnica blanca y su elegante cruz de oro que se acostaba de manera pesada en su obeso cuerpo.

Nunca tuve simpatía por los hombres de la iglesia y no era casualidad que este diácono llamado Francisco de origen Romano, estuviera tan cerca de mí. Francisco era el confesor de mi amada Gisela. Su sacerdote, el de toda su real vida.

Nunca le dije a Erok que su esposa era aquella mujer que tanto había amado. ¿Para que? Solo para traer discordia. ¿Conque fin?. Jamás terminaría un matrimonio de la nobleza. Ya no visitaba a Rollon, el solo acercarme a ese castillo donde habitaba mi amada, me destruya. El sacerdote me comunicaba siempre como estaba ella. Yo siempre decía al religioso que no dijera que me conoce, para evitar males peores y que ella sufriera aun más.

Así transcurrió mi vida por largos meses.

Un día me encontraba yo en una de mis lecciones con francisco, cuando este dijo sonriendo. _ Hoy vendrá un sacerdote que te enseñara en forma sublime la escritura del Francés, pues yo me ausentare por unos días de Ruan. No di importancia a las palabras del religioso y continué escribiendo lo que había aprendido ese día. Pero en ese instante uno de mis sirvientes proclamo la llegada del clérigo que remplazaría a francisco, le di la orden de dejarlo entrar. El hombrecito era delgado y cubría su cabeza y su rostro su capucha color marrón. Me levante de mi asiento para darle la bienvenida, cuando en ese mismo instante este ser bajo su caperuza y el rostro sublime, cristalino y mágico de Gisela asomo radiante su hermosura en el salón, haciendo de este un momento sagrado que me golpeo de emoción y debilito todo mi cuerpo que se encontraba tembloroso y con ansias de todo.

Nos abrazamos desesperadamente como el sediento ante el primer trago de agua luego de habitar mil años en el infierno. Fue eterno, sentí su alma atravesando la mía y también su dolor e impotencia que le contaban a mi espíritu su dolor. Luego me miro fijamente a los ojos con su mirada llena de pesar y emoción y rompió en llanto, mientras su sufrida vos decía _ ¡Te amo con todo mi espíritu, té extraño. No se como salir de esta situación, amor. No puedo ya vivir sin tu presencia. Toda la realeza de mi sangre es ahora mi condena. Estoy encerrada; encarcelada!. La mujer estaba destrozada y solo pude besarla con todo mi corazón. Besar ese ser que me había cautivado con su magia. Que me había dado raíces que se aferraron a su alma, como si ella hubiera sido siempre parte de mí; como si ella y mi ser fueran parte de la misma esencia; de la misma poesía; de la misma canción.

Las visitas de Gisela se hicieron diarias, como el sol que ilumina nuestras vidas. Me enseñaba a cultivarme. Cuidaba de mí. Me amaba con pasión, pero en secreto, escondiéndonos dentro de mi hogar. Que nos vieran seria una tragedia por el daño que le haría a mi amigo Erok y por el escándalo que seria esto para el rey y la nobleza.

Ella nunca menciono como solucionar esta situación, como teniéndose encerrada y aterrada al escándalo que esto produciría. Yo por esa razón tampoco tome el tema y eso que no me interesaba si escapaba con ella y lo perdía todo. Entonces comenzamos a vivir esa relación al borde del limite.

 

Uno de esos inolvidables días se celebro el matrimonio de Kapovs con una condesa de poco poder de Inglaterra. En el cortejo volví a reencontrarme con Erok al que tanto me costaba mirar a los ojos. Él me abrazo con gran aprecio exclamando lo mucho que había añorado mi presencia.

_ ¡Kanat este es el mejor momento de vida!. Aclamaba el gran Duque de Normandia. _ ¡Hemos sufrido mucho para llegar aquí, y parte de todo esto es gracias a ti!. Me decía abrazándome constantemente con su pesada tinaja de cerveza en la mano. _ ¡Soy dueño de todo lo que ves!. !Mi esposa es la hija del rey y una buena mujer y para mejor mis amigos leales están a mi lado!. Las palabras de Erok me inquietaron colmándome de nerviosismo y confusión.

La noche de la fiesta de Kapovs fue larga y no pude evitar acercarme a Gisela fingiendo hablar. Nos atraíamos de manera incontrolable y como dos actores en un teatro interpretábamos el papel amigos.

_ ¿ Dime como seguiremos esta relación Gisela? Yo estoy dispuesto a dejar todo por ti. ¿Tu lo estas?. Exprese ya harto de refrenar estos sentimientos de vivir con ella eternamente. Ella contesto dubitativa y extremadamente nerviosa _ Dame tiempo amor. Por favor trata de comprender las presiones que hay sobre mí. Déjame vencer las confusiones. Ella evitaba el tema, realmente la situación la había superado.

En esos instantes Uvdal se acerco a mí invitándome a conversar en forma privada.

_ Aléjate de la joven o perderás todas las cosas por la que tanto has sufrido. Expreso el viejo susurrándome al oído. Me sorprendió que lo supiera y cuestioné con resignación _ ¿ Qué es lo que sabes de nuestra relación?. _ Todo. No olvides que aunque no nos veamos desde hace casi un año, me preocupo por saber de ti y protegerte. Murmuro Uvdal con una sonrisa fingida y nerviosa. _ ¡ Si tanto te preocupas por mí y hace tantos años que nuestra amistad se fortalece como el hierro ¿cómo es que me pides alejarme del amor de mi vida?. Replique con gran molestia que inundaba mi rostro de gestos rudos.

_! No puedes perder todo por una mujer que jamás será tuya!. Exclamo Uvdal casi gritando, con su mirada perdida, envuelto en una colera que jamas había visto en el.

_ ¡No puedo refrenar a mi corazón!. Conteste con rencor.

_! Entonces te refrenare yo mismo!. Replico el anciano, para luego marcharse con gran enojo.

Era demasiado peligroso encontrarme con Gisela en mi hogar, pues Uvdal sabia nuestro romance y para peor estaba en mi contra.

Comenzamos a encontrarnos a orillas del rió en un lugar muy escondido por inmensos pinos. Los encuentros eran apasionados y muy angustiantes. Una noche en aquélla orilla espere a mi amada como nunca antes pues debía contestarme si venia conmigo para escapar de esa terrible situación. Ella evitaba definir su decisión y eso me llenaba de incertidumbre que se calmaba con mi inmenso amor. No entendía por que había tanta indecisión cuando existía tanto amor.

Esa noche ella no llego, pero si llegaron en lugar de ella dos soldados fieles a Uvdal. _! Ella no vendra, ya sabe que Uvdal conoce la verdad y entendió que jamás volverá a verte!. Exclamo el mensajero del viejo. Sentí tanta indignación que me abalance contra este lleno de desconsuelo; pero mi ataque fue débil y quede golpeado en el suelo, cansado, harto, muerto.

Al otro día en la noche, mi curiosidad me llevo hacia el castillo de Erok y para mi suerte el no se encontraba, lo cual facilito mi encuentro con la princesa.

¿? Vienes conmigo o no!!?. Exclame casi gritando, desesperado, ansioso. El silencio antes de su respuesta fue eterno, pesado como mil bueyes en la espalda de un anciano. Angustiante, triste.

!No puedo, No iré... No puedo perder todo,....que pensaría mi padre o mi madre.....Lo siento, lo siento amor!.

Expreso la dama inundada en lagrimas, con sus manos temblorosas, que se movían como buscando protección de algo que ya no existía. Quiso abrazarme, pero me aleje dolorosamente de su hermosa imagen. Mi corazón en ese instante se quebró y sangro ríos de dolor. En ese momento me harte de vivir la vida que había decidido seguir.

Di media vuelta y me aleje para siempre de ese lugar, sin contestar nada, sin proclamar ni siquiera una expresión de rencor o de desilusión, sin preguntar ni siquiera que había pasado con nuestro amor, en silencio, ese silencio que me dijo ¡No todos siguen como primera instancia su corazón!. Mis piernas estaban cargadas del peso de esta traición. Mi respiración contenía veneno que corroían suspiro a suspiro mi interior. Era el fin de la búsqueda de la felicidad, de la paz, del amor.

Regrese a mi hogar y empaque todo lo necesario junto con mi dinero. Dejaría todo y me iría de allí para siempre. Mis caballos estaban listos al igual que mi carruaje; mi vieja espada reposaba dormida sobre mi pierna izquierda. Al salir encontré entre las sombras a un hombre que tocaba el interior del carruaje. Ese hombre era kapovs. Lo mire y me acerque hacia él, con mis pasos cansados y casi derrotado me derrumbe en su abrazo, como buscando reposo a tanta tristeza.

_ Me iré de aquí para siempre. Dije al húngaro casi sin vos.

_! Ya sé que te ocurrió, si me permites quiero ir contigo, mi corazón dice que debo estar con mi amigo!. Vocifero el guerrero tomándome de los hombros, lleno de emoción.

_! No sé dónde ire, pero solo sé que esta vida acabo para mí. Pero no tengo destino definido. No me acompañes, no quiero que dejes tus cosas!. Dije mirando sinceramente a mi gran amigo.

_! Mis cosas nada valen sin ti. Y no te preocupes por el destino incierto. ¿Alguna vez tuvimos destino?. Respondió Kapovs para luego acompañarme en mi viaje hacia algún lugar.

Los dos viajábamos con nuestras cosas esenciales hacia algún lado. Atravesando campos, recordando viejas historias. Cuando delante de nosotros la figura de dos hombres cortaban nuestro largo camino. Eran Uvdal y erok montados en dos hermosos caballos.

Ellos se acercaron a mí y sin decir nada solo se abrazaron a mí y a Kapovs y todos comenzamos a llorar profundamente como una música que calma la más intensa tristeza del alma.

_! Sabia que la amabas y solo quise protegerte de lo que ahora estas sintiendo. La gente no tiene el corazón y las agallas de dejarlo todo por un ideal o un sentimiento. No toda los seres están hechos de lo que nosotros estamos hechos; eso inexplicable que nos guia como una maldición, por los caminos más difíciles. Entiende eso y quizás puedas sobrevivir a esto!.

Expreso Uvdal con lagrimas cristalinas en sus sufridos ojos.

Erok se acerco a mí con un rostro noble y realmente conmocionado y me dijo claramente.

_ ¡Amigo no encuentro felicidad ni raíces sin tu presencia. Cuenta conmigo en cualquier cosa que dicte tu gran corazón. No olvides nunca que estamos hechos de lo mismo tu y todos nosotros. Somos hermanos del alma. Somos los hijos del viento.

Fin

Este libro tiene derechos de autor

 

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